“Libertad después de Bolívar”

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BOLIVAR- INDIGENAPor: Julio César Nóbrega G. – Docente de aula y estudiante de la UNESR

Nota de laguarura: Voz de los pueblos en lucha.- Julio César Nóbrega ha fomado parte de una iniciativa que se empieza a definir en el núcleo Los Teques de la UNESR que consiste en Resignificar todo el conglomerado de creencias y falsas o medias verdades que yacen en el ejercicio de la docencia o la educación formal. Tal es el caso de Repensar a Bolívar y demás Luchadores de la Patria, sin tener que tragarnos la cartilla silenciosamente y sin réplica. En nuestras Universidades, el reto más urgente sigue siendo: Resignificar, Repensar y Réplicar, para sanar una cultural mitificada, discriminadora y dominante. Lean y participen en las ideas de Julio.

Desde hace muchos años, bien sea por lo que se escucha en casa, se ha visto en la televisión, lo enseñaron y lo siguen enseñando en las escuelas, pues formó y forma parte del currículo escolar; Bolívar, se ha convertido en una parte de nuestras vidas como el libertador de la patria.

Nos ha sido enseñado que fue un hombre de carácter recio, aguerrido y que fue capaz de mover y dirigir a un pueblo hacia su “libertad”. Por lo tanto y gracias a él, hoy somos “libres y soberanos”. Ahora pregunto, ¿será que este magnífico hombre es el resultado de la mezcla genética de Superman y la Mujer Maravilla o un hombre común y corriente con convicción y constancia? Si Bolívar viviese, ¿Cómo se sentiría o más aun, aceptaría todos los vítores y consignas proclamadas a su favor al ver la realidad circundante de la Venezuela actual? ¿Quién fue Bolívar y cual fue en verdad su motivo de insurgencia?

No hay duda alguna que su pensamiento como tal era libertad para la patria del yugo español y así se mantuviese, muestra de ello es cuando el 26 de marzo de 1812 después del terremoto que destruyó a Caracas y para expresar su sentido contrario a los clérigos que proclamaban que ese desastre natural era obra de ir contra  los designios divinos de estar bajo el mando de la corona de España, dijo pues con tono acérrimo mientras escalaba los escombros: “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”.

Desde su conformación la primera república se posesionó del país como una neuralgia, ese dolor intenso que se encuentra presente en alguna parte de tu sistema nervioso y que va adueñándose de él a medida que transcurre el tiempo, el pueblo de mayor poder adquisitivo se encontraba sin preocupación alguna pues sus riquezas ya eran de ellos y si las hacían prosperar no tenían que compartir sus ganancias con el rey de España.

Sin embargo, existía otra parte de la población en la cual operaba la confusión, desinformación y hasta peor aún desorientación. Para muchos no estaba claro qué se buscaba con la “libertad”, pues al darse la independencia todos se mantenían en la misma posición social, el esclavo siguió siendo esclavo, el pobre aunque libre y campesino no tuvo más remedio  que seguir trabajándole a su patrono por un mísero pago y hasta  solo por un plato de comida en ocasiones.

¿Dónde quedaron entonces los pensamientos de libertad e igualdad que tanto se ofrecieron a la población? Es decir, se dio y se libró una lucha para obtener a cambio ganancias para quienes ya poseían mucho y nada para quienes ya tenían eso mismo.

En este punto de la historia ya no había discusión, estaba claro que no existía un plan específico y aquellos acuerdos que se planteaban solamente eran tratados por unos pocos y a puerta cerrada. Parecía más bien un experimento del cual se iban  tomando las medidas bajo el método del ensayo-error. Tal es el vivo ejemplo de que la primera constitución fue copia fiel y exacta de la perteneciente a los Estados Unidos de América.

Lo cual conllevó que la próxima rebelión, los nuevos insurrectos ahora no fuesen un grupo de jóvenes pertenecientes a la alta sociedad caraqueña, hijos de españoles, sino que estos eran los provenientes de las castas más bajas: negros esclavos, campesinos, mestizos… muchos de ellos no eran partícipes de corazón y convicción de las fuerzas realistas a la que unos cuantos se unieron; sino que se encontraban peleando por su propia causa, la de obtener un modo de vida mucho mejor para cuando todo volviera a la calma, algunos buscaban cambiar su status social de esclavo a libre, otros para conseguir propiedades e incluso algunos solo buscaban tomar venganza por todos los daños que les fue causado y sentían la necesidad de derramar sangre opresora.

