Brevísima historia de las Constituyentes convocadas por el Poder y no por las comunidades en Venezuela. 1ra Entrega

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cg201Comenzamos esta nueva serie editorial, hecha a varias manos: Brevísima historia de las Constituyentes convocadas por el Poder y no por las comunidades en Venezuela, y escribe de primero el mayorcito del grupo editorial de nuestra Organización, guiados por la idea que nos heredaron los mayores de que cuando no sepas lo que viene, es bueno mirar con los ojos en la espalda, vale decir mirar hacia atrás, pero con tus propios ojos. Vale decir no usos ojos prestados por la mediática, ni lentes polarizados ni wasap. laguarura.info

José Ángel Quintero Weir

Antes de comenzar a contar esta brevísima historia constitucional de Venezuela, permítanme transcribir más o menos exactamente “La historia de la lengua primera de estas tierras”, contada por el Sup. Marcos; porque él dice que:

“Cuentan los más viejos de nuestros pueblos, que los primeros dioses, no los más primeros, no los que nacieron el mundo, sino otros que ya no eran tan primeros pero sí algo, eran un poco holgazanes. (…) porque no tenían trabajo y puro jugar y bailar querían, o sea que sólo estaban vacilando y levantando naguas de las mujeres con sus vientos y enredando los pies de la gente para que cayeran.

(…) Y los llamaron a la asamblea (…) y como los hombres y mujeres de maíz ya estaban hallados en su pensamiento de que el que manda, manda obedeciendo, pues los llamaron a estos dioses.

(…) Entonces los hombres y mujeres de maíz hicieron su asamblea para ver cómo hacían con este gran mal que les pasaba, porque ellos sabían que en colectivo sí se pueden resolver los grandes males.

Y es que sin la palabra primera, los hombres y mujeres de maíz podían quedar sordos a su historia y ciegos frente a su mañana.

Porque la palabra más primera era eso, raíz del pasado y ventana al camino venidero”.

La historia, como ven, es mucho más larga pero la hemos tenido que cortar porque lo que en verdad necesitamos que observen es que un acuerdo social, nunca puede ser totalmente obedecido si no es por dos condiciones fundamentales:

La primera es que un acuerdo no es un balance de beneficios o de castigos, es decir, la palabra primera de una nación, nunca será verdadera si sólo se habla de lo que podemos ganar o lo que podemos perder. Y, lo segundo, es que la palabra primera es, sobre todo, un acuerdo de todos para de manera permanente intentar individualmente, llegar a ser una digna representación de todos como nosotros; por tanto, se trata más bien de un acuerdo sobre los principios éticos que nos ayudarán a desandar el camino y nuestro caminar para ser parte del nosotros, individual y colectivamente.

No ha sido este el rumbo asumido por los ejecutores de todas las constituciones nacionales que en el mundo han sido; de hecho, lo que todos dicen que es un invento de un señor francés llamado Juan Jacobo Rousseu y que él llamó como “Contrato Social”, es porque él siempre pensó en lo primero: el balance entre beneficios y castigos, y muy poco o nada en la construcción de un camino y un caminar como un sólo nosotros; por eso, la Revolución Francesa terminó guillotinando, aún, al que inventó la guillotina.

Pero no nos interesa hablar de los franceses en este momento, aunque debemos hacerlo porque, la primera Constitución o “contrato social” por el que se rigieron los venezolanos no indios, fue precisamente mediante la elaborada por Simón Bolívar y que abarcaba en su poder, territorialmente, lo que se llamó La Gran Colombia. Pero, dado que en la relación de beneficios y castigos, algunos muy poderosos se sintieron extraídos de ese acuerdo, pues, no sólo se chingaron esa Constitución, sino también a La Gran Colombia y hasta el mismo Bolívar.

Se produce así, la Primera Constitución de Venezuela en tiempos de la Presidencia de José Antonio Páez, elaborada solo por gentes que sabían leer y escribir y que sólo votaron por su aprobación, las gentes que sabían leer y escribir y, sobre todo, que tuvieran posesión de tierras, pues, en el balance de los beneficios y los castigos, se suponía, eran los únicos que tenían algo que perder u ofrecer como beneficio. Por supuesto, los indios o los campesinos sin tierra, ni participaron ni votaron a favor ni en contra, pues, ellos sólo eran el tercero excluido que sólo podía servir de carne de cañón para lo que posteriormente fue toda una historia de guerras y montoneras, en las que, por lo menos, mi tatarabuelo: José Domingo Estrella (negro de la Sierra de Falcón), pudo obtener su libertad y colocarse el nombre que él quisiera.

