No se trata solo de “la dieta de Maduro”

Categoría: Guarureando |

La Izquierda Diario | Ángel Arias

La sorna del lenguaje común cotidiano ha traducido una idea política que parece muy lógica. Sin embargo, puede ser tierra en los ojos para tapar lo más importante. ¿No existe el legado de Chávez? ¿Y la clase dominante nacional y el sistema financiero imperialista?

Por estos tiempos se nos ha hecho común, cuando alguien ve a un compañero de trabajo, amiga o familiar más delgado, escuchar la joda: “¡Coño, así te tiene la dieta de Maduro!” No importa si se es opositor, chavista, ni-ni, la broma se hace presente, incluso la puede decir la misma persona objeto de la novedosa baja de peso. Puede ser esa “capacidad de burlarnos de nuestras desgracias” que tan bien se nos da, esa fulana idiosincrasia nuestra –trabajo pendiente es revisar qué tanto sirve como “opio del pueblo” para aliviar el espíritu ante los males, o qué tanto le es funcional a las clases dominantes como resignación de los de abajo.

En todo caso, como parte de nuestra profusa capacidad de hacer chiste de nuestros males, se ha colado este frase, que expresa, sin embargo, una idea bastante seria y de implicaciones político-sociales profundas: la tamaña crisis nacional actual –ilustrada, entre otras cosas, en que muchos estemos comiendo menos, u otros directamente pasando hambre– se reduce a Maduro. Esta idea la abandera fundamentalmente la oposición de derecha.

Aunque no solo la derecha, también un sector del chavismo apunta a Maduro, ocultando por completo la responsabilidad de los casi 15 años de gobierno de Chávez. Es el caso, por ejemplo, de Marea Socialista (de cuya “crítica” parcial e inconsistente hemos dadocuenta en este otro texto). En ambos casos, tanto en la derecha como en la izquierda chavista (ahora) crítica, hay oportunismo: en esa izquierda (pro-gobierno hasta hace escasos dos o tres años), para no cuestionar en lo absoluto su subordinación al proyecto y liderazgo que nos condujo hasta aquí; en la derecha, para hacerse más rápidamente de apoyo popular sin chocar directamente con la simpatía popular de que goza Chávez aún en amplias franjas de la población.

En el caso de la derecha, además, busca ocultar la relación de dependencia del país y el parasitismo de la burguesía nacional como razones de la crisis.

La subordinación del país al capitalismo imperialista

A ver, un punto neurálgico de la crisis es la relativa “escasez” de divisas del país, es decir, que los dólares con que cuenta son menos que los que necesita su economía: para adquirir en el exterior materia prima, repuestos, equipos industriales, maquinaria, medicinas, alimentos, etc. Pero no solo para eso necesita dólares, también, por ejemplo, para pagar deuda externa: es una cantidad enorme de dólares los que se van por esa vía al capital financiero imperialista, que vive de la usura contra países y pueblos enteros. Solo entre el año pasado y lo que va de este – según declaraciones del propio Maduro – se sustrajeron al país más de 30 mil millones de dólares, nada más en junio fueron 80 millones.

La deuda “eterna” es una verdadera sangría nacional. ¿No tiene nada que ver con que el país tenga menos dólares que los que necesita, por ejemplo, para importar comida, o materias primas y equipos para la industria alimenticia? Este año la reducción de asignación de dólares para importaciones ha sido drástica… pero ha aumentado la cantidad de dólares pagados en deuda externa.

Otra vía consuetudinaria de succión de riquezas son la empresas de países imperialistas (en banca, telecomunicaciones, agronegocios, petróleo, gas, infraestructura, etc.) que, aprovechando los recursos naturales y la fuerza de trabajo nacional (es decir, la clase obrera) –además de variadas exoneraciones impositivas– logran una plusvalía que, generada aquí, se va a las potencias imperialistas.

Hablando de exoneraciones de impuestos, mantenemos con casi todos los países imperialistas “tratados contra la doble tributación”. En el caso del tratado con EE.UU., por ejemplo, suscrito por el propio Chávez en el ‘99, empresas estadounidenses (y tenedores de deuda venezolana) no pagan impuestos aquí sino en su país de origen: según cifras publicadas por Luis Britto García, la pérdida del país es de 17 mil millones US$ al año.

A su vez, por el rol asignado -impuesto, valga decir– a Venezuela por la división internacional del trabajo en la época del capitalismo imperialista, ser exportador de materia prima e importador de buena parte de lo que se consume y de casi todo lo que se necesita para producir, el país sufre otra presión hacia la escasez de divisas, porque la suma de esas compras tiende cada tanto a costar más dólares que los que puede soportar el ingreso petrolero.

De manera que no puede explicarse la restringida “dieta” de dólares que vive el país sin comprender el sometimiento a las determinaciones económicas del capitalismo imperialista: una transferencia sistemática de recursos desde los países periféricos hacia las potencias.

