El miedo de los decoloniales y de los polarizados

Categoría: Guarureando |
venezAtawallpa Oviedo Freire | yuyarina@yahoo.es
El pueblo brasileño se ha levantado masivamente contra el gobierno corrupto de Temer, quien fuera el compañero escogido por Dilma Roussef como su vicepresidente, y que le ha reemplazado luego de su destitución. El pueblo cansado e indignado se ha erguido y movilizado reclamando su destitución o su renuncia. Los grupos de oposición a Temer son aplaudidos por la izquierda mundial y apoyan la revuelta popular contra este gobierno de derecha. Sin embargo, resulta que lo mismo pasa en Venezuela, pero, por tratarse de un gobierno con un discurso “revolucionario”, una parte de la izquierda arremete duramente contra el pueblo venezolano, desde el gobierno de dicho país y desde cierta intelectualidad que se autocalifica de “decolonial” y por otra que se dice “polarizada”.
Para esta izquierda, en el caso de Brasil el pueblo actúa correctamente, pero en el caso de Venezuela el pueblo está manipulado por la derecha, hay agentes infiltrados por el imperialismo, son traidores de la revolución, son neocolonialistas de izquierda, etc. La doble moral de cierta izquierda, si un pueblo se levanta contra la derecha es un pueblo altivo y libertario, pero si se levanta contra la izquierda es un pueblo contrarrevolucionario y servil. En otras palabras, los pueblos inteligentes se levantan contra la derecha, los pueblos tontos o engañados lo hacen contra la izquierda.
Lo dijeron también en la época de la Unión Soviética y de la Europa comunista, lo siguen diciendo de Cuba. ¿El proyecto de la Europa comunista fracasó por la culpa del pueblo, por las críticas que se hacían a los gobiernos “revolucionarios”, o, por qué estos “revolucionarios” no entendieron lo que demandaba el pueblo, por qué no asumieron las críticas a los errores que se estaban cometiendo? Claro, para la burocracia de izquierda lo más fácil es culpar a los otros, a los extranjeros, a la burguesía, al imperialismo, al bloqueo económico, a los bajos precios del petróleo, etc., como lo han hecho con Cuba y ahora con los gobiernos “progresistas”. Pero habría que preguntarles, (como de igual manera se lo hizo con los comunistas europeos), hasta cuándo van a seguir justificando la opresión que se viene dando al pueblo cubano con el argumento de que se ven obligados a aquello por el bloqueo económico. Hasta cuándo van a seguir imponiendo la dictadura del proletariado (proletariado que por cierto no hay) bajo el pretexto de una posible invasión estadounidense. Hasta cuándo van a seguir manteniendo en la pobreza y dejando que emigren más cubanos con el argumento de que el imperialismo no les permite hacer los cambios que requieren.
Si bien hay algo de verdad en aquello, lo principal no está afuera sino adentro, especialmente en el dogmatismo leninista del “centralismo democrático” que les hizo concentrar todo el “poder popular” en la figura idílica de Fidel Castro. Creyeron que acumulando más poder para el buró del partido comunista, la revolución estaría protegida. Entendieron que el “poder popular” NO estaba en empoderar organizativamente y productivamente al pueblo, sino en que sea dependiente del Estadocentrismo, en la que todos se vean obligados a tender la mano para que el Partido les de alimentación, salud, educación, vivienda, y con ello estén siempre bajo el paraguas del líder máximo.
Y eso, lo han repetido esquemáticamente Chávez, Correa, Morales, y demás gobiernos “progresistas”. O en palabras de Chávez: “ya no soy yo sino todo un pueblo”, frase que por cierto también la han repetido Correa y Morales, sin que hasta en eso sean originales. Es decir, estos líderes -sería mejor decir estos caudillos- en su idealismo pequeño-burgués llegaron a creerse los predestinados o los ungidos por el pueblo, al nivel de que tienen la capacidad de pensar y de sentir por todo el pueblo. Ellos saben lo que realmente quiere o necesita el verdadero pueblo, y lo que es el falso o equivocado pueblo que es manoseado por la derecha. Y algunos intelectuales siguen la misma ensoñación y creen que hay pueblos sabios que enfrentan a la derecha y pueblos “delicuenciales” que combaten a la izquierda.
Para estos ilustrados de izquierda, el pueblo no tiene que hacer nada ya que les tiene a ellos para que les den haciendo las transformaciones que necesitan, pues ellos se bastan y se sobran para hacer lo que el pueblo necesita. Ellos son los que saben cómo dirigir la revolución y el pueblo solo tiene que seguir votando por ellos y únicamente salir a las calles o hacer algo si alguien se atreve a protestar contra su revolución. Esa es su única misión, pues para ello están –ahora- Maduro y Cabello para seguir ejecutando el proceso revolucionario empezado por Chávez.
