Venezuela: ¿un Estado Delincuente? “Esto se fue de Madre”

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OLP en Venezuela

OLP en Venezuela

José Angel Quintero Weir 

Los delitos que hoy la izquierda justifica en Venezuela por ser cometidos por un gobierno supuestamente revolucionario, de seguro serán continuados por otros gobiernos de derecha, sustentados en los principios establecidos por la supuesta izquierda hoy en el poder. Porque, a fin de cuentas, se trata de la naturalización del mismo poder ejercido por la “izquierda” o la “derecha” en contra del Tercero, siempre Excluido.

La verdad, no nos interesa definir a Venezuela como un Estado delincuente de acuerdo a los parámetros establecidos por las organizaciones del llamado sistema interamerícano de naciones; vale decir, el desmadre del Estado venezolano no se debe a la oportunista acción de salida del Gobierno venezolano de la OEA en el momento en que la correlación de fuerzas al interior del Organismo no le es favorable. No. Para los de Abajo en Venezuela, la condición delincuencial del Estado-gobierno venezolano se viene ejecutando desde hace 18 años a partir de la liquidación de la dirigencia social obrera, campesina e indígena mediante la persecución, prisión y el asesinato de todos sus líderes; pero también, de una juventud que, equivocada o no, ha salido a las calles a protestar contra un gobierno que consideraba en poder de un Estado y, por ello, en consonancia con lo que ellos consideraban el Estado debe responder como su derecho a la libre asociación, a la protesta y la libertad de expresión. Pero, han comenzado a entender, luego de sacrificar por lo menos un centenar de jóvenes asesinados, que su lucha no es contra un Estado sino contra unas mafias delincuenciales que, apoderadas de las instancias del Estado, condenan a muerte a toda la población que, en efecto, son perseguidas y asesinadas por unas fuerzas armadas ya podridas y unos paramilitares apoyadas en sus acciones criminales por esa misma cúpula militar ya entregada a la delincuencia y a la muerte.

Un centenar de dirigentes campesinos y obreros, y otro número cercano al centenar de dirigentes indígenas han venido siendo diezmados por la delincuencia establecida en Venezuela como gobierno y que hoy, además, recibe la bendición del papa, pero que ya de antes ha venido recibiendo la bendición del “pensamiento crítico” de la intelectualidad de izquierda latinoamericana y europea, pues, para ellos, lo importante es la debacle final y la entrega de Venezuela territorialmente para ser despedazada por las hienas de sus gobiernos: Rusia, China, Cuba, Nicaragua, Ecuador, Bolivia y, los despojos que de nosotros queden, puedan ser repartidos entre Haití y todas las pequeñas islas carroñeras del Caribe.

Ayer 1ª de mayo, Nicolás Maduro anunció su convocatoria a una “Constituyente”, pero solo de sus sometidos. Nada tiene que ver con la acción originaria de la que hemos venido hablando en contra de la MUD y del Gobierno, pues, una Asamblea Nacional Constituyente verdadera, no es sino el resultado de una acción constituyente originaria que, solo el pueblo convoca y ejerce. La convocatoria de Maduro pretende quitar la bandera de nuestras manos con sus manos manchadas de sangre y cocaína; pretende lanzar su sangre y su narcotráfico sobre nosotros, pero además, acompañado en este crimen, nada menos que por el papa (así, en minúsculas).

Ayer 1ª de mayo Maduro estableció como único escenario la confrontación militar, la guerra civil. Por supuesto, sabe que cuenta con unas Fuerzas Armadas ya totalmente envilecidas, incapaces de cualquier iniciativa, pues, la cobardía carcome sus corazones y sólo hacen uso de sus armas para someter a los de abajo en la frontera, o justificar desaparecer a denunciantes como Alcedo Mora.

Está Maduro, Diosdado, Isturiz, Padrino López y todos los malditos, convencidos de que tienen la sartén por el mango, pues, no solo cuentan con unas Fuerzas Armadas listas para matar o para dejar que paramilitares maten a una población civil desarmada; cuentan además con toda una “intelectualidad de izquierda” que apoya con su silencio el asesinato continuo de jóvenes que, equivocados o no, no merecen ser asesinados tan cobardemente; pero además, cuentan con el papa, que bendice todos los crímenes cuando es incapaz de hablar de los asesinados y sí de la fuerza que el gobierno ofrece como un sólo estamento frente a una oposición que no está unida y, por tanto, merece que le asesinen a sus jóvenes. Nunca he sido católico, soy indio. Pero conocí curas como Acacio Velandria, que en verdad siempre merecíó nuestro respeto y nuestra consideración como un hermano. Como Acacio otros curas más, pero nunca entre ellos estará esta actual Su Satanidad del papa francisco. (así, en minúsculas)

