La mudanza del ancanto: Las huestes de Cristóbal Colombo

Categoría: foto plana,Guarureando |

1393_3_galeriabigJuan(cho) José Barreto González
inyoinyo@gmail.com

El hombre rompió el cordón umbilical. Es más, reniega de él y, por lo tanto de sí mismo. Se volvió bestia traga metales como esas maquinitas con campanas que traían a las ferias de Santa Rosa. Recuerdo los cuentos de las cuentas de vidrio que cambiaban los indios por oro. Quien nos enseñó el gran negocio fue el famoso Crisóstomo Colón porque según su pensar “con el oro se hace tesoro y se conquistará el Santo Sepulcro”. El oro es el mineral rey y en su reino cohabitan diamantes y coltanes. Pero, sobre una barra de oro no nacerá una flor. El universo mitológico del oro trocado en el camino hacia El Dorado se volvió territorio de las multinacionales. Un largo proceso cultural de profunda racionalidad aurífera conduce hoy día a la más aberrante entrega, en un solo plumazo, de un territorio inmenso: doce mil kilómetros cuadrados. Casi dos veces la extensión del Estado Trujillo. Pero el tesoro real para la vida es la naturaleza en cuyo vientre reposa los minerales que la ambición capitalista ha convertido en sus dioses. Ya no es el Santo Sepulcro objetivo de la guerra de las cruzadas. Abrir el vientre de la tierra, envenenando las aguas para extraer “la energía que mueve al universo”. La paradoja, la ironía: la energía que mueve al universo aniquilando al universo. Jamás podrá comprenderse este código como un principio revolucionario.

El hombre al romper el cordón que lo unía a la naturaleza se volvió su principal enemigo. Esta ruptura en esa cultura se volvió dominadora y convierte a la naturaleza misma en una empresa. No es un mundo para vivir sino un lugar que provee grandes ganancias a los dueños de esa empresa, técnicamente especializada para exprimir hasta la última gota esa energía que mueve al planeta de hierro. Es la marcha hacia el suicidio, marcha acelerada cada vez hacia la muerte de la humanidad. Le sirve al gran capital de efialtes y le enseña el camino a El Dorado. Los colonizados por Colón hacen los planes del “arco minero” y han caído serviles bajo los efectos de tan antiguo veneno, “aquí nace el oro que traen colgado a la nariz”. Los colonos al servicio del verdadero amo y señor del universo. Me quitan lo que es mío y lo que celebro como mío. Me quitan el aire y el agua, el verdor de los árboles. Es mío pero permito el arrebato, lo justifico, cierro los ojos para no ver la tragedia o miro hacia los lados. Silbo una cancioncita mientras el arco se tensa, y la cerda impulsa una enorme flecha que envenena mi corazón. Traían esos hombres enormes cestas llenas de objetos extraños, y dados a la palabra fácil nos hacían entender que nuevas cuentas de vidrio vienen por el río. “En nombre de su majestad tomo posesión de estas tierras”.

#DondeEstáAlcedoMora

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