Pero, durante todo este tiempo, en Venezuela se produjeron tantas Constituciones como pequeños grupos asumieron el poder y, toda Constitución o “Contrato social” siempre respondió al máximo beneficio de quien la impulsaba y el máximo castigo para sus adversarios, militar o políticamente derrotados. Y así fue hasta la llegada al poder de los Gochos de la “Revolución Restauradora” capitaneada por Cipriano Castro, quien, con no más de metro y medio de estatura, se hizo de una Constitución con beneficios tan grandes (sobre todo, porque ya comenzaba la exploración petrolera en Venezuela), que el castigo a los opositores se multiplicó diez veces, y, no podía ser de otra manera, pues, tal como dice el Psiquiatra Solano Calles1, los hombres chiquiticos pueden ser terriblemente abominables, porque, por su tamaño, el corazón les queda muy cerquita de la mierda. Tal vez, esta sea la diferencia más evidente entre Nicolás Maduro y Diosdado Cabello.

Pero, para desgracia del Dictador Cipriano Castro, se estaba produciendo una confrontación mundial en la que, dadas las posibilidades de producción petrolera de Venezuela, nuestro país se convirtió en apetencia comercial de los grandes involucrados en la misma. Finalmente Castro es defenestrado por su propio lugarteniente y compadre: Juan Vicente Gómez, por supuesto, con apoyo del Departamento de Estado Norteamericano, y una nueva Constitución Nacional (la número 23) es enarbolada, igualmente, sobre el principio de los grandes beneficios y los grandes castigos para unos y otros. En este caso, el gran castigo fue dirigido a los pueblos indígenas, pues, las supuestas posibilidades petroleras o minerales de Venezuela estaban, precisamente, bajo el suelo de los territorios indígenas.

Después de la muerte de Gómez en 1936, por lo menos tres nuevas Constituciones fueron redactadas de acuerdo a los intereses o beneficios políticos, la de Eleazar López Contreras, sustituto de Gómez a su muerte, la de Isaías Medina Angarita al suceder a López Contreras, la de Rómulo Gallegos al ganar las elecciones luego de derrocar a Medina Angarita en la llamada “Revolución de Octubre”, la de Marcos Pérez Jiménez luego de derrocar a Rómulo Gallegos y del asesinato del General Delgado Chalbaud; la de Rómulo Betancourt luego de derrocar a Marcos Pérez Jiménez en 1958 (la que más duró), aprobada en 1961 y que permaneció vigente hasta llegar la de Chávez, aprobada en 1999.

Sin embargo, como vemos, todas ellas siempre respondieron a los intereses políticos y económicos de los factores de poder nacional e internacional en función de la maximización de los beneficios de su clase y, por supuesto, de los castigos inherentes en la misma sobre sus adversarios. Pero además, y en todo caso, en ninguna de ellas, ni los indígenas, ni los campesinos, ni la incipiente clase obrera (especialmente desde Gómez hasta Chávez), jamás, jamás, participaron en su elaboración y, mucho menos, en establecer sus criterios en virtud de las razones éticas que las impulsaban.

Casi seguro, algún “intelectual” de izquierda nos gritará diciendo que en la Asamblea Constituyente de Chávez los indígenas participaron y que todo un capítulo constitucional fue dedicado a estos pueblos, y nosotros tendríamos que decir que, ciertamente así fue; sin embargo, ni fueron todos los pueblos indígenas los participantes, ni fueron los indígenas verdaderamente representantes de sus pueblos y, mucho menos, el capítulo constitucional elaborado y presente en el actual texto constitucional que hoy Maduro quiere borrar por completo, respondía al hacer y ser de las naciones indígenas que, desde antes de la existencia del Estado-nación venezolano hacen vida en esto que hoy se considera territorio de Venezuela.

