Yo ya no quiero ser presidente

Categoría: Desde Abajo,Guarureando |

Juan Luis Gutiérrez Dalence
Tomado del Periódico Indígena PUKARA Nº 104. Bolivia.

Un periodista radial investigaba algún tema recurrente de la prosaica realidad boliviana. En el altiplano cerraba su nota con la tradicional entrevista a un niño, a quien le pregunta: ¿Qué quieres ser de grande? El niño, representante lúcido y transparente del alma colectiva boliviana contaba: “Antes quería ayudar a mi papa a pastear las ovejas, ahora quiero ser presidente”. Evo Morales había sido electo por primera vez presidente de todos los bolivianos.
Recurrí a esta anécdota durante años para justificar al nuevo régimen, subrayando el valor simbólico de su significado, el valor de la autoestima inyectada por el manejo del hombre-símbolo de Bolivia en los últimos 20 años, el resarcimiento de la deuda histórica con los más necesitados del país. Bastaba la declaración de ese niño para saber que, por encima de cualquier error, estábamos bien, estábamos mejor que antes. La declaración de ese niño era la representación de la democracia, de la justicia, del cambio encaminado. Ese niño era Bolivia.

Ahora, es probable que la etapa emotiva de la democracia haya culminado para mí. Autosatisfecho por expiar culpas históricas en mi participación como sujeto político-votante, por creer que mi humilde participación en debates familiares y de amigos ayudaba a convencer que no necesitábamos otra cosa que creer más y mejor en los discursos de moda, satisfecho por saberme agente de cambio, luego, fui testigo de los valores que saltaron de la caja de pandora, abierta por la coyuntura histórica, en el ámbito institucional y en el día a día de la cotidianeidad. Superado el narcicismo de un revolucionario del poder, el pesimismo de los hechos me brindó otra lectura de la declaración de aquel niño anónimo del altiplano.

Sin duda, el derecho de que cualquiera pueda ser presidente ha permeado a la sociedad, y se ha transformado, tanto en las buenas intenciones de un niño, como en la arbitrariedad de los dirigentes sindicales, en el nepotismo de las nuevas autoridades del Estado, en la corrupción de altos funcionarios públicos, así como en soberbia discursiva y de acción de los nuevos líderes y lideresas del proceso de cambio. Sin duda, todos, en alguna medida, se saben con el derecho de ser presidentes. Esa autoestima tan necesaria para los bolivianos, se ha transformado en prepotencia. Los posibles líderes, son ahora jefes. Y aquello que surgía desde abajo, ahora pisa desde arriba lo que dejó a su paso. Desde arriba, todo lo que podría guiar hacia un horizonte nuevo, se ha convertido en el horizonte de vidrios polarizados de autos oficiales último modelo. El Estado atrofiado de trámites, jerarquías, clientelismo y nuevas dependencias, atrofiado de pequeños presidentes en pequeños estados, cada cual con sus normas y su moral, hoy atisba una nueva etapa, la convocatoria: necesitamos especialistas en diversas áreas, de los mejores administradores, los mejores juristas, los mejores medioambientalistas, los mejores investigadores, los mejores asistentes, las mejores feministas, los mejores médicos. Necesitamos de los mejores ganaderos, de los mejores zapateros, de los mejores electricistas, los mejores plomeros, los mejores economistas, los mejores agricultores, los mejores cuidadores de autos, las mejores estudiantes, los mejores científicos. Necesitamos de los mejores cuidadores de ovejas. La diferencia es clara. Hoy los derechos y los deberes deben ser equiparados. Necesitamos recordar que la responsabilidad con nosotros mismos y con nuestra comunidad cercana, la responsabilidad con el país, empieza en el lugar que cada uno debe ocupar.

En síntesis: se necesita criticar el avance por el poder central y recuperar el poder de cada uno, ya no por la igualdad de los bolivianos, sino por la libertad y la fraternidad de los seres humanos. Espero en el futuro encontrar a ese niño, no tanto como presidente de Bolivia, sino como una persona libre de prejuicios y el mejor en lo que hace. Espero que un día sea un líder nuevo y sepa mostrarnos mejores horizontes. Por el momento, soy yo, el revolucionario, el que ya no quiere ser presidente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.