Tiempo de Bandidos

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 Juan Carlos La Rosa Velazco

Este texto fue publicado el año pasado 17 de febrero de 2014 a las 8:19 enlace en la guarura: http://laguarura.info/?p=13157  hace algunos días leí la intervención de Mario Sanoja en un Encuentro Cultural , en la que exponía los resultados de una investigación genética que estima que el adn indígena en Venezuela aún es del 70 %, el africano es del 20% y el blanco se pelea avasallado el 10 % restante. Aún si estas cifras se redujeran un poco afianzan lo que el sentido común puede percibir al recorrernos. La tesis de la desaparición del Indio y del mestizaje integrador del negro es una farsa que prolonga la alienación colonial de nuestros pueblos.
Una frase sin registro ni dueño que se escapo por debajo de las puertas de Miraflores evidencia dolores y vergüenzas: “no podemos entregarles a los indígenas su territorio porque tendríamos que entregarles medio país y parte de Caracas y tenemos una responsabilidad que nos dio la mayoría de este pueblo” Esa voluntad del poder sentenció a Sabino Romero Izarra a muerte pero nos marcó un camino de consecuencia que tarde o temprano recorreremos superando las asimilaciones que el poder blanco hace de nuestros muertos.
Siguen en escenarios de poder diciéndonos que el negro y el indio estaba equivocado y que luego se dio cuenta de que la libertad era su causa, cuando fue el blanquito que acomodó su discurso para sumarnos a  su causa.

 Presentación del Encuentro de muñequeras y muñequeros en conmemoración de la Batalla de la Victoria y de la Rebelión Popular de 1814

“el bandido siempre se les desaparece entre la gente, porque todos lo protegen, todos los pobres con su trocha mágica por donde extiende su interminable fuga”. Bandido. José Quintero Weir

El día de hoy se trata de bandidos, de gentes fuera de la Ley, de saqueadores, de una chusma profanadora e incontrolable, de un enjambre de odiosas hormigas que aterrorizan y acaban con la paz de los ciudadanos de bien, de los ciudadanos de primera, un enjambre de bachacos hecho multitud, dispuestos a profanar hasta los altares mas sagrados.

1814 es un año de bandidos.

Al corazón capitalino de las fuerzas patriotas no les llega suficiente abastecimiento, apenas por Oriente llegan escasos víveres, igual a Valencia, las familias mantuanas se encierran en sus casas y los pobres evidencian el hambre en las calles. No llegan víveres. Lo poco, llega de Oriente y lo que llegaba por los puertos de la Guaira y Puerto Cabello dejó de llegar, las hordas indescriptibles comandadas por el Taita José Tomás Boves aún están en los Llanos Centrales y en Guárico y ya se siente la agonía y el asedio, Las fuerzas Patriotas están trancadas por Boves, todos se sienten en una enorme y terrible trampa.

1814 es el año en que se cosechó el miedo.

Todos los criados y esclavos de la casa, son sospechosos de ayudarlo a Boves, de trabajar en secreto para el, de espiar a las buenas gentes. La Nanas esclavas dejan de ser confiables para amamantar a los niños mantuanos, Boves no deja vivos ni a los inocentes. Los blancos temen dormir, pudieron dormir con los fusilamientos continuos del decreto de Guerra a muerte a metros de sus casas, pero la sola evocación de Boves les quita el sueño, Boves es inesperado y oscuro cómo la muerte.

Se multiplican los castigos y las ejecuciones de esclavos, y sin embargo la enfermedad del miedo crece, ni la sangre de los sospechosos logra detenerla, la mala hierba crece, Por primera vez los ciudadanos de Caracas ven sus privilegios como un pecado que les puede traer la horrorosa muerte. La mala hierba se cómo los pisos de mosaico traídos de Andalucía y de Flandes que adornan los corredores de las casas de Caracas.

1814 es el año de la rebelión.

Un buen día un esclavo a caballo, capataz de hacienda, es desmontado con violencia y golpeado hasta morir por una turba rabiosa, Su amo al ser avisado, sólo encuentra de el unos pocos despojos, parecía que se lo hubiera comido una bestia, La gente dice que “un negro a caballo es gente de Boves”, que “los negros no deben andar montados”. La gente es la bestia del miedo devorándose las almas.

Una esclava envejecida al servicio de su ama, ante el castigo del fuete, por primera vez la mira a los ojos y le dice: “si me pega, mis hijos que están con Boves, vendrán a disponer de usted mi ama”.La doña se detiene y se marcha en silencio.

Nada pueden hacer las autoridades, los esclavos y criados, los empleados de tienda, los artesanos huyen al monte todos los días con monturas y herramientas de trabajo que pronto se convierten en armas. Unos van a los llanos centrales y otros se unen a las guerrillas que esperan a Boves en los Valles del Tuy, asediando las rutas del ejército patriota.

