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vladimir aguilarLa verdad de la violación de los derechos humanos y académicos en la Universidad de Los Andes.Crónica atentatoria a la autonomía universitaria “desde adentro”.Fundamentos para un contra-informe.

Vladimir Aguilar Castro, Universidad de Los Andes, Coordinador Doctorado en Estudios Políticos

Introito (sobre la duda)

A los que dudaron de nosotros les dedicamos esta sentencia y estas palabras. A decir de Don Quijote de la Mancha (Cuarta Parte. Del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha. Capitulo XLV. Donde se acaba de averiguar la duda del yelmo de Mambrino y de la albarda, y otras aventuras sucedidas, con toda verdad):

Si ya no es que esto sea burla pensada (planeada con antelación), no me puedo persuadir que hombres de tan buen entendimiento como son o parecen todos los que aquí están, se atrevan a decir y afirmar que ésta no es bacía (palangana de barbero), ni aquélla albarda (montura de asno o mulo); mas como veo que lo afirman y lo dicen, me doy a entender que no carece de misterio el porfiar una cosa tan contraria de lo que nos muestra la misma verdad y la misma experiencia…

Hasta la duda debe ser selectiva. El problema no es dudar sino de quién y de qué se duda. He allí la dimensión amplia y cierta de lo dubitativo.

El contexto

En el país en general y en la universidad en particular, se ha venido imponiendo un terrible estilo de descalificación de las personas. Se arrecia contra ellas, contra instituciones y tradiciones. Eso es lo perverso del momento actual universitario que atravesamos. No hay contemplación alguna con lo académico.

Lo anterior ha reforzado el hecho que la universidad se haya convertido en el centro de un poder autocrático. Nuestro Doctorado, la maestría en Ciencias Políticas, el CEPSAL, la Escuela de Ciencias Políticas y la Facultad en general, han sido el epicentro de una agresión constante y recurrente desde el poder central de la institución. Todos los poderes universitarios concentrados se han confabulado en una afrenta en contra de la Facultad.

Lamentablemente el acoso ha contado con agentes internos, quienes no habiendo construido nada”hacia adentro” se han alineado en una conspiración “desde afuera”.

En defensa propia

La universidad no nos dejó espacio alguno para defendernos. Luego de nuestra sustitución enseguida fuimos sometidos al escarnio público. Todo dirigido desde los laboratorios y falsos positivos de una institución convertida en la hacienda pública de quién la dirige.

Habiendo superado en el contencioso administrativo nuestra ilegal sustitución nos queda aún por resolver dos infundadas denuncias hechas en el Ministerio Público contra nosotros por parte del señor Rector y su “poder azul”, las cuales estamos enfrentando con la misma entereza y fuerza que la causa administrativa. No le tenemos miedo a esa ni a cualquiera otra afrenta porque no hay nada que ocultar. A ocho meses de estas denuncias aún no nos imputan por ausencia de pruebas.

En torno a la autonomía o la autonomía pendiente

La violación a la autonomía universitaria tiene en la ULA sus matices. Lo más grave es que el proceso de intervención y de violación a la autonomía académica”desde adentro” ha ocurrido en varios espacios de la institución. Facultades, Escuelas, Departamentos y Grupos de Investigación han sufrido el acecho del autoritarismo de turno, al cual por cierto se le ha vencido desde hace rato el lapso de su gestión.

Sobre el contenido de la sentencia

Visto los hechos antes expuestos: ¿Qué es lo que debemos resaltar de la sentencia?

1. Que si se puede. Que no hay poder que dure cien años ni comunidad que lo resista.

2. Vencidos los lapsos la sentencia no puede ser recurrida, por lo tanto es definitivamente firme.

3. Violentados nuestros derechos académicos se hizo justicia en cada una de las exigencias que pedimos fueran restituidas por el tribunal.

4. El artículo 109 de la CRBV referido a la autonomía universitaria debe ser desarrollado, y esta sentencia constituye un buen punto de partida para su materialización.

5. Lo que la universidad y su autoridad central reclama al gobierno no es capaz de concederlo ni reconocerlo “hacía adentro”. En consecuencia, el discurso sobre democracia que se pretende erigir desde la universidad es una completa farsa.

6. Si bien esta sentencia nos restituye en nuestro cargo, tanto el precedente como sus efectos son muy importantes para el resto de los grupos de investigación de la ULA y para la autonomía universitaria aún por materializarse.

7. La autonomía universitaria es más que la autoridad de turno.

Para no terminar

En guisa de conclusión, estamos frente a una gran crisis de país de carácter estructural y cultural. La misma transversaliza a cada una de sus instituciones entre ellas a la universidad. El chantaje de una supuesta intervención no puede seguir siendo un pretexto para la inacción.