Ayer 1ª de mayo el gobierno de Nicolás Maduro y su cohorte de narcotraficantes y asesinos, apoyados por el papa, declararon un solo escenario político posible: o nos rebelamos o nos entregamos. El papa y sus malditos del gobierno de Maduro están seguros de su poder militar cuya fuerza, ciertamente, puede matar en un día a todos los jóvenes que aún resisten en Venezuela; aunque los malditos lo que desean es que todos se vayan para quedarse solo con los muy pobres, los que sólo pueden esperar la cajita del CLAP que el papa bendecirá con sus oraciones de muerte; y, por supuesto, la intelectualidad de “izquierda” traducirá tal crimen como una acción anti-imperialista (más bien anti-norteamericana) porque, a fin de cuentas, sus nalgas aparecen desnudas y abiertas a la penetración de las mafias rusas y chinas en toda América Latina.

Por todo lo dicho, estoy absolutamente convencido de que este es el momento de la rebelión general, de la huelga general y sí, de una Constituyente Originaria, que debe ser ejercida calle a calle, comunidad por comunidad no para sostener a los malditos, ni para reinstalar a los malditos de antes, sino para liquidar de manera definitiva a unas Fuerzas Armadas que no podemos calificar como putas, pues, ofenderíamos a las putas, ya que ellas son mujeres que noche a noche ponen en riesgo su vida mientras que los malditos militares venezolanos sólo se aprovechan del riesgo de vida de todos aquellos a quienes extorsionan y explotan en nombre de su poder armado.

Pero también, es el momento del fin de todos los llamados “intelectuales del pensamiento crítico” que se alimentan parasitariamente de nuestro propio conflicto, de nuestra lucha interna, pero que les vale madres quien vive o quien muere, de cómo sobrevives o de cómo eres muerto, pues, para ellos, si te mata un policía, pues, que carajo, se equivocó el policía; pero si te mata un colectivo paramilitar armado por el gobierno, aunque el desmadrado te disparó estando tu desarmado, siempre se trató de una acción heroica que, si esto se mantiene (cosa que no creo), Luis Britto García se encargará de novelar en su libro número trescientos1.

En verdad, esto se fue de madres. Nadie hoy en Venezuela puede confiar en nadie, pues, no hay nadie peor o menos confiable que las Fuerzas Armadas Bolivarianas por sus continuos, permanentes y regulares ataques a la población civil. Para las comunidades, especialmente en la frontera de La Guajira, no hay peor ladrón o más peligroso criminal que un Guardia Nacional de Venezuela. No es posible confiar en ningún político del gobierno o de la oposición, pues, no es posible confiar en nuestros propios vecinos que fungen como representantes de los llamados Consejos Comunales y más de uno cobra por meternos en la lista para poder comprar comida; en fin, la destrucción de la comunidad ha sido ejecutada por las fuerzas “revolucionarias” de manera perfecta: aquí nadie confía en nadie y, cuando la desconfianza es naturalizada, sólo el que tiene el poder de las armas impone la confianza que se traduce en la expresión: “No confíes en nadie, sólo confía en que legalmente te puedo matar si no confías en mi poder que, siempre será eterno”.

Así, pues, podemos concluir, que Venezuela no es un Estado delincuente porque se salga de la OEA, sino que, ciertamente lo es, porque un grupo de delincuentes, civiles, militares, intelectuales de izquierda latinoamericanos y jurisprudentes, se han adueñado de todas las instancias de gobierno: Ejecutivo, Judicial, Electoral, Defensoría de los Derechos del Pueblo; en fin, de todo lo que les hace suponer su eternidad física y política; en todo caso, el Estado-gobierno de la izquierda narcotraficante latinoamericana, particularmente en Venezuela, nos está poniendo en disparadero: o nos rebelamos frente a ellos, aún con el poder de las armas de sus Fuerzas Armadas narcotizadas, o nos sometemos al dominio de su extorsión que hasta el papa hoy bendice.

Yo, José Angel Quintero Weir, por lo menos, prefiero morir gritando que me es preferible morir de pie, que suplicar de rodillas, sobre todo, ante un maldito papa que justifica a los asesinos.

Para mi, no hay más tiempo, es la hora de la Huelga General.

No tengo fuerzas para convocar a nadie más que a mi espíritu, por eso, todas las acciones que el gobierno ejecute en mi contra bendecido por su satanidad el papa, deben ser solo contra mi; porque, tal como declaró la Canciller argentina: “Esto se fue de madre”, porque en la maldición que hoy nos arropa y los crímenes que diariamente se cometen, hasta el papa es cómplice.

1El se vanagloria siempre de a cantidad de libros que ha publicado, como si la cantidad de libros le diera un salvoconducto a su miseria humana.

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