Hugo Blanco Galdós: Las varias primaveras de un combatiente

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Vía Campesina | Edición: Daniela Stefano, Traducción: Amanda V.

Con 84 años, el peruano Hugo Blanco sigue firme en la lucha, ahora en defensa de la especie humana.

Fuente: Brasil de Fato, Lima (Perú), 3 de diciembre de 2018.

 “Me da mucha pena saber que mis nietos se quedarán sin agua”, afirma Hugo Blanco que ahora lucha “por la manutención de la especie humana”. 

El Parque de Exposición de Lima está siempre petado. En el centro de la capital peruana, diariamente, el local recibe una diversidad de personas en cantidades expresivas. Son deportistas, músicos, vendedores ambulantes y jóvenes enamorados tirados por la hierba, además de un extenso programa cultural.  

Ubicado en la avenida Wilson, una de las más circuladas de la ciudad, tiene en su margen un tráfico abarrotado de coches asiáticos que hacen un ruído infernal y que se mezclan con las voces de los transeúntes de su acera.     

En este escenario, en una tarde de noviembre, en una actividad promocionada por las organizaciones peruanas para debatir el calentamiento global, allí estaba un chiringuito con un señor vendiendo libros y periódicos.      

Alto, delgado, largas barbas, pelo canoso protegido por un gran sombrero y una espalda circunfleja por la edad. Esta es la apariencia del cuerpo expresado por batallas, pero no fatigado, del joven de 84 años recién cumplidos el último 15 de noviembre. Él se destacó en la organización de los campesinos por la reforma agraria en el siglo XX, no solo en Perú, sino en toda América Latina.

Se trata de Hugo Blanco Galdós, que aceptó hablar con el equipo de reportaje del Brasil de Fato entre la venta de un periódico y otro (Lucha Indígena, editado por él). Lo que parecía ser una conversación rápida tardó horas, retratando los recuerdos de este combatiente que nunca dejó de luchar.

“Hoy vivo en Lima, porque de aquí viajo a todo Perú para ayudar a mis compañeros en las luchas contra la destrucción del medio ambiente y de la especie humana”, dice con una sonrisa de esperanza, típica de un militante principiante.  

En las historias de la cárcel, de la reforma agraria que se conoce como “reforma agraria de Hugo Blanco”, de la pena de muerte a la que fue condenado por la justicia peruana y logró huir, no faltan características y detalles de los amigos, enemigos, sitios por donde pasó. El cariño inconmensurable por su madre y por la humanidad sin la barbarie también se hace presente en sus relatos.   

Brasil de Fato – ¿Qué fue la reforma agraria de Hugo Blanco?

Hugo Blanco – Yo participé de la lucha por la primera reforma agraria peruana, organizando a los campesinos a principios de los años 60, en la región semitropical del departamento de Cuzco. Más específicamente en la provincia llamada Convención y en el distrito de Lares, en el sur del país, donde se cultiva café, té y cacao. 

Algunos decían que era la reforma agraria de Hugo Blanco, pero no fue la reforma agraria de Hugo Blanco porque cuando ocurrió yo ya estaba en la cárcel. Fue el conjunto del campesinado en lucha quien conquistó la tierra.  

El sistema de casta y de clases trata de individualizar, para bien o para mal, buscando personalizar procesos de luchas colectivas, masivas. 

¿Por qué se llama “la primera reforma agraria de Perú”?

Es necesario decir que la primera reforma agraria en Perú se hizo a través de la ley del campesino y no por la ley del Estado. 

Con el avance del capitalismo en la década de 1950 hacia parte de la selva peruana, el gobierno empezó a dar concesión y a vender tierras para grandes latifundistas que buscaban quedarse en estas regiones. 

Las tierras eran vendidas muy baratas a los terratenientes. Las autoridades peruanas decían que era una región deshabitada, desconsiderando la población indígena que vivía en esta zona.

Como los terratenientes no iban a trabajar en la tierra y los indígenas nativos de la selva no estaban acostumbrados al patrón, se inició, planificada por el Estado, una gran migración de campesinos de la sierra peruana para trabajar en estas haciendas. 

Esos campesinos, en un primer momento, no se acostumbraron a la comida, clima, costumbres y enfermedades de la selva y, por estas razones, muchos de ellos murieron.   

Los que sobrevivieron fueron sometidos a una super-explotación de trabajo en las haciendas, además de la violencia policial constante contra ellos y sus mujeres, que eran violadas.        

