Desaparecidos en “revolución”. ¿Dónde está Alcedo Mora?

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de izquierda a derecha: José Ángel Quintero Weir, El Catire Páez, Tito Nuñez, Alcedo Mora,...

de izquierda a derecha: José Ángel Quintero Weir, El Catire Páez, Tito Nuñez, Alcedo Mora,…

José Ángel Quintero Weir

Dedicado al hermano Batería (Alcedo Mora) exigiendo su aparición.

¿A dónde van los desparecidos?
– Buscan el agua allá en los matorrales.
¿Y por qué es que se desaparecen?
– Porque no todos somos iguales.
¿Cuándo regresa el desaparecido?
– Cada vez que lo trae el pensamiento.
¿Cómo se llama el desaparecido?
– Una emoción apretando por dentro.
Desapariciones. Rubén Blades.

Durante toda mi militancia en el PRV-FALN siempre supe de la posibilidad de que las fuerzas de inteligencia militar podían secuestrarte, llevarte a Yumare y, sencillamente, desaparecerte; de allí que una de las primeras acciones de todo militante en ese momento, era mantener una “estafeta” en tiempo y lugar con sus contactos directos; de tal manera que, si en el tiempo y lugar de la estafeta algún compañero no se presentaba, de inmediato se disparaban las alarmas de la organización y, no sólo se tomaban las medidas de protección de las tareas con las que el compañero estuviera vinculado sino, sobre todo, se activaban las acciones de reclamo y denuncia pública, hasta de las acciones militares a que hubiera lugar en función de que las fuerzas policiales y del gobierno dieran respuesta por el compañero desaparecido.

Por eso, cuando a Douglas Bravo lo detienen en México junto a un intelectual venezolano del que en este momento no recuerdo su nombre, la estafeta que Douglas tenía con el Flaco Prada se dispara, no sólo en México, sino entre nosotros, y las acciones que ejecutamos fueron desde llenar las calles en las principales ciudades de Venezuela exigiendo la aparición de Douglas, como la detonación de lo que llamábamos “cajas sonoras” en estaciones de radio y lugares públicos haciendo la misma exigencia, hasta la conexión con la esposa de Fracois Miterrand (para ese momento, Primer Ministro de Francia) , en función de exigirle al Presidente mexicano del momento, el respeto a la vida y la libertad del Comandante Douglas Bravo preso en sus masmorras. Ciertamente, la estafeta funcionó, Douglas fue liberado y, por supuesto, expulsado de México, pero vivo al fin.

Años después, ya en medio de la crisis por la división del Partido, y lo que ya era el indetenible fin de nuestra lucha armada, todos perdimos la estafeta, pues, era el momento en que ya nadie sabía exactamente hacia dónde íbamos y, por eso mismo, con quien establecer la estafeta, lo que no quería decir que las fuerzas policiales no mantuvieran su proceso de vigilancia y de acción, precisamente, para quebrar a cualquiera que en, esos momentos de incertidumbre política interna podía ser, ciertamente, susceptible de quebrarse. Esto pasó con más de uno de los fugados del Cuartel San Carlos en 1975, y que terminaron trabajando para el sistema policial, ubicando a otros fugados (tal es el caso de un tal Marco Tulio Croquer, hoy por cierto, importante agente policial del chavismo en el gobierno).

En fin, puedo decir que durante la Cuarta República (al decir del chavismo), conocí de la desaparición y posterior aparición de Efrain Labana Cordero; de la desaparición de los muchachos de Bandera Roja en Cantaura, bombardeados por un capitán que llegó a ser diputado de la “revolución chavista”, pero si una desaparición me tocó de bien cerca, fue la de mi hermano Tabanuco.

No voy a contar el cuento de cómo fue todo lo de su desaparición, pues, creo que el obligado a contarla es Alí Rodríguez. No he leído su libro donde relata sus memorias a las que ha titulado: “Antes de que se me olvide”, espero que los motivos y las consecuencias de la desaparición del Tabanuco no se le hayan olvidado, porque en ese momento, yo era la estafeta del Tabanuco; muy por fuera de la dirección de la operación en la que se arriesgaba; de tal manera que, cuando en el tiempo y lugar de nuestra estafeta el Tabanuco nunca se comunicó, yo sabía que mi hermano de lucha en los barrios de Caracas y yo en los de Maracaibo, como dice Rubén Blades, era un desparecido.

En la búsqueda de Tabanuco se vinculó un viejo compañero abogado, muy públicamente reconocido: Chente Beaujon, y exactamente, cuando Chente anunció telefónicamente a alguien que ya sabía donde estaban los restos del Tabanuco, en la esquina de un semaforo en rojo en alguna avenida de Coro, Chente fue acribillado a balazos.

Durante los primeros años de gobierno de Chávez, una de sus promesas fue la localización de todos los restos de todos los desaparecidos durante la represión policial militar anti-guerrillera. Posteriormente nos hemos enterado (no podemos aseverarlo), que mucha de la información aportada para la localización de los restos de guerrilleros, entre ellos, los del Tabanuco, fueron aportados por elementos ahora con puestos importantes en la inteligencia militar del gobierno. Luego me enteré que los restos del Tabanuco fueron localizados, pero eso sí, nadie fue señalado, apresado y mucho menos enjuiciado. Todo fue realizado en un silencio que, según me dicen, se mantiene en las memorias de Alí Rodríguez.

Este supuesto esfuerzo por la reivindicación de las familias de los desaparecidos, y la supuesta demostración de que a partir de este proceso bolivariano no teníamos nada que temer, llevó a liquidar en el espíritu de muchos, la necesidad de la estafeta: entre ellos: El Batería (Alcedo Mora).

¿Qué pasó con el Batería? ¿Por qué lo desaparecieron? No me atrevo a lanzar ni la menor hipótesis, lo cierto es que, de último momento, El Batería quiso recuperar una estafeta y lanzó una especie de SOS señalando que había denunciado actos de corrupción en el Gobierno Chavista del Estado Mérida, por lo que elementos del SEBIN (Inteligencia Policial del Estado), le perseguían, de allí en adelante, ya se va a cumplir un año, nadie sabe dar razón de su paradero. Nadie del gobierno: Defensor del Pueblo, Fiscalía General de la República, Ministerio de Justicia, Gobernación del Estado Mérida, Dirección del SEBIN, etc., etc., dice nada. Cualquier parecido con la actitud del Estado en relación a las desapariciones durante la Cuarta República, no es mera coincidencia, sino que, tal como bien dice Blades al responder a la pregunta del coro de su canción: ¿Y por qué es que desaparecen? / Porque no todos somos iguales.

Esto es, no es igual Tarek William Saab como militante de Ruptura en la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos de presos y perseguidos políticos, que Tarek miembro importante del Estado que ahora persigue y desaparece a los que considera enemigos de su poder, entre ellos, nuestro hermano Batería.

No pierdo la esperanza de volver a ver en alguna reunión convocada por Hebert en Mérida, Enrique Marquez en Trujillo, o Enrique Contreras en San Cristobal al Batería. Mi corazón me dice que es un mero sueño de mi parte, pero tal como alguna vez escribió el Chino Valera Mora:

“Pero no todos los muertos viajan tranquilos
a algunos molesta estar ahí sin hacer nada
e insisten con terquedad
y regresan a presidir los nuevos combates
a dilucidar el asunto que los vistió de ausencia.”

Estoy seguro que más pronto que tarde, el Batería aparecerá a presidir el juicio contra aquellos que intentaron borrar su existencia como si nunca hubiera tenido una estafeta.

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