Hoy no es muy diferente, y ya se han vivido cuatro repúblicas más de la que ha sido descrita después del 19 de abril de 1810. En la actualidad se reza casi a diario que el pensamiento del Libertador Simón Bolívar está vigente hoy más que nunca, pero, a nuestro alrededor la diferencia social sigue estando latente y se hace notar cada día más. Las personas que ocupan un alto puesto en el gobierno no pasan las mismas necesidades que le ocurre al pueblo en la actualidad; ninguno hace las colas para poder comprar productos que son de primera necesidad y hasta de los que no son, que tampoco se consiguen; no sufren por si el sueldo este mes les alcanzará a consecuencia de la constante inflación.

Actualmente la desinformación en gran parte de la población continúa, pues no ha existido una presentación de proyecto para el país por ninguno de los bandos imperantes. Más bien, seguimos como borregos y nos convertimos en adeptos de causas en las cuales no está claro cuál es su fundamento. Profesamos ser de un color u otro y hasta se puede llegar a la violencia para defender una posición política y al buscar las razones no estamos muy lejos del encuentro entre patriotas y realistas donde más que la ideología se sobreponía la necesidad personal de cada uno de los combatientes.

Unos luchaban por los premios ofrecidos, otros por los trofeos que podían conseguir en el camino y solo muy pocos llevaban un ideal. Hoy existen personas que están por una beca, una casa o algún beneficio y algunos se encuentran en listas de espera para recibirlos. Asimismo, hay otra parte de la población que espera un cambio, es desconocido ese cambio pero lo esperan con ansias.

Bolívar no fue un dios, sino un luchador, alguien que quería algo mejor para su nación, tuvo la oportunidad de ver gran parte del mundo y quería eso mismo para Venezuela y los demás países de Latinoamérica. Fue tal su fervor que llegó a decir que podíamos llegar a ser una “Roma”, un pueblo que no se contenta con ser libre y fuerte, sino que quiere ser virtuoso (Discurso de Angostura, 1819). Su convicción e ideal estaban bien afianzados, las riquezas de su país, nuestro país, eran para ser solo de aquí, no tenían por qué irse primero hacia España y luego que regresaran las migajas de lo que quedaba; sin embargo, lamentablemente no todos a su alrededor tuvieron la misma visión, sino una egoísta en la que solo importaba llenar su propio bolsillo y ocupar un puesto importante en el gobierno.

Doscientos años después, el panorama no es muy diferente y desde hace muchos años han existido gobernantes que mandan para sí y sus allegados e igualmente aparecen insurgentes que se promulgan para hacer sentir ese clamor que generaliza el pueblo, aquel por quienes se encuentran en la posición que están y quienes les hacen saber que todavía no han suplido con las necesidades que ellos requieren.

Igualmente las leyes, los decretos y los proyectos gubernamentales son aplicados como lo hacía la sociedad patriótica, según el método ensayo-error. No digo con esto que el método sea malo pues pareciera que aún nos encontramos en el proceso de experimentación; tal es el caso del padre o de la madre que al pensar en la crianza de sus hijos rememora todos los errores cometidos y expresa: – ¡Es que nunca tuve el manual de cómo ser un buen padre y tuve que adaptarme a las situaciones que se me fueron presentando con cada uno de mis hijos -.

Igualmente, Simón Bolívar, llamado padre de la patria, quizá nunca encontró el manual de cómo gobernar efectivamente un país después de obtener su independencia. Seguramente de haberlo tenido lo hubiese compartido con cada uno de sus adeptos y todavía estaría disponible para los ciudadanos de Venezuela. Quizá hoy, cada uno de los venezolanos debemos pensar y analizar que la verdadera libertad no se logra simplemente porque tenemos autonomía de elegir gobernantes y de que estos nos van a solucionar la vida.

Si Bolívar es el padre de la patria, debemos entonces hacer referencia a la madre, que no es más que todos aquellos aborígenes y esclavos que lucharon por 300 años por la misma causa que lo hizo él. No obstante, Bolívar nos legó la libertad, pero la “Roma” que él soñó tenemos que hacerla nosotros.

 
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Una respuesta a “Libertad después de Bolívar”

  1. llego la harina en panama aragueta seiba en petardo punto con busca ebe porna sabroso la tpa se desnuda sesualmente

    llego la harina en sandiego
    19 noviembre, 2014 at 3:17 PM
    Responder

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