Raúl Zibechi ante este laberinto y nuestra dignidad

Categoría: Guarureando |

Pueblos en camino

Resulta tan fácil nombrarlo como difícil llevarlo a la práctica y encontrar salidas. Tal es el desafío que nos convoca. Pero como la muerte y el despojo no son nunca opciones, para reconocer la tormenta y retomar el rumbo por un mundo de muchos mundos otro, posible y necesario, para avanzar en la tarea de entender y conocer desde el camino, para ir recuperando los territorios conscientes de las amenazas y de los peligros, presentamos un texto introductorio y echamos mano de nuevo de los análisis y lecturas de Raúl Zibechi y compartimos tres textos y dos entrevistas en video, todos recientes y que, en su conjunto y reapropiados desde abajo, pueden ayudarnos en esta tarea de volvernos a levantar y ser por fin, nosotras y nosotros.

¿Dónde Estamos? Pueblos en Camino

Reducir la ciudadanía al consumismo, degradando movimientos sociales, procesos de lucha y agendas creativas a cambio del poder adquisitivo que, a su vez, se convierte-reducido y degradado- en capital político-electoral, “saca a millones de pobres de la pobreza”, según datos econométricos, a la vez que transforma procesos y proyectos de transformación social en mecanismos prácticos de reforzamiento del sistema capitalista desde dentro y en sus términos renovados. Las “ventajas comparativas” son para todos, aparentemente. Un “business is business” suplanta el anhelo de crear sociedades otras solidarias y tejidas sobre la base de la justicia social y de dejar atrás la codicia, la explotación del trabajo como plusvalía, la mediación del dinero, el individualismo a ultranza y la propiedad privada, lo mismo que las viejas prácticas políticas corruptas, jerárquicas y autoritarias. Ese es, seguramente el precio que se paga por entrar al Estado, a la institucionalidad del sistema pretendiendo o teniendo que gobernar desde arriba y adentro al aceptar la condición esencial del régimen: no se puede gobernar con los pueblos, se gobierna sobre estos argumentando como siempre que es para estos. Claro que todo esto es mucho más complejo y complicado, pero ello no obsta para que esbocemos y reconozcamos sus rasgos esenciales. Claro que hay maquinarias golpistas y terroristas activas, generando terror, manipulando y mintiendo y hay que reconocerlas, señalarlas, resistirlas y nunca ignorarlas, pero no deben ser pretexto para encubrir errorres y abusos. Claro que son peores los gobiernos de las derechas de Colombia, México, Honduras, Guatemala, etc. pero los seguimos resistiendo y sabiendo que ellos no pretenden ser nosotros ni llegaron al poder por nuestras luchas. Claro, muy claro, que, digan lo que digan para encubrir o no reconocer sus faltas, estamos contra el sistema capitalista, lo denunciamos, lo resistimos y no somos golpistas de derecha.

Las promesas que demanda el mercado electoral se tejen a las ilusiones de los abajos movilizados y muchas, muchos, esperan una transformación inmediata y total. Otros, aceptando los ritmos y mecanismos de las maquinarias del régimen, ahora en manos de las “izquierdas”, llaman a la calma, a esperar, a entender, a no meterse, a aceptar lo que se pueda, entregando como un cheque en blanco la lucha, la agenda, la confianza y todas las decisiones al gobernante en su sabiduría. Uno y otro mecanismo obran en contra de seguir construyendo desde abajo y de servirse en lo posible de los gobiernos para evitar poner a los pueblos a su servicio. Lo esperado, a pesar de todo y con la firme presión de los pueblos era que los gobiernos progresistas contribuyeran a una transición en la dirección de esa transformación exigida, revolucionaria y necesaria. Era el sentido de muchas luchas y procesos entre los que están por ejemplo los del MST, de la CONAIE y los alzamientos del Ecuador, de las guerras del Agua, del Gas, contra el paquetazo neoliberal y el extractivismo minero en Bolivia y, la primera de todas estas y la inspiración de las demás junto con Lavalas desde Haití: el Caracazo de Venezuela. Otro mundo posible y necesario desde abajo. Eso, no el consumismo, el pragmatismo electoral, la entrega de recursos y territorios, la destrucción o captura de movimientos y procesos y el incalculable enriquecimiento de una nueva élite burguesa izquierdo-parlante, dio origen a todos y cada uno de los gobiernos progresistas.

De estas luchas, su cotidianidad, creatividad, compromiso, sentido transformador, potencial revolucionario, movilización, dinámicas complejas, relaciones con lo electoral y luego, de los avatares de los gobiernos progresistas, los contextos y condiciones que enfrentaron, sus decisiones, alianzas, impactos esperanzadores, pero también distorsionados y destructivos sobre los movimientos sociales, indígenas y populares, a la vez que de las presiones desde y las alianzas con el capitalismo, la perpetuación de las inequidades como corolario del consumismo acrecentado y de toda la confusión y el deterioro que siguieron y siguen y que aprovecha el golpismo del capital transnacional para ganar tanto con estos estados progres como con su derrocamiento, nos ha enseñado como nadie Raúl Zibechi.