En estas haciendas, el campesino que migró de la sierra para la selva vivía en un sistema semi-feudal en el que trabajaba en la hacienda para el patrón a cambio de vivienda y un trozo de tierra para su cultivo.

Ante tanta violencia sufrida y tamaña super-explotación en el trabajo, estos campesinos empezaron a organizarse en sindicatos por hacienda, reclamando junto al Ministerio del Trabajo, que accionó por diversas veces a los latifundistas para crear pactos de respeto al campesinado. 

Sin embargo, muchas veces estos acuerdos eran denegados por los latifundistas, que decían no discutir con indígenas. Paralelamente a ello, la policía empezó a encarcelar a los dirigentes de estos sindicatos que surgieron.   

Hasta que los campesinos organizaron ocho sindicatos por la Federación Provincial de Campesinos de Convención y hogares. Y con huelgas, marchas y cierres de carreteras lograron la liberación de los dirigentes presos. 

Una vez más, el latifundio no tenía ganas de conversación. Y por ello, se produjo una huelga promovida por tres sindicatos. Entonces, en lugar de trabajar en las tierras del patrón, los trabajadores en huelga trabajaban en sus tierras dentro de las haciendas.

Los terratenientes, a su vez, empezaron a ir a la policía diciendo que los indígenas les habían robado sus tierras. Y la respuesta que obtenían de la policía era: vosotros tenéis el derecho de matar a esos indígenas de la misma manera que se mata a un perro.

En este período de mucho conflicto por tierra en la región, el gobierno del presidente Ricardo Pérez Godoy elaboró una ley de reforma agraria que nunca cumplió. Se hizo solamente para engañar a los campesinos y para intentar pacificar esta zona de la provincia de Convención que estaba generando ejemplos de formas de movimiento de reivindicación de la tierra, que se estaban diseminado por otras partes del país.     

De esta manera, los indígenas fueron a la Federación a presentar el riesgo de muert que sufrían a raíz de la orden de la policía para que los terratenientes les mataran. Al final, no tuvieron otra alternativa sino defenderse.

Y fue en el marco de la realización de una asamblea con los campesinos que se acordó organizar la auto defensa armada campesina. Como yo era delegado de un sindicato que estaba muy amenazado y ya estábamos organizando la auto defensa en otros frentes de lucha, me nombraron para organizar a los campesinos en conflicto con los latifundistas.

Organicé la auto defensa por mandato de la asamblea de campesinos. Como sindicalista disciplinado, cumplí con la orden que me dieron. 

Me acuerdo de decir en la asamblea: “no mataremos a los terratenientes, ellos tienen el derecho de vivir cien años, nosotros solo queremos la tierra, nada más”. Impusimos una huelga general y la toma de tierras para que se cumpliera la ley de reforma agraria. Fue cuando la policía declaró que la Federación, las asambleas, los sindicatos y las huelgas eran ilegales. Así nació la primera reforma agraria peruana.

Pero si la policía declaró ilegal todas las formas de lucha y organización, ¿cómo se dio el embate entre latifundistas y policía contra los campesinos?

Voy a contar una historia que fue emblemática. Como la policía había dado el permiso para mata indígenas, un latifundista, acompañado de un policía, empezó a buscar a un dirigente de la Confederación. No lo encontraron en el sindicato. Allí estaba solamente un niño de trece años. El latifundista preguntó dónde estaba su padre, el chico dijo que no lo sabía y entonces, disparó en el brazo al niño con el arma del policía. 

Con las armas que teníamos, fuimos a la comisaría a poner una queja. Al llegar, nos recibió, sin que lo supiéramos, el mismo guardia que había dejado el arma al latifundista para disparar contra el niño.

Empezó entonces una confusión. Yo saqué el arma, le apunté y le dije que no cogiera su arma porque no íbamos a herir a nadie. Sim embargo, en lugar de levantar las manos, el policía sacó su arma de la cintura y yo fui más rápido que él y disparé. Mientras caía, logró hacer algunos disparos sin dirección. Por algunos segundos fui yo quien estaba muerto en el suelo. 

Otros policías que estaban en la comisaría se rindieron. Para evitar una represión estatal, me presenté a la policía y expliqué todo lo que había sucedido. Lo hice para que la culpa no la tuviesen otros y a partir de ello empezase una caza a los dirigentes. 