¡Nos tienen miedo!, resuena fuerte en la nueva y difícil conciencia de los desposeídos, indígenas, negros, sambos, mulatos, pardos, blancos pobres. ¡Nos tienen miedo!. Por primera vez la calificación despectiva con que nos clasifican los señores, cómo si fuéramos unas razas de bestias, adquiere una cualidad ofensiva a nuestro favor.¡Nos tienen miedo! Y las mujeres y los hombre invisibles van descubriendo la posibilidad de construir una esperanza práctica, inmediata y verdadera sobre ese miedo de los señores y timoratos.

Dicen que Boves manda a matar a todos los blancos y dueños de hacienda y entrega la tierra a los pobres”. Y el hormiguero trasmite como si la electricidad ya existiera, la energía de las consignas incomprensibles que vienen de los llanos centrales, de donde los pobres viene cargando a caballo y lanza en una multitud incontenible.

Para nosotros, el miedo de ellos es nuestra primera alegría, como volver a nacer sin látigo y sin cadenas. Aún desconocemos la palabra libertad, por que cuando la escuchamos por primera vez es una palabra ajena pronunciada por el señorito al que le preparamos la montura para que vaya a su paseo. Para nosotros la sangre ahora tiene otro ritmo, el ritmo de los caballos en que vienen nuestros hermanos y hermanas desde los llanos centrales.

1814 es el año en que los pobres entran a la guerra.

José Felix Ribas era hijo de hacendado que recorrió por primera vez las calles de su ciudad natal en su adolescencia, su padre don Marcos, Canario de origen lo mantuvo en la finca agrícola y ganadera tenia a las afueras de Caracas, se crió entre esclavos africanos y su identidad con ellos fue tal vez una de las razones por las cuales fue uno de los más furibundos abanderados de la abolición de la esclavitud.

Aprendió a convivir con los humildes y a ganarse su voluntad con el ejemplo del trabajo esforzado y no compartía los amaneramientos de la corte real que mal remedaban los mantuanos criollos y los pardos adinerados. Para 1814 era uno de los jefes políticos y militares más destacados del ejército Patriota, lider reconocido de los pardos. Todos sus lugartenientes, sin ningún grado concedidos por el Alto mando, eran negros y mestizos. El cuerpo principal de su ejército, su ariete de lanceros a caballo rivalizaba en arrojo con el de Boves y Zaraza y era de igual extracción.

Dicen inciertos tal vez nunca probados que su padre lo puso en brazos de su madre oficial cuando clareó su piel aunque no sus rebeldes cabellos.

1814 es el año de los pueblos en lucha.

La batalla de la Victoria es un incidente formidable que reúne todas las claves de lo que sucedería en los años siguientes, su tiempo marca la entrada definitiva de las mayorías a la guerra y en pocos años, también desde los años los mismos que siguieron a Boves sería el componente fundamental de los ejércitos independentistas.

Falso como todos los recursos del poder ha sido por 200 años la consagración a la juventud de esta fecha, los jóvenes a los cuales se honra eran mantuanos estudiantes del seminario de Santa Rosa de Lima de Caracas, colegio de las clases pudientes de la época, hijos de dueños de esclavos que en medio del terror fueron sumados a los refuerzos que Caracas le envía a Ribas. Cierto es que no tenían experiencia militar, que no tenían que estar allí.

Ribas, implacable y consciente de su responsabilidad en la batalla, ordena darle los peores fusiles, los inservibles, y ponerlos en la primera y más precaria línea defensiva de la ciudad. Mientras más rápido mueran menos estorban. Y así fue. La Oligarquía jamás hubiera celebrado esta batalla cómo de la juventud de no ser por ellos.

Ellos, desdichados que apenas eran un símbolo vergonzoso y cobarde de lo que agonizaba. Y lo que agonizaba era el intento de hacer una revolución de mentira, sin incluir a las mayorías populares y a su aspiraciones y consignas, una revolución para darle más poder a los ricos y mantener a los pobres subordinados.

La Oligarquía no hubiera considerado que la mayoría de los otros y verdaderos soldados descalzos del ejército patriota y del ejército de Boves, eran jóvenes de nuestros pueblos. La Oligarquía y los señoritos en el poder no hubieran celebrado de no ser porque estos jóvenes inútiles y carne de cañón del poder desesperado eran de dos y tres apellidos y sus madres entraban a Catedral con mantilla y crucifijo de oro peruano.

En ambos ejércitos que chocaron en La Victoria no sólo había jóvenes, sino ancianos, mujeres y niños, sus caballos se preparaban para la cabalgata al ritmo del tambor y del miche y sus curanderos y mujeres representaban una retaguardia ofensiva y formidable que se saltaba toda la teoría militar conocida por las academias de la época.