Son tiempos muy confusos y difíciles en los que saber quienes son ellos y quienes nosotras y nosotros se ha vuelto tan difícil como indispensable. Desde el poder hasta las células locales de los procesos, la explotación y el pragmatismo consumista al servicio de la acumulación concentrada de riquezas, sustento esencial del capitalismo, ha ido ocupando los espacios y apropiándose de los discursos y de las causas. Este neo-capitalismo consumista con discurso transformador corrompe. Enriquece mucho, muchísimo, tanto a una camada de líderes, como a grandes sectores del capital corporativo y financiero (los de siempre y unos nuevos, en particular Chinos), a la vez que crea redes y aparatos bien financiados a base de lealtades y obediencias debidas para reproducir y defender lo que haga el establecimiento progresista (incluidos, por ejemplo, medios de comunicación y propaganda que así como son del críticos y minuciosos frente a la derecha, se han puesto al servicio no del aporte crítico a estos procesos sino de la crítica a cualquier crítica y de la defensa a ultranza de estos gobiernos). Justifica y encubre maniobras, prebendas, robos, sobornos, en fin, dinámicas mafiosas que todo el mundo ve y conoce, pero que no se delatan hasta cuando estallan porque de un lado tienen beneficiarios de arriba a abajo a quienes les conviene todo esto y por otro, porque denunciarlos, siempre, termina ayudándole al golpismo de derecha. Los programas sociales exitosos y necesarios se convierten en asistencialismo insostenible, o en una inversión limitada en proporción a lo que se orienta hacia los intereses del gran capital. Así, la minería a cielo abierto, la explotación de hidrocarburos, la imposición de transgénicos y agronegocio, se combina y encubre con proyectos de seguridad social y subsidios a familias.

La deslealtad con los procesos y proyectos colectivos surgidos y controlados desde abajo, reclama y necesita de la lealtad de los abajos confundidos y habitantes de un mundo ajeno, creado en su nombre, con sus entregas y fuerzas, para propósitos contrarios y contradictorios que además, los reducen, si acaso, a consumir, pero en general, a la sumisión, a la pobreza de siempre y a una impotencia entre el silencio de la lealtad frustrada y manoseada y la amenaza siempre en ciernes del poder de las derechas imperiales de siempre.

En medio de este caos, re-surgen poco a poco los pueblos y sus procesos. Las semillas de “mandar obedeciendo” van germinando de nuevo. El abajo empieza a distinguir y diferenciarse de ese arriba izquierdo-indígeno-popular-parlante que ha desviado el rumbo. Hoy mismo, la marcha y el levantamiento indígena y popular en el Ecuador son ejemplo claro de esto. Exigen recuperar lo que ha sido siempre suyo y, aunque divididos por el consumismo y los enormes programas y dispositivos de captura asistenciales, desconcertados y sin saber quién es quién en esta maraña de retóricas, recursos, cargos y amenazas, re-toman su palabra y su camino, lo van haciendo, lo están haciendo. En algunos lugares se les acabó la paciencia del llamado al diálogo, a corregir el rumbo, una y otra vez invocado por ellos, una y otra vez negado o manipulado por los gobiernos. TIPNIS, gasolinazo, Yasuní, minería a cielo abierto, agronegocio, monocultivos, extractivismo, endeudamiento externo, malgasto de recursos, cadenas de corrupción, privatización del agua, autoritarismo, ataque a organizaciones colectivas-comunitarias indígenas y populares, apertura a inversiones extranjeras en condiciones de perdida de soberanía, firmas de tratados de libre comercio de rodillas, señalamiento de toda y cualquier protesta legítima como golpista, de derecha, apoyada por la CIA y mucho más y peor. La dignidad se va tejiendo de nuevo en condiciones aún más adversas que la de los levantamientos de los 80 y 90 que dieron origen a este ciclo que termina y termina mal. Pero con una ventaja potencial, si la sabemos reconocer y actuamos con sabiduría: queda claro que es desde abajo, desde las comunidades y colectivos urbanos y rurales desde donde se generan las alternativas y los caminos, que el capitalismo disfrazado de izquierda y presentado como progresismo y socialismo del siglo XXI, no es el proyecto de los pueblos y profundiza inevitablemente esta crisis que aprovechan las derechas imperiales, en la que nos hunden las izquierdas progresistas, que simultáneamente desdibujan y debilitan a los procesos indígenas y populares.

Los desafíos que esto convoca son enormes. Hoy, quienes no han perdido el rumbo, o lo recuperan, no se han dejado engañar, no se han vendido y no se han cansado, deben organizarse y lo hacen con todo en contra, excepto su dignidad respaldada en la claridad que da la memoria y la experiencia y el tener que enfrentar más allá de retóricas y amenazas la muerte por extractivismo, despojo y represión, venga de donde venga, o la única salida posible hacia la vida que es su propia agenda de agendas desde los abajos urbanos y rurales frente a esta hidra y a esta tormenta. No puede ya confundirse la lealtad con quienes han abandonado el camino con la resistencia al golpismo imperial. Unos y otros son ellos.

Resulta tan fácil nombrarlo como difícil llevarlo a la práctica y encontrar salidas. Tal es el desafío que nos convoca. Pero como la muerte y el despojo no son nunca opciones, para reconocer la tormenta y retomar el rumbo por un mundo de muchos mundos otro, posible y necesario, para avanzar en la tarea de entender y conocer desde el camino para ir recuperando los territorios conscientes de las amenazas y de los peligros, echamos mano de nuevo de los análisis y lecturas de Raúl Zibechi y compartimos tres textos y dos entrevistas en video, todos recientes y que, en su conjunto y reapropiados desde abajo, pueden ayudarnos en esta tarea de volvernos a levantar y ser por fin, nosotras y nosotros. ¿Dónde Estamos? Pueblos en Camino

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