De hecho, de 153 Diputados o Constituyentistas, sólo tres representaban a las 26 naciones indígenas que aún hoy persisten en Venezuela. Todos ellos fueron elegidos en lo que se dio en llamar: “El Quino de Chávez”, modalidad matemáticamente elaborada por la que, nadie que no estuviera en esa quiniela podía o tenía posibilidad de salir elegido, no importa que todo su pueblo votara por él; por ello, la representación indígena en la Asamblea Nacional Constituyente en 1998 recayó en dos representantes de poderosas familias políticas wayuu y un representante de una comunidad indígena de Bolívar, bien acondicionado a la aceptación de los beneficios y de los castigos, pues, ni las wayuu ni él mismo, jamás se plantearon la posibilidad de introducir el elemento ético propio de sus pueblos en la construcción de nuevas relaciones sociales y políticas entre todas las naciones que somos. De hecho, en el momento en que se debatía la definición de “pueblos Indígenas” y de “territorios indígenas”, los tres representantes constituyentistas de los pueblos y naciones indígenas entregaron su voto a la palabra del Presidente y nunca como voceros de sus pueblos.

En fin, la historia es mucho más larga pero no es nuestro propósito en este momento contarla al dedo; porque, lo que en verdad nos interesa establecer es el punto de que, una sociedad, con todas sus diferencias de pueblos y naciones, no puede constituirse sobre la base de un acuerdo social que se impone desde la noción de beneficio para los factores de poder que la impulsan desde el poder; esto es, desde su dominio político y, sobre todo, de las armas de un Ejército (desde Páez hasta el presente), siempre genuflexo de quien ostenta el poder.

En todo caso, ante la convocatoria de Maduro a una muy singular Asamblea Constituyente en la que él, de manera directa señala al 50% o más de los constituyentistas; pero además, condiciona la elección del restante de los mismos, no sólo contraviene los principios de toda Constituyente por derivada que ésta sea, sino que además, deja bien claro que, en verdad, su propósito es alcanzar sólo el beneficio de su permanencia en el poder a toda costa.

No obstante, entre todos los de abajo, hace un buen rato que propugnamos por una Constituyente, no en función de beneficios de nadie en el poder, sino en función de construir nuevas relaciones de poder lo que incluye, la eliminación definitiva de toda condición centralista del poder, esto es, la posibilidad de que cada nación o región tenga la autonomía suficiente como para comprometerse a garantizar el autosostenimiento de las comunidades que lo conforman; esto supone además, la minimización del papel del Presidente y su conversión en vocero reemplazable anualmente por la alternabilidad de tal vocería entre todas las 26 naciones que conforman la nación venezolana. Esto último, además, supone el reconocimiento de que Venezuela es una república constituida por 26 naciones, en la que una de ellas, por muy poblacionalmente mayoritaria que sea, no es más que una de tantas y no puede imponer a todas las demás naciones su poder y, mucho menos, un acuerdo nacional donde sólo ella recibe los beneficios y todas las restantes reciban los castigos.

Porque de lo que se trata es de establecer un acuerdo común en lo que aspiramos ser y lograr como un nosotros colectivo y no como aspiración de un grupo que circunstancialmente cuenta con las armas mercenarias de las Fuerzas Armadas Nacionales, pues, muy probablemente éstas cambien su puntería hacia otro lado en algún otro momento, pues, ya es parte de la sabiduría popular de que nuestra fuerzas armadas son fieles hasta el día en que efectivamente traicionan; por ello, esta misma fuerza ha de ser considerada como factor a ser disuelto, pues, no es posible una asamblea de ciudadanos en las que unos están armados y los otros sólo deben estar preparados a recibir un tiro de gracia de una díscola fuerza que sólo existe por las armas que toda la ciudadanía paga para que las sostenga.

Así, pues, debe quedar claro que la convocatoria de Maduro a una Asamblea Nacional Constituyente no es más que una burda maniobra con la que espera sacudir a su opositor natural, pues, da por descontado que el Tercero Excluido sólo vale las cajitas de CLAP que nos ofrece el maldito. Pero podemos echarle una vaina, y, se la vamos a echar.

1Solano Calles es un Psiquiatra sexólogo y tal expresión la dijo alguna vez para referirse a un escritor cuya estatura es tan pequeña pero cuya maldad es tan grande que, ciertamente, no podía ser explicada sino porque su corazón estuviera tan cerca de sus propios desechos.

2 respuestas a Brevísima historia de las Constituyentes convocadas por el Poder y no por las comunidades en Venezuela. 1ra Entrega

  1. Mientras más constituyentes menor el grado de desarrollo de los pueblos que la padecen, la que viene esperemos que sea la última y que en ella estén representadas y legitimadas las 26 naciones que pueblan nuestro territorio.

    lenin
    11 mayo, 2017 at 10:51 PM
    Responder

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