Colombia y el eslabón leninista actual

Categoría: Guarureando |

220px-Old_chainPor Alberto Pinzón Sánchez

Domingo, 07 Septiembre 2014

Siempre, al hacer el análisis de clases en Colombia hemos dicho hasta el hartazgo que, desde cuándo F.P Santander se tomó el Poder en Bogotá con su patota de conjurados conspiradores, recién muerto nuestro padre Libertador Bolívar; se instauró en el país un régimen de dominación, explotación y sometimiento violento de las demás clases subalternas, soportado sobre el bipartidismo sectario y agresivo de una “Oligarquía criolla”, o amalgama indisoluble formada por terratenientes esclavistas de Popayán, Cartagena y el altiplano cundí-boyacense, con financistas y exportadores de materias primas y productos agrícolas, primero a Inglaterra y a otros países europeos y después, cuando a mediados del Siglo XIX esta potencia colonial fue sustituida, hacia los EEUU.

Esta clase de “criollos privilegiados” con su temprana y férrea alianza con el gobierno de los EEUU, ha perdurado hasta la actualidad. Quien abrigue dudas puede consultar el texto clásico del historiador Álvaro Tirado Mejía: “Colombia Siglo y Medio de Bipartidismo”, editado entre otras cosas por la Biblioteca Familiar de la Presidencia de la República Ernesto Samper Pizano. Bogotá.1.998.

Esta amalgama clasista ha determinado objetivamente la “contradicción esencial” o como denominaba Lenin “el eslabón fundamental que permite agarrar los demás eslabones de la cadena de acontecimientos históricos”, y por esta razón cuando los primeros Marxistas colombianos cogieron teórica y prácticamente este eslabón, pudieron definir (también como lo planteaba Lenin) “la tarea fundamental” como una tarea anti-oligárquica y anti-imperialista que hiciera posibles los cambios esenciales que la sociedad colombiana hoy demanda, y que hasta la fecha han sido postergados. Nunca nadie le planteó a las clases subalternas antagónicas o Pueblo Trabajador (según la categoría definida por Gramsci) “una tarea anti-elite y anti- Imperio”, sino contra una clase concreta definida histórica y universalmente, y contra la política de ese Imperio Global que (también desde su definición por Lenin) se llama Imperialismo.

Con esto, y siguiendo la enseñanza (también de Lenin) de que “el arte de un político consiste en encontrar y asir con fuerza el eslabón que menos pueda ser arrancado de sus manos, que sea el más importante en un momento determinado y garantice lo más posible a quien lo posea el apoderarse de la cadena”; es que en el momento presente, el eslabón actual constituido por el Proceso de Paz de la Habana, nos permite hacer un análisis de clase al interior de lo que está sucediendo al interior de esta amalgama oligárquica dominante en Colombia: La disputa por su dirección habida entre Uribe Vélez y el actual presidente JM Santos.

Partimos del hecho comprobado de que el “Uribo-Santismo” es la máxima coagulación en la esfera de la ideología neoliberal dominante, que la Oligarquía trasnacionalizada logró imponer, paulatinamente, en todo el aparato Estatal de la actual Colombia con sus escuadrones fascistas Narco- Paramilitares, a partir de las últimas cuatro décadas.

Sin embargo, el proceso de Paz de la Habana o eslabón actual, generado a partir de la confluencia de una serie de circunstancias favorables internas: (no poder derrotar militarmente a la Insurgencia después de la ofensiva gigantesca militar-paramilitar del Plan Colombia durante los 8 años de Uribe Vélez, reactivación de la masiva Movilización Social y Popular) y de circunstancias internacionales: (perdida de la hegemonía “unipolar” del Imperialismo estadounidense, surgimiento de Unasur y la CELAC, avances en los procesos democráticos y anti-imperialistas en Bolivia, Venezuela, Ecuador, Argentina, Uruguay, Brasil entre otros), se ha generado una diferenciación, realineamiento y pugna extrema al interior de la amalgama oligárquica, inconcebible hasta hace apenas unos años en Colombia y alcanzó su máxima expresión en la pasada campaña electoral “cloaca” para elegir a JM Santos el actual presidente de la república, y también trazó una línea divisoria en la sociedad colombiana entre quienes están por destruir el proceso de Paz de la Habana usando todas las formas de lucha, y quienes estamos a favor de su completa culminación.

Pero hay dos hechos políticos que están ejerciendo un peso desmedido sobre el eslabón actual, con el fin de impedir que se pueda agarrar el otro eslabón de la cadena que sigue a continuación: el de los cambios que la sociedad colombiana necesita y quiere. Uno, que la fuerza social política y militar representada por Uribe Vélez no ha sido derrotada. Y dos, que JM Santos no se ha dado cuenta de esto, y lo que es peor aún, anda en la pretensión parlamentarista de realizar una “reforma presidencialista” a la constitución vigente para equilibrar, mediante leguleyadas y cooptaciones y sin la participación popular los poderes que no pudo controlar o equilibrar en sus pasados 4 años de gobierno.

Una reforma constitucional que pretende anticiparse a la refrendación de los acuerdos que se alcancen en la Habana y claro, atravesarse la verdadera reforma a la Constitución del 91 que “necesariamente” deberá darse al final de lo pactado en la Habana. Una reforma constitucional presentada al parlamento mientras el jefe de los plenipotenciarios del gobierno en la Habana “emboba” a la contraparte con la discusión sobre las intimidades de la señora Clara Rojas, con el fin de que no haya discusión abierta y democrática sobre la antigua y tan conocida propuesta insurgente de elegir democráticamente y mediante sufragio público al Procurador, al Contralor, al Defensor del Pueblo, a las altas Cortes y en fin, a quienes Santos sospecha son fichas incondicionales de Uribe Vélez y aún no ha podido meter en cintura.

Aún no logro entender cómo puede presentarse públicamenteJM Santos como partidario de una feliz culminación del Proceso de Paz de la Habana con este tipo de “perradas”políticas y además, pretender contribuir a la derrota definitiva de Uribe Vélez.

 

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#DondeEstáAlcedoMora

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