La corrupción del Estado capitalista y los intereses de la burguesía nacional

¡Pero no solo está el ladrón extranjero, sino también el nacional! –para usar la expresión de Julio Antonio Mella. En la gigantesca fuga de capitales de la última década y media hay que buscar también las razones de nuestra actual “dieta”: solo entre 2003 y 2013 los depósitos de dólares de venezolanos en el exterior crecieron 340%, aumentando de 49 mil millones a casi 167 mil millones. Según Maduro –citado por el ex ministro Navarro en su reciente comparecencia ante la Asamblea Nacional– son 300 mil millones de dólares en total los que venezolanos tienen fuera del país.

El ejemplo más conocido es la denuncia de la ex presidenta del BCV, Edmée Betancourt, sobre los 20 mil millones US$ que en 2012 se fueron en “empresas de maletín” o “demanda artificial no asociada a la producción”.

Por otra parte, los empresarios son drásticos e intransigentes en cuanto a sus ganancias: si no les dejan ganar lo que consideran aceptable para su rentabilidad y bienestar, se niegan a invertir y boicotean la producción. Para eso exigen que les dejen subir los precios como les dé la gana y explotar a los trabajadores como quieran.

Es por eso que la supuesta preocupación de la clase capitalista nacional (opositora la mayoría, aunque también chavista) por el “desarrollo de la producción” es puro cinismo, su verdadero interés es el de sus ganancias: si las puede obtener fácilmente fugando capitales, ¡al diablo la producción nacional!, si ve estancarse o reducirse los niveles en que extrae plusvalía de sus trabajadores, ¡le importa un comino despedir y reducir la producción o cerrar una fábrica!, si no puede esquilmar a placer el bolsillo obrero y popular con los precios, ¡chantajea: “no produzco”! La burguesía le niega recursos al país y boicotea su producción si no le conviene a su interés de clase, así de sencillo.

“¡Al ladrón, al ladrón!”

La importancia de discutir esto es que tras la lógica del chiste se ha llegado a imponer como sentido común ubicar la responsabilidad de la crisis casi exclusivamente en Maduro y derivar de allí la lógica solución: salir del tipo. Se comienza a hacer cada vez más común escuchar en las quejas ante la situación: “es que este tipo insiste en aferrarse al poder”. Es una victoria de la clase capitalista y sus más genuinos representantes políticos (la MUD), porque logra ocultar su principalísima responsabilidad en la crisis que se nos descarga con fuerza, logrando que el hastío popular se enfile preferentemente hacia quien, ciertamente, es responsable, pero de ningún modo el único.

Es muy importante porque tras el discurso de la oposición de derecha está la idea de identificar la crisis con los mecanismos de regulación estatal y la corrupción, tapando así tanto la expoliación que pesa sobre el país por parte del capital imperialista, como la posición miserable de la clase capitalista nacional, que es totalmente indolente ante las necesidades del pueblo trabajador.

La pose del empresariado nacional sería la de un criminal que, habiendo matado, pica adelante señalando como responsable a otro asesino, para evitar pagar por el crimen propio.

Las condiciones estructurales de esta crisis son parte del “legado”

Pero aún queda algo por precisar, estas condiciones estructurales de la crisis, que Maduro ha mantenido, ¿se generaron acaso en dos o tres años de su gobierno? No.

Hoy explota el hecho de que durante todos los años anteriores, los años de Chávez en el poder, mientras por la puerta entraban más recursos por concepto de renta petrolera, por la ventana se seguían yendo mediante importaciones de todo tipo, pagos de deuda externa, ganancias de las transnacionales y fuga de divisas, a su vez, la burguesía nacional siguió embolsillándose gran parte de las riquezas nacionales e imponiendo sus intereses. Entonces, se cumplió la “fatalidad” del capitalismo dependiente nacional: “no alcanzó la plata” para desarrollar la producción nacional.

Pero no solo esas, también otras condiciones legó Chávez. Una burocracia estatal altamente corrupta, ¿acaso no se gestó y actuó bajo Chávez? El poder de los militares en el control de áreas económicas desde donde se garantizan negocios personales y corrupción, ¿no es acaso obra de Chávez –profundizada por Maduro, claro está?

Entonces, en realidad no estamos comiéndonos solo “la dieta de Maduro”, es la dieta que le impone al país el capitalismo imperialista, es la dieta que nos impone la clase capitalista nacional, y es la dieta de las condiciones estructurales que ya existían con Chávez: la dependencia nacional y el rentismo se mantuvieron incólumes en década y media, el pago y aumento exponencial de la deuda externa lo llevó a cabo Chávez, la mayor parte de la fuga sistemática de capitales se permitió bajo presidencias de Chávez, una burguesía nacional con poder de chantaje también se le debe a Chávez, pues siempre quiso convencerla de que se hiciera “productiva” y “nacionalista”.

Maduro es responsable de la magra situación que vivimos los trabajadores y el pueblo pobre, por supuesto, pero no lo son menos los capitales imperialistas y la burguesía nacional, que pretende limpiarse de responsabilidad y legitimar un cambio de gobierno totalmente servil a sus intereses. Maduro es responsable, pero no por romper con el legado de Chávez, sino por administrar las condiciones que éste le legó.

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