En estas acciones de auto defensa murieron campesinos y policías. La policía pasó a ser más comedida por el miedo a que surgiesen nuevos grupos de auto defensa. Y después de aquello, fui a la cárcel junto con otros dirigentes de la Confederación. 

Felizmente, los campesinos hicieron la reforma agraria a la fuerza y no dejaron un palmo de tierra a los latifundistas.

¿Y cuándo sucede la llamada “segunda reforma agraria peruana”? 

Los militares se asustaron con las tomas de tierras por parte de los campesinos que estaban rebelados. Eso hizo que ellos, que habían llegado al poder en 1969 con el presidente General Juan Velasco Alvarado, pensaran en un plan de reforma agraria nacional, pues además de Cuzco, había otros campesinos rebelándose y tomando tierras en diferentes regiones. Por esta razón, decidieron realizar la reforma agraria para contener el proceso de lucha y organización de los campesinos. Entonces, pactaron con la burguesía industrial peruana la elaboración de la reforma agraria, llamada “reforma agraria de Velasco”.

Esa reforma agraria legalizó las tierras que fueron tomadas por los campesinos en Convención, en la llamada “primera reforma agraria”. Por ello, muchos hablan solamente de este proceso, pero solo existió porque los campesinos ya se habían rebelado y tomando las tierras de los terratenientes. 

¿Cómo fueron los años en la cárcel? 

Me mantuvieron preso e incomunicado tres años, por orden del gobierno del entonces presidente Fernando Belaúnde Terry, que presidió el país del 1963 a 1968.

Después de tres años logré el derecho de recibir visitas solo de familiares muy cercanos, con la presencia de un sargento que escuchaba la conversación. Cuando mi madre me fue a visitar por primera vez, le dije que le amaba mucho en lengua quechua, porque en castellano mi vocabulario no alcanzaba en palabras el sentimiento que sentía. 

Entonces, el sargento que no hablaba quechua interrumpió en el exacto momento y me dijo que hablase en castellano. Es decir, yo no poseía ni siquiera la libertad de decir a mi madre cuanto le quería en mi propio idioma. 

Después de algunos años, ya con el juicio marcado, recibí la visita de un mensajero del gobierno a la cárcel. Y él me dijo:

-Solo hay una manera de que salgas libre del juicio.

-¿Sí? ¿Cuál es?, le pregunté.

-Tú finges que estás enfermo y nosotros te lo atestamos con un laudo. Eres liberado y te deportamos a un país que tú elijas. 

-No, gracias. ¡Tengo una salud perfecta!

Ellos querían un acuerdo, porque sabían que en la audiencia yo iba a denunciar los delitos del latifundio. 

¿Y cómo fue el juicio?

Antes del juicio, así como yo, mis compañeros que también iban a ser juzgados en la misma audiencia recibieron visitas de mensajeros a la cárcel. A ellos les hicieron la siguiente propuesta: si quieren verse libres, tenéis que decir que sois unos campesinos pobres y analfabetos y que fueron engañados por Hugo Blanco. Solo tenéis que decirlo y serán liberados inmediatamente. 

Sin embargo, cuando entré en el salón y vi a mis compañeros después de tres años encarcelados, grité: “¡Tierra o muerte!” Que era nuestra palabra de orden. Y ellos contestaron: “¡Venceremos!”

El tribunal era presidido por oficiales de la guardia civil, quienes sabíamos que estaban mandados por los latifundistas, y entonces un capitán sonó una campanita y me dio el derecho de hablar. Dije: los únicos criminales son los que están aquí sentados como jurados. Y no solo criminales, también cobardes porque se atreven a combatir contra nosotros en cuanto pueblo, porque somos Cholitos (determinación racista dada por la elite peruana a los descendientes mestizos de indígenas y negros en el país). 

El juicio era abierto al público. Y el pueblo que acompañaba empezó a moverse. El capitán ordenó a todos que se sentaran y dijo que no estaba allí para discutir política. 

En esta audiencia denunciamos los abusos de la policía, el maltrato del Estado a los campesinos encarcelados y los delitos cometidos por los latifundistas contra los trabajadores y sus familias.

Al final, el juez Fernandez Hernandez pidió como sentencia la pena de muerte contra mí. Pero en el momento de leer la sentencia, no tuvo coraje de decir expresamente pena de muerte y solo dijo “se aplique como pena el numero tal del código penal peruano”. 

