Rumba Abakuá en Homenaje a Ignacio Piñero (Video)

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Rumba Abakuá en Homenaje a Ignacio Piñero de sus hermanos. Fundador del Sexteto Nacional y uno de los máximos exponentes del son cubano. Barrio de Jesús María La Habana. Cuba.

Algunos antecedentes de las sociedades Abakuá:

Los Ñáñigos

Entre las transculturaciones originadas por los esclavos provenientes de la región nigeriana del Carabal, la Sociedad Secreta de los Ñáñigos o Abakuá es la más importante, por sus indiscutidos aportes a la cultura popular cubana y a la Identidad Nacional.

Los Ñáñigos, como toda sociedad secreta, surgen para establecer un orden donde éste no existe. Es en tal sentido como debemos interpretar el código ético agráfico de esa institución, piedra angular para la membresía abakuá, pues ellos procuraron y, en buena medida lo hicieron, organizar a amplios sectores populares a los cuales el orden y los principios morales de las clases dominantes les eran ajenos.

Tales prolegómenos son: – Ser buen hijo (Honrar a los padres) y consecuentemente, buen padre. – No cometer adulterio con la mujer de un ekobio o hermano de religión. – Ser hombre. – Ayudar desinteresadamente a sus hermanos o ekobios.

Resulta inobjetable que el enorme impacto popular que significó el acatamiento de las normas ñáñigas, a la par de contribuir a una organización en la vida de las capas más desposeídas, fue arraigando valores devenidos posteriormente en insustituibles dentro del concepto de la cubanidad.

El ñañiguismo tuvo su origen en el año 1832, cuando el cabildo habanero de los negros Carabalí Apapá Efik inició en sus cultos y secretos a un grupo de criollos, muchos de ellos esclavos o sirvientes de familias adineradas en el barrio capitalino de Belén. Aunque el nombre del primer juego, potencia o agrupación ñáñiga fue Acuabutón, muy pronto fueron conocidos por Los belenistas.

El carácter popular de estas agrupaciones exclusivas para hombres, las cuales en contraposición a los cabildos de africanos permitía la asociación entre negros de diferentes orígenes étnicos y su utilidad mutualista, hizo multiplicar rápidamente a las potencias ñáñigas y ya en el año 1840 existían más de 40 de esos grupos en la capital del país.

El 24 de diciembre de 1862 el cabildo de los Carabalí Bríkamos Niño de Jesús de Matanzas inicia a un grupo de negros criollos de la ciudad yumurina en el abakuá, el cual toma el nombre de Biabanga , dando comienzo al ñañiguismo matancero, el más prestigioso de Cuba.

El 24 de diciembre de 1863 en La Habana, Andrés de los Dolores Petit, uno de los jefes del capitalino juego Bakokó IFOR, da entrada a blancos en la sociedad ñáñiga, convirtiendo de esa manera a la entidad en la primera asociación integracionista popular que existió en la isla , contraviniendo el segregacionismo implícito en todas las leyes coloniales que abordaban el derecho de asociación.

Tanto en La Habana como en Matanzas, algunas potencias alcanzaron características paragremiales vinculadas específicamente a actividades económicas como los trabajos de estibas en los puertos, los torcedores de tabaco y los zapateros, siendo muchas veces penetradas por los intereses de las clases dominantes, utilizándolas como instrumentos de explotación y represión hacia el proletariado en ambas ciudades.

No obstante y pese a limitarse la presencia ñáñiga a los barrios habaneros de Regla, Guanabacoa, Habana Vieja, Centro Habana, cerro y Marianao; así como a Matanzas y Cárdenas, la incidencia de los abakuá en lo cubano es muy amplia.

Aspectos Religiosos.

El carácter místico del ñañiguismo se limita a la recreación y creencia de un mito, materializado en la fidelidad jurada en torno a diversas entidades totémicas.

La leyenda base de la sociedad es el llamado Mito de Sikana , el cual posee varias versiones, sin embargo, la más difundida en Matanzas es la siguiente:

“Sikana se acercó al río Oldán, el cual divide el territorio de los Efik del IFOR, a coger agua en su tinaja. En la misma se introduce el pez Tanze, representación de Dios Abasí, quien fue el primero en sonar. La presencia de Tanze entre los efor, que era la tribu de Sikana, les propició abundantes cosechas, salud y nutrida caza. Para consolidar la paz en la región, su padre Iyamba, decidió casarla con Mokongo, el rey Efik, quienes eran sus rivales en la zona.

Pasado el tiempo de consolidada la alianza, Sikana reveló el secreto de Tanze a su marido y el pez divino murió. Grandes males vinieron a ambas tribus. Fue consultado Nasakó, el brujo y éste denuncia a Sikana, por lo cual Mokongo, Iyamba y Ekueñón – el juez – deciden sacrificarla.