Si la mayoría del pueblo venezolano apoya la revolución chavista, por qué no deciden convocar a elecciones. Obviamente saben que van a perder, que el pueblo les ha dado la espalda y les castigará en las urnas. Pero, para los “decoloniales” y los “polarizados” esas elecciones en las que el pueblo tiene la palabra no hay que apoyarlas, pues el pueblo está siendo aprovechado y manejado por la burguesía y el imperialismo. ¿La culpa de ese retroceso es de la burguesía, de los EEUU, o, principalmente del chavismo y de sus novelerías autistas? ¿Ahora el pueblo venezolano es el errado, pero antes cuando apoyaba al chavismo era un pueblo lúcido? Indudablemente, que la mayoría del pueblo venezolano ya no se cree ese cuento de hadas y se ha levantado contra esa farsa de revolución, pero al mismo tiempo, están conscientes que la derecha quiere pescar a río revuelto. Saben que su lucha es contra la vieja derecha burguesa y la nueva derecha pequeño-burguesa con lenguaje de izquierda light. Están claros, que la derecha puede canalizar todo a su favor, pero no por ello no hay que hacer nada bajo el argumento de que los otros son peores. ¿La lucha se la hace ante los peores, pero ante los que son un poco menos se guarda prudencia?
Grosfoguel, Dussel y otros “decoloniales” tienen miedo del pueblo y llaman a tener prudencia. Creen que distanciándose de Borón o de Sadir ya son diferentes, cuando simplemente son un poco menos coloniales que ellos. ¿Los chavistas que se han levantado contra Maduro también son imprudentes? ¿La Fiscal General que llama a defender la constitución elaborada por Chávez es también contrarrevolucionaria? ¿Acaso también están de acuerdo en declararle loca para sacarle del cargo? Siguiendo ese mismo esquema, han acusado a muchos críticos del chavismo y del madurismo, de derechizados, traidores, contrarrevolucionarios, extremistas, fundamentalistas, coloniales de izquierda, despolarizados; con ello pretendiendo exculparse y pasar a otros la responsabilidad de su fracaso.
Asustan con Macri, para no hacer nada ni decir nada. Acaso el pueblo argentino no sigue luchando contra Macri y los falsos revolucionarios kischneristas. Acaso porque hay un Temer en Brasil, el pueblo se ha dormido y se ha dejado dominar. Por qué tienen miedo de las luchas populares. Parece que se han olvidado que la historia la hacen los pueblos y no los líderes revolucionarios ni los intelectuales de izquierda. Han pasado más de 100 años del fracaso del socialismo real y ahora del socialismo del siglo 21, pero siguen sin entenderlo. No comprenden que lo que transforma a los pueblos es el “poder social” y no la dictadura del partido único. El “poder popular” está en la capacidad de un pueblo de defenderse material y espiritualmente por sí mismo, y no de estar subordinado a la voluntad de un buró partidista que se cree que es todo el pueblo. Una causa mientras es más piramidalista, es un proceso más absorbedor y oligárquico del “poder popular”, por ende, más alejado del pueblo. La “toma del poder” no es la toma del poder para el líder máximo del partido sino para el pueblo organizado, participativo, creador y ejecutor de sus propias transformaciones.
Pero los intelectuales y políticos de izquierda que viven como pequeño-burgueses y no en formas sostenibles y sustentables de vida, se siguen creyendo los únicos elegidos y trascendentes que saben “qué hacer”, pues los pueblos son borreguitos a los cuales hay que saber guiar, o sólo son válidos si los apoyan pero si los critican hay que educarlos a la manera de la “letra con sangre entra”. Esa es la intelectualidad paternalista y mesiánica que ha estado en la cabeza estos 100 años y que siguen con el mismo discurso domesticador, clientelar y prebendalista. Se contentan con el “mal menor” o con lo “poco conseguido”, ya que si retoma el poder la derecha “será peor”.
Un revolucionario enfrenta lo poco y lo mucho, pues sabe que los cambios son estructurales y mientras no haya aquello todo son bonitas ilusiones. Un revolucionario no se calla ante la pequeña corrupción con el argumento de que la derecha es más corrupta o porque el imperialismo se va a aprovechar de aquello para derrumbar lo que se ha conseguido.
Un revolucionario en este tiempo es el tercero excluido (Quintero Weir) de la dicotomía colonial eurocéntrica, y, por ende, va más allá de lo que mandan los centros del conocimiento liberal/marxista o privatista/estatista.
El tercero excluido es el pensamiento comunitario, colectivista, aldeano, cooperativo, asociativo, y que entiende que el Estado es solo un instrumento para lo individual-privado o lo grupal-colectivo. Hasta ahora la izquierda ha convertido al Estado en instrumento de lo privado, con su capitalismo de Estado donde el único dueño es el presidente del partido, de la asamblea, y del país. Eso se creen los Castro, Chávez, Maduro, Correa, Morales, Ortega, y demás monarquías de izquierda, que hablan y sienten a nombre del pueblo. Monarcas que están dispuestos a matar a los hijos descarriados para defender la revolución que fuera soñada y creada por ellos. Y eso callan ciertos intelectuales o lo califican de ciertos errores, pero de los cuales no hay que alzar muy alto la voz puesto que la derecha y el imperialismo lo llevará a su molino.
Que tristeza –por decir de alguna manera- lo que se ha visto y se sigue viendo de la izquierda en general, afortunadamente el pueblo que constituyen los terceros-excluidos por el occidentalocentrismo están en pie de lucha y se van levantando cada día más contra los conservadores de derecha y los liberales de izquierda, que mantienen el estatus quo y que siguen destruyendo al planeta. Ojalá algunos intelectuales vayan despertando y se alineen con las corrientes alternativas a la derecha e izquierda, y se conviertan en otra parte alterativa que haga posible la presencia y desovillamiento de la otredad o de la alteridad.

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