Y el capitán dijo que, si yo quería decir algo más, tenía la palabra. Entonces dije: si los cambios sociales, provocados por la Federación de los Campesinos de la Convención y Hogares en la vida de los trabajadores del campo, merecen pena de muerte, yo estoy de acuerdo con la pena de muerte. Sin embargo, que se haga a  manos de quien ordenó la pena de muerte para que no se ensucie con mi sangre las manos de un guardia republicano que vino del pueblo y que, por lo tanto, es mi hermano. 

Y para terminar grité: “¡Tierra o muerte!” Entonces, no solamente mis compañeros, también el público que asistía al juicio gritó: “¡Venceremos!”. Por ello, no se atrevieron a ejecutar la pena de muerte contra mí en aquel mismo momento, al final del juicio.

¿Cómo lograste escapar de la sentencia de pena de muerte?

Hubo una campaña en varias partes del mundo contra mi pena de muerte. Y entonces me sentenciaron a 25 años de cárcel. 

¿Cuántos años de pena cumpliste?

Cuando llevaba en la cárcel aproximadamente siete años, una dirigente de un partido político peruano me fue a visitar y me dijo: faltan muchos años para que salgas de la cárcel. Si quieres salir mañana mismo de la cárcel basta con que te comprometas a trabajar en la reforma agraria de Velasco. Como yo no estaba muy de acuerdo con la política de ese presidente, le contesté: no, gracias, yo ya me he acostumbrado a vivir en la cárcel. Y ella dijo: otros presos políticos aceptaron trabajar en el gobierno y él les concedió la amnistía a todos.

Al final acepté. Salí de la cárcel y me prohibieron ausentarme de Lima por un tiempo. Después me deportaron. 

Si me preguntan: ¿cuál es el mejor gobierno que has vivido en todos esos años? Digo que fue el gobierno militar de Velasco, porque me deportó, terminó haciendo la reforma agraria, nacionalizó las minerías del país, la pesca y otros sectores. Claro que una nacionalización sin democracia sirve solamente para los jefes y para las empresas de la burguesía peruana.

¿Estuviste con Che Guevara en algún momento de su vida?

Cuando estábamos en la provincia de Convención, recibimos mensajes de que los cubanos nos apoyaban. Parece que Che envió a Perú una guerrilla de apoyo a mi grupo, pero llegaron después de mi prisión.

Después, cando me metieron en la cárcel, Che estaba en Argelia y le avisaron de que yo había caído. Él pronunció que después de mi prisión, otros seguirían mis pasos. Él no creía que la movilización social me iba a sacar de la cárcel, ni tampoco que saldría vivo de allí. De esta manera, como me libré, estoy siguiendo mis pasos como pidió Che.

¿Qué ha cambiado de las batallas de otrora para las de ahora?

Antiguamente buscábamos tener tierra para trabajar y cultivar. Ahora que el neoliberalismo actúa y ataca ferozmente la naturaleza, nuestra lucha ha cambiado para la defensa de la naturaleza. Esa es la lucha fundamental de ahora.

Hoy, por ejemplo, apoyo a los compañeros de Cajamarca contra el proyecto de minería Conga. Ya no soy  dirigente, pero apoyo su lucha en defensa del medio ambiente.

Antes yo luchaba por socializar la tierra, hoy tengo que luchar por la manutención de la especie humana. Cien años más siendo gobernados por las empresas transnacionales, siguiendo el mandamiento sagrado de cómo ganar más dinero en menor tiempo posible y destruyendo a la naturaleza, y estaremos destruidos. 

Me da mucha pena saber que mis nietos se quedarán sin agua, por ejemplo. Todo basado en la educación del egoísmo, del pensamiento individualista planificado por los grandes capitalistas que comandan el mundo. 

Eso se demuestra con el dominio estadounidense en mi país, por ejemplo, que pasa por el presidente, por el ejército, por la policía, por los grandes medios de comunicación… Todo relacionado con los mandos también de las grandes transnacionales del mundo. 

El caso más emblemático de Perú está en el conflicto minero de Cajamarca. La minería estadounidense Newmonte dice que va a usar el agua de cuatro lagos para su proyecto de oro. Sin embargo, el proyecto afectará a cuarentas lagunas que alimenta a 600 manantiales que riegan la tierra de decenas de campesinos que utilizan esa agua para la agricultura y para la cría de ganado, o sea, está en juego la muerte de una cultura en Cajamarca a raíz de este proyecto de minería.  

#DondeEstáAlcedoMora

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