El autoritarismo de quienes dirigen la universidad debe ser contrarrestado con el ejercicio de una democracia universitaria por construir. Se debe cuanto antes convocar a elecciones proponiendo un reglamento electoral conforme a lo establecido en la CRBV. Además, se debe tener claro que la Ley de Universidades de 1971 es preconstitucional y, en consecuencia, tiene que ser adaptada a la nueva realidad política y jurídica que sigue abierta en el país desde 1999.

Lo que acontece en el Doctorado en Estudios Políticos y la situación país

Finalmente y a manera de ejercicio pedagógico para este Doctorado en Estudios Políticos: ¿Por qué lo que ocurrió en el Doctorado se parece a lo que acontece en el país?

“La primera rebelión popular del siglo XXI en Venezuela” o la necesidad de llamar las cosas por su nombre”

Mucho se ha escrito y dicho sobre lo acontecido entre abril y julio 2017 en Venezuela. Hubo caracterizaciones del momento político y, sobre todo, categorizaciones que poco o nada han contribuido a delinear un plan de acción claro para el movimiento popular venezolano.

Ha sido Mario Benedetti en su poema “No me cambies las palabras” quien ha dicho que “…no me gaste las palabras, no cambie el significado, mire que lo que yo quiero lo tengo bastante claro…”.Una última estrofa sentencia: “no me ensucie las palabras, no le quite su sabor y límpiese bien la boca si dice revolución”.

Tenemos en Venezuela, desde el inicio del proceso político actual en el año de 1998, un asunto pendiente por resolver que tiene que ver con el uso de las palabras las cuales forman parte del lenguaje político nacional. En nuestra opinión, varias han sido las falacias que han acompañado las más disimiles conjeturas.

Democracia versus Dictadura

La utilización en los últimos tiempos de la palabra Dictadura para denotar la deriva autoritaria del gobierno no se corresponde con la posibilidad (limitada) de expresarlo pública y abiertamente. En otras palabras, la Dictadura del actual régimen político es proporcional a la inexistente “revolución” bolivariana.

En el relato de quienes han dirigido la nación existe la pretensión convertida en intención de que estamos en pleno desarrollo de cambios paradigmáticos a escala nacional. A la par de la idea de rebelión popular cabalga la de revolución social, sirviendo ambas para la movilización de contingentes de masas en favor de un lado y de otro.

Estamos frente a la fantasía de dos narrativas cuyo único efecto ha sido el de lograr la polarización política que cronológicamente ha llevado al choque episódico y violento de la sociedad.

Democracia y Dictadura vendrían a ser dos caras de la misma moneda dependiendo de quien la asuma y reivindique. Tal como lo expresa Etienne Balibar (2017), “la relación de fuerzas entre las tendencias de democratización y las tendencias de desdemocratización que determina la posibilidad de la política activa, se han invertido decididamente. Pero esto constituye también un manifiesto elocuente y elaborado a favor de formas innovadoras de renacimiento democrático, sobre todo en términos de recreación de una esfera pública y una reafirmación de los derechos de los “muchos” (que también están hechos de muchas diferencias), que se ven a sí mismos pauperizados y marginados por la antipolítica”[1].

Elecciones versus Abstencionismo

Las elecciones siempre estuvieron presentes en la hoja de ruta opositora incluso antes de la propuesta de referéndum revocatorio del año 2016. Pero sobre todo, formaron parte de las negociaciones entre el gobierno y la oposición llevadas a cabo en diciembre de ese mismo año. Sin embargo, la inconsistencia y permanente cambio de las estrategias opositoras han terminado por el fortalecimiento de la gestión gubernamental.

El extravío de y en la táctica de los adversarios ha sido consustancial con el acoplamiento por ensayo y error de una acción de gobierno insostenible desde el punto de vista de sus condiciones materiales, pero muy lejos todavía de lograr un cambio en las subjetividades colectivas nacionales.

Pueblo versus Pueblo

Ambas facciones confrontadas de la sociedad venezolana se erigen como representantes del pueblo. Las dos reivindican la representación popular de una soberanía que no es tal pues cada uno puja de acuerdo a sus intereses de turno. Lo cierto es que el pueblo no es unívoco. Hay más bien pluralidad de pueblos siendo mayoría el que impávidamente asiste en la tribuna del juego político al pitazo final de la idea de nación.

