Elaine Centeno sobre José Ramón Sánchez

Categoría: Por los Nuestros |
jose-ramon-sanchezElaine Centeno Álvarez

No puedo dormir…cuando suelo hacerlo de un tirón y desde que los tiempos en que escribía <la metáfora en el texto filosófico> se fueron, nada hay tan poderoso que mi sueño impaciente. De golpe una tristeza contenida desde el jueves pasado me “hace recordar”, como mi tía Isa decía al despertar súbito. Es el recuerdo de José Ramón Sánchez. El jueves 10 de Noviembre estuvo esperándome frente a la puerta de nuestra casa, en la tiendecita del frente, fumando su cigarrillo, marca Astor y un poco impaciente por mi demora, según me cuenta mi vecina Elsa. No pude encontrarlo a mi regreso. No tenía idea de que por aquí estaba. No llevé conmigo el teléfono. Estaba “metida” en una estúpida cola para pagar por el punto de débito al mismo tiempo que una angustia me corroía… Maya, tuvo mejor suerte que yo y logró hablar con él por teléfono, logró decirle que ella tampoco estaba en casa pero lo animó a esperarme…y él me esperó todo lo que pudo. Lúcido y decidido, llegada la hora, le dijo a mi vecina que se iría, que de seguro yo habríame ido a otra parte,..Cuando en 1994, a pesar de todos mis ruegos, crucé el mar de Cuba rumbo a Maracaibo no estaba por saber que me esperaba el cobijo cálido, amoroso, delicado y profundo de mi relación con el pintor surrealista venezolano José Ramón Sánchez. Cada vez que con él hablaba al teléfono, en la despedida, le dije siempre que lo quería. Silencio, supongo que lleno de estupor y emoción, me agradecía. Maya ha guardado con celo éstas fotos. Recuerdo bien la visita que nos hiciera en el apartamento de La Florida, en Enero de 2011. Está preocupado por los jóvenes pintores, por si acaso entienden el cómo uno-él se tiene que jugar la vida para hacer Arte…de esto y más está hablando apasionadamente en la primera imagen. Al año siguiente, Agosto 18 de 2012, ha escrito Maya al pie de cada foto, estuvimos con él en su casa soñada, su última casa, frente al Mar Caribe en Sabaneta de Palmas.

Hoy, camino a mi clase en Los Puertos de Altagracia, me conmovió

” la presencia de su ausencia”.

Lo extrañé. Se me llenaron los ojos de lágrimas. Riendo y llorando le conté a mis estudiantes una de las historias de su vida que más me gustaba y divertía, la de su encuentro con André Bretón, en París. Él estaba sentado en una mesa, en cualquier Café parisino, dibujando. Alguien, irrumpe y se sienta a su lado, habiendo, claramente, más mesas disponibles. José Ramón le pide que se vaya a otra mesa, que no lo importune. A Bretón, a quien no le ha importado que le pida que desaloje, se queda y comienza a hablarle de <<El techo de la ballena>>. Sabía el surrealista francés del grupo de jóvenes poetas, narradores y pintores que revolucionaron la escena artística y pública de la Caracas de 1961. El cuento de Bretón sobre Venezuela, lo enganchó en la conversación, claro está. Mientras la conversación en cuestión discurría, desde otra mesa del mismo Café, compañeros de aula de José Ramón se admiran de verlo charlar con el Maestro. A la postre y con el desenfado que siempre lo caracterizó, el único que no sabía que hablaba con el mismisímo André Bretón, era José Ramón Sánchez. Me impresiona su obra. Pude ver el mítico cuadro suyo <<San Francisco, al fín>> en la retrospectiva que organizó el Museo de Arte Contemporáneo del Zulia. Me conmueve visceralmente la forma modesta, anónima, desprendida, honesta, generosa y poderosamente humilde en la que vivió y creó. Cada vez que los árboles que hemos sembrado en Punta de Leiva crezcan, aunque sea imperceptiblemente, estaremos recordandote. “Bah, decía, con fina ironía y humor, tienen que pasar muchos años para que estos árboles crezcan” Probablemente su forma de percibir que el paso del tiempo venidero ya no lo contendría. Te querremos siempre, siempre. Vuela en paz.

#DondeEstáAlcedoMora

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