Y ahora, el trabajo forzoso

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María de la Esperanza Hermida @espehermida

La realidad evidencia que las expropiaciones de haciendas y empresas e industrias agropecuarias productivas, que pasaron de manos privadas a la explotación por parte del Estado conducido por los falsos socialistas, las arruinaron y ocasionaron miles de despidos. Bajó abruptamente la superficie territorial cultivada y la caída en la producción agropecuaria nos llevó a la crisis alimentaria más brutal que conocemos desde la guerra de independencia


Al más genuino estilo de la era estalinista, el Ministerio del Trabajo estableció el régimen laboral forzoso en Venezuela. Así lo pauta la Resolución 9855, G.O. 40.950 del pasado 22 de julio. El trabajo forzoso es supuestamente temporal y tiene carácter obligatorio para todas las entidades laborales venezolanas, sean públicas, privadas, de propiedad social o mixta. ¿Quién y cómo se selecciona la gente que lo cumplirá y donde? No se sabe.

Uno de los fundamentos de este régimen es, nada más y nada menos, el Decreto N° 2.323 que declaró el Estado de Excepción, cuestión que entre otros aspectos evidencia el carácter estalinista de la medida. La denominada inserción temporal de trabajadores en “aquellas entidades objeto de medidas especiales implementadas para fortalecer su producción”, anuncia una política de desplazamientos internos programados, que dispara todas nuestras alarmas, pues además del aspecto laboral, es una violación masiva a los derechos humanos.

Se trata del Estado disponiendo de la vida de la gente y con ello, imponiendo formas inciertas de vivienda, disgregación de la familia, afectación al estudio y otras implicaciones. De suyo, hablar del trabajo involucra obviamente el tipo de labor, su remuneración, el horario y la jornada de trabajo y un largo etcétera. Pero el impacto global que la implementación de esta medida puede significar, abarca la vida de quienes trabajan, de manera integral. Puede afectar incluso la forma de la sociedad que conocemos, cultural e históricamente en Venezuela.

Recreando un poco las líneas de ese clásico literario de Kafka, titulado La Metamorfosis, imaginemos que usted es un joven técnico con 35 años de edad y que su bella esposa, maestra de escuela, parió hace un año al menor de la familia. Supongamos que usted vela por su hermanita de 13 años, quien no disfruta de buena salud pues nació con un riñón disfuncional. Pensemos que usted trabajaba en un silo ubicado en el estado Portuguesa, el cual dejó de producir por falta de materia prima y que por ese motivo, ahora usted labora en la vigilancia privada. Usted no apoya al gobierno. Una autoridad oficial decide requerirlo en Monagas. ¿Qué pasa con su vida?

La Resolución 9855 establece que “…los trabajadores requeridos y las trabajadoras requeridas, prestarán sus servicios en las entidades de trabajo requirentes o solicitantes, por el lapso de sesenta (60) días, prorrogables por igual tiempo si las circunstancias lo ameritan ” Ahora bien, ¿quién determina esas circunstancias? Cabe además una serie de interrogantes acerca de los rubros a producir por la entidad solicitante, la organización de esa producción, su distribución y su precio.

Hasta la fecha, los ensayos del falso socialismo chavista – madurista en materia de producción y distribución alimentaria, fracasaron de manera estrepitosa. Es decir, no surtieron efectos favorables para la población. Su eficacia se materializó en las extraordinarias ganancias que generaron los negociados gubernamentales, por vía de la corrupción. Ello, reconocido por representantes gubernamentales a lo largo de los últimos 3 lustros. El mismo Chávez y a veces Maduro, expresaron en sus discursos algunas arengas contra la corrupción.

La realidad evidencia que las expropiaciones de haciendas y empresas e industrias agropecuarias productivas, que pasaron de manos privadas a la explotación por parte del Estado conducido por los falsos socialistas, las arruinaron y ocasionaron miles de despidos. Bajó abruptamente la superficie territorial cultivada y la caída en la producción agropecuaria nos llevó a la crisis alimentaria más brutal que conocemos desde la guerra de independencia.

El trabajo forzoso tiene entre los primigenios convenios de la OIT su principal rechazo. Todos los instrumentos que protegen la libertad del ser humano a nivel mundial, objetan los campos de concentración nazis, la zafra obligatoria y los nuevos GULAG.

#DondeEstáAlcedoMora

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