En ambos ejércitos iba la parentela de los desposeídos de esta tierra con todas sus ciencias, en los frentes de batalla el conocimiento de los indígenas y africanos estaba reunido para probarse victorioso por casi 16 años de guerra que se avecinaban.

Ciencias para curar, ciencias para comer, ciencia para morir y renacer, la semilla del erépe, la de mai cariaco, la cesta de la abundancia escondida en las barracas de esclavos, la multiplicación popular de los panes solidarios, la escuela que camina, la que no tiene paredes, para que nuestros hijos sepan quienes son en su relación con el monte y con la tierra. La cabra que trajeron los canarios, la única que puede acompañar el largo camino donde no hay pastizales especiales. Las viejas sallas de armadura para detener las lanzas, las lanzas congas, la forma de armonizar el cuerpo para vencer la fuerza del otro, las formaciones envolventes de la ofensiva bantú, la avanzada línea de flecheros de los pueblos arawak.

Es fácil aún en los discurso del poder después de 200 años, estereotipar en la figura de los jefes militares lo sucedido entonces, Boves el sanguinario y Ribas el prócer. Esta reducción no impide, eso quiere todo poder, que nos encontramos definitivamente con la identidad de lucha y rebeldía que hemos heredado desde las raíces de la opresión y del hambre.

Por eso no celebramos ni con los manitos blancas, ni con los niños corruptos del frente Francisco de Miranda, herederos de los niños consentidos de 1814.

1814 es el año de la república de los bandidos

Pasado 1830 seguirían los explotados alzándose en lo que los historiadores del poder, y lamentablemente los libros escolares han caracterizado cómo la época del “caudillismo”, que sembró el desorden en el país y no permitió la paz necesaria para que las ideas de los ilustres de la Patria nos enrrumbarán definitivamente al progreso y al desarrollo nacional.

Años después de la victoria de independencia, una nueva oligarquía se recompone de los restos del antiguo mantuanismo al amparo de los caudillos, devenidos en latifundistas.

Una nueva oligarquía se recompone haciendo mano de los viejos valores, arrebatándole con la ley y la fuerza del estado los predios que los soldados del ejército popular y sus familias habían ganado en batalla por todo el continente, se recompone con los impuestos rendidos a sus negocios, con los empréstitos nacionales e internacionales y las leyes del despojo a favor de los usureros.

Años después Zamora vuelve a rebelarse y a convocar las fuerzas sociales que habían sido negadas y burladas en justicia y dignidad después de la guerra y todos los pobres de esta tierra, llamados bandidos desde siempre por cuenta de su insumisión, acuden a luchar a su lado.

1814 es un año escuela

200 años después seguimos cayendo en la trampa de construir un discurso de conservación del poder, ausente de rebeldía social y alejado de las luchas. Muchos seguimos aceptando pasivamente esos discursos, muchos seguimos reproduciendo con las banderas del cambio el discurso y la cultura del miedo a los pobres, del miedo al negro, del miedo al indio, y ese miedo ahora se traduce en criminalización y exclusión de los que no encajan en el juego del poder. Lo más grave es que los negros, los indios, los pobres seguimos siendo nosotros mismos, y no somos capaces de reconocernos.

Seguimos teniendo un discurso sobre la violencia y sobre las esperanzas de paz basado en esos miedos de los que se alimenta el poder, y entre mas riesgo corre de ser develado por la fuerza de los que luchan, mayor es el miedo hecho propaganda y mayor es la violencia contra los pobres. Hoy la cárcel mas perfecta es el propio barrio donde vivimos, con sus pranes y gendarmes administrando el negocio de la pobreza.

Hoy por fuerza de la manipulación mediática pública y privada, nos hacemos rápidamente de una identidad que nos es ajena y no nos reconocemos sino en los bandos del mismo poder, cómo si nuestra larga batalla por la dignidad y la justicia fuera un juego de beisbol en el que somos los espectadores. El poder a logrado mostrarnos como espectáculo sorprendente a nosotros mismos, somos nuestro propio circo.

No basta, lo aprendimos después de las promesas defraudadas de 1830, que pongan en un papel nuestra libertad y un pedazo de tierra o un pedazo de pan para cada quien, la libertad y la dignidad, la justicia que luchamos, o es ejercida por nuestra propia organización de poder, o nadie la garantizará por nosotros.

200 años después las consignas mas elevadas de nuestro pueblo aún están por realizarse, cultural, políticamente, económicamente y socialmente seguimos siendo la Capitanía General Petrolera que necesitan los imperios. Pero también seguimos siendo nosotros mismos bajo el difraz de esta fiesta ajena, basta con reconocernos, basta con sentir orgullo, basta con recuperar el Yanama* para que la República de los Bandidos se rehaga

yanama: esfuerzo colectivo en lengua wayúu.

#DondeEstáAlcedoMora

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