En un intento de paralelismo de la supuesta rebelión popular venezolana del 2017 con el Mayo francés de 1968, Jean Luc-Nancy (2001) afirma que, “el 68 no fue ni una revolución, ni un movimiento de reformas (si bien fueron sus consecuencias infinidad de ellas), ni una impugnación, ni una rebelión, ni una revuelta, ni una insurrección, aunque puedan encontrarse en él rasgos de todas esas posturas, postulaciones, ambiciones y expectativas”[2].

Bonapartismo y razón de Estado

Jean Jacques Rousseau afirmaría que si hubiera un pueblo de Dioses se gobernaría democráticamente. En efecto, desde hace tiempo Venezuela se debate entre dos ausencias: la razón de Estado versus la razón del demos lo cual ha conllevado a una conjura permanente entre razones que se contraponen.

La democracia como experimento de pluralidad humana ha sido circunstancial en la historia republicana de nuestro país. Su excepcionalidad ha estado acompasada por tiempos de rupturas que han terminado por comprometer el proyecto democrático en cualquiera de sus formas, variantes y manifestaciones.

El Bonapartismo vendría a ser la expresión más reciente de dicho experimento. Definido como la concentración de poder en manos de una persona (el poder ejecutivo), como forma política se suma a la ya larga historia de mesianismos que han ocupado gran parte de la historia política nacional a lo largo del siglo XIX, XX y lo que va del XXI.

El país entró en un nuevo siglo con los correlatos de otrora dándole una connotación atávica a lo político en pleno siglo XXI. Tanto lo que surgió como propuesta como lo emergido como reacción se encuentra alojado en el imaginario de un colectivo que sucumbe entre saltos y regresiones.

Lo que valdría la pena escudriñar es si finalmente se trata de algo inmanente a la condición democrática lo que vendría a determinar esa permanente diatriba entre el ser y deber ser de la política[3].

El quid de nuestro drama

Más allá de la coyuntura lo cultural sigue sosteniéndose en la noción de un país extractivista en las ideas y en sus formas de acumulación de lo único que se produce en Venezuela: petróleo.

Lo anterior plantea un asunto pendiente en la agenda nacional para los próximos tiempos: la crisis actual es sobre todo una crisis de carácter estructural y cultural, es decir, el modelo de acumulación extractivo fundamentado en el principio de la res nullius (tierra de nadie) que tiene una manifestación en las relaciones sociales cuya expresión es una suerte de lapsus mentis (olvido de todo/ausencia de identidades). Sobre esta última cabalga el concepto de condición humana[4].

Epilogo: los sacrificados de siempre

A propósito de la condición humana los sacrificados de siempre de nuevo vuelven a ser los indígenas. Primero, por parte del gobierno impugnando la representación indígena de Amazonas electa como parlamentarios en las elecciones de diputados de diciembre 2015, y luego por parte de la oposición en la mesa de negociaciones de diciembre 2016.

Esto último evidencia los límites de una democracia cuyo principal desafío lo constituye la posibilidad de erigirse en el único resorte vigente para la convivencia de las pluralidades humanas.

Podríamos junto a Alan Badiou (2017)[5] afirmar que si bien la verdadera vida (democracia) no siempre está presente, nunca está completamente ausente. La verdadera vida (democracia) está por lo menos un poco presente.

En Venezuela, la original rebelión popular pendiente es la superación (rebelión) de nuestra insólita cotidianeidad.

Mérida, 8 de noviembre 2017

[1] Balibar, Etienne. “La política y sus sujetos en el interregno”. En Prólogo a Brown, Wendy. Estados amurallados, soberanía en declive. España, Herder, 2015, p.13.

[2] Nancy, Jean-Luc. La verdad de la democracia. Madrid-Buenos Aires, Amorrortu, 2001, p.14.

[3] Esta afirmación la sostenemos al trasluz de lo que acontece en la actualidad en España, particularmente en Cataluña, ante los deseos independentistas de esta región autonómica. Un debate propio de la conformación de los Estados-nación del siglo XVII en pleno siglo XXI. La condición democrática es un asunto que transversaliza el tiempo histórico y, contrario a lo que pudiera pensarse, aparece y reaparece en cualquier estado y grado del tiempo político.

[4] Más allá de lo esbozado por Hannah Arendt, la condición humana es aquí homologada a la condición venezolana, ciudadana, indígena y afrosdescendientes, entre otras. Lo que nos interesa destacar, es el hecho cierto de ser un país constituido por enormes pluralidades siendo esto su principal fortaleza hasta ahora homogeneizados por la condición petrolera.

[5] Alan Badiou en vez de democracia habla de la vida. Sin embargo el paralelismo nos parece oportuno. Ver La verdadera vida. Un mensaje a los jóvenes.Barcelona, Malpaso, 2017, p.12.

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