En diálogo con nuestros hermanos de la Caravana Climática por América Latina.

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pimentonJuan Carlos La Rosa Velazco

En estos años, mientras esperabamos la llegada de la Caravana, hemos aprendido algunas cosas que queremos enumerar desordenadamente, creemos que no ha sido en vano haber sido parte actuante del proceso venezolano si contribuimos al dialogo que nos permite persistir en este Continente. Debemos dialogar siempre, de ser posible con todos, incluso intentar dialogar con el enemigo nos da fortaleza, sino olvidamos quienes somos mientras el nos habla sin escuchar.

Algunos hermanos siguen esperando a que los pueblos tomen conciencia, mientras tanto siempre habrá quien sustituya a los pueblos, nosotros, en la buena tarea de “concientizar” lo podemos hacer, las multilaterales, los partidos, los gobiernos y hasta los clubes de futbol.

Lamentablemente no es un problema de concientizar pueblos, la “concientización” es un estado colectivo que tal vez pueda surgir en la lucha social, aprender de las derrotas y de los reveses, rectificar camino para seguir luchando, compartir lo que aprendimos y exponerse como experiencia a la crìtica colectiva, entender que luchar no es una franquicia sino autonomìa y organización propia, que la autonomía política es el corazón del esfuerzo y autonomía y la organización propia no puede ser, cómo está sucediendo en Venezuela vitrina del gobierno de turno y de las organizaciones intermediarias de este.

Que los pueblos deben expresarse y ordenar su esfuerzo de lucha con su propia carne y que todo lo demás debe subordinársele, que cualquier esfuerzo en contrario termina en la comercialización de las peleas ante el monstruo transnacional.

Que organización propia no es pasar a ser parte de listados y suscriptores de planes escritos por los gobiernos, que no es ser más asimilados e invisibles, que de eso hemos tenido bastante, que toca mostrar ahora las plumas del ave rabiosa de la dignidad, que no habrá dignidad sin lucha y que por tanto, concienciar también es mantener la disposición de confrontar al poder con los hechos de nuestra propia vida colectiva, sin mentirnos, mantener rabiosamente la disposición de luchar y derrotar a los gobiernos clientelares y procelitistas de América Latina.

Que ordenarse territorialmente para resistir no es cerrarse como secta o pandilla, sino expandirse como brisa cotidiana en nosotros mismos, probarse mas allá siempre, buscar el tronco de una identidad que supere y limpie el fardo de identidades de mierda que nos alienan, el partido, la fuerza del colectivo, los protocolos de guerra falsos, la necesidad de enseñar, los errores al organizarse imponiendo, el no sistematizar nuestra propia palabra, que es olvidarla a favor de la palabra de caudillos e intermediarios, el crear que acumular sin luchar puede salvarnos o prepararnos, el acumular pragmaticamente, sin movilización que nos despolitiza. Que ordenarse territorialmente es un ejercicio de identidad política y simbólica feroz, es fundar nuestra soberanía, no desdibujarse y pasar agachados, mostrando tan solo una fuerza que, cual pandilleros, solo impresiona en riñas, en desfiles y en eventos.

Que hablarle al poder no es casi nunca un pliego de peticiones. pero que si pedimos, debe ser un acto colectivo para que en ese pedir y en la respuesta que obtengamos aprendamos un poco, nadie debe sustituir a la gente pidiendo por ellos, sin consultar. Hablarle al poder en todo caso es mostrar su sordera y aprender de su debilidades para poder confrontarlo mejor, si no entendemos estas cosas hablarle es rendirnos.

Que el camino de la derrota y el desmantelamiento de nuestras luchas está lleno de reuniones y grandes encuentros donde suscribimos acuerdos al abrigo del poder, que no se cumplirán porque fuimos usados de vitrina y que nosotros tampoco cumpliremos porque solo cumplen con luchar los que se han forjado voluntad y vida lejos de las opciones que tienes para rendirte. Aún podemos escribir poryectos donde quedan abolidas las contradicciones. La proclama gubernamental y su ley es la muerte de la palabra.

Que los gobiernos en América Latina no estan contentos ni con el indio ni con el campesino ni con el obrero que los elegió, porque es son verdaderos e incómodos, y se estan inventando sus campesinos y obreros, su voceros indígenas para sustituirlos y poderlos ventriculizar en sus vitrinas. Que los verdaderos en adelante serán rabiosos luchadores de raiz o serán bandidos y asaltantes. Ya son tratados como tales.

Que los que luchan deben ampliar su espíritu al conocimiento verdadero y reducir sus opciones a las de los suyos para no perderse en el tiempo que viene. Que en este Continente se pelea desde lugares distintos a los que quizo inventar la izquierda europea para una europa que seguramente también tiene una raíz negada.

Que el demonio blanco que nos coloniza habla en nuestro silencio y en las palabras con que nos mentimos a nosotros mismos. Que no pudieramos estar tan seguros de lo correcto, pero si de lo que ya no, de lo que hasta aquí llegamos!!!!

Que el camino, amplio y dialogante con el mundo, es el de las comunidades.

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