Cuando van a matar a Sikana, aparece Enkríkamo, un niño que lo ve todo y por lo cual tienen que iniciarlo en el secreto. Entonces concurre el ireme o diablito Eribangandó, quien limpia y prepara a Sikana para la ceremonia de sacrificio. Otros dos iremes aparecen, Aberisún y Aberiñan. El primero la sostiene y el otro la mata con un golpe en la nuca”

Todas las versiones existentes en la actualidad son muy parecidas, salvo una que entre los viejos ñáñigos matanceros, sostienen que Sikana nunca reveló el secreto y su sacrificio fue por el bien de su pueblo.

En realidad el plante, fiesta o ceremonia ñáñiga no es más que una rememoración o representación de la anterior leyenda, sólo que Sikana es suplantada por un chivo. Para Don Fernando Ortiz esta ceremonia adquiere la dimensión de una verdadera tragedia teatral donde los participantes asumen los papeles o personalidades de los originarios protagonistas.{mospagebreak}

Atributos ÑaÑigos.

En primer lugar encontramos los tambores del orden ritual, que son aquellos sobre los cuales no se ejecuta música, sino producen sonidos especiales y se les usa para ciertas llamadas de orden.

El más importante es el llamado ekue o tambor de fundamento o secreto, que se toca por fricción y su sonido es estimado como la voz sagrada de Abasí Tanze, el divino pez dios. Nunca aparece en público y se pone en una esquina del fambá o cuarto secreto, con una cortina delante. Esa parte es llamada fambayín.

Ekue

El mpegó es igual al ekue y si aparece en público, llevado por el dignatario del mismo nombre. El nkríkamo es de menor tamaño y lo usa la plaza o persona de cargo homónimo para convocar o llamar a los espíritus danzante, llamados iremes, ñañás o diablitos.

El seseribó consiste en una copa de madera forrada con láminas de plata en su interior y por piel en lo externo. En ella se depositan los elementos que confirman la hermandad entre los miembros de la potencia, juego o grupo ñáñigo. Además están los bastones o atributos de mando que llevan los jefes.

La música ñáñiga se ejecuta con cuatro tambor unimembranófonos afinados con un sistema de cuñas y cáñamos, los cuales son llamados, de mayor a menor, como bonkó enchemiyá, obí apá, cuchí yeremá y benkomo. Completan el biankomeko u orquesta ñáñiga los itonoes o palos, el cencerro o ekón y las erikundis o sonajas o el chekeré que es también un sonajero.

Biankomeko u orquesta ÑAÑiga.

Las agrupaciones ñáñigas también son llamadas juegos potencias . Sus principales cargos o gobierno lo integran cuatro jefes u obón obonekue :

Iyamba el jefe principal. Mokongo o jefe militar, pero en la rama efik es el principal. Isue o dignidad religiosa. Mpegó o el principio del orden.

Otros cargos de importancia son:

Isunekue, el ayudante de Isue. Nkríkamo o guía de los iremes. Nasakó o el brujo.Moní bonkó o jefe de la música. Mosongo o ayudante de Mokongo.

Los iremes, ñañás o diablitos, son los personajes más representativos de la liturgia ñáñiga. Se consideran espíritus luces que asisten a las ceremonias para dar testimonio de la corrección sobre cuanto se realiza en las mismas.

Los principales resultan Aberisún, Aberiñan, Eribangandó, Enkanina, Enboko Bemba, Efiméremo moko Ireme, Akuanamina y Anamanwí que es ireme funerario propio de los nlloros, llantos o ritos luctuosos. Otro aspecto muy significativo en las liturgias ñáñigas es el uso de signos pregráficos llamados firmas oanaforuanas . Estas sirven como identificación personal de los miembros; ordenes, emblemas y también información sobre el tipo de rito que tiene lugar.

Para ser Abakuá se necesita… 

Máscara abakuá utilizada en los rituales.

Allá por la década de los cincuenta, un destacado plaza (jerarca) de la Sociedad Secreta Abakuá, expresó a un colega: “los ñáñigos son los masones de África, y nosotros, los cubanos, sus descendientes”.

Todo apunta a que la primera Efik Butón (juego, partido, potencia o nación) surgió en Regla, margen oriental de la bahía habanera, alrededor de 1836, compuesta por negros carabalíes esclavos y libres de la rama appapá. A lo largo de ese siglo XIX y la mitad del siguiente, en el Código Penal se sancionaba el ejercicio del ñañiguismo por sus “manifestaciones de violencia, exhibicionismo prepotente, intolerancia, inclinación a tomarse la justicia por cuenta propia…”, entre otras tipificaciones.

En Los Ñáñigos, Premio Casa de las Américas 1982, el investigador Enrique Sosa sintetiza: “Abakuá, sociedad secreta exclusiva para hombres, autofinanciada mediante cuotas y colectas recaudadas entre sus miembros, con una compleja organización jerárquica de dignatarios (plazas) y asistentes, la presencia de seres ultramundanos, un ritual oscuro cuyo secreto –celosamente guardado- se materializa en un tambor llamado ekwé, con ceremonias de iniciación, renovación, purificación y muerte, beneficios temporales y eternos, leyes y castigos internos de obligatoria ejecución y aceptación, un lenguaje hermético, esotérico, y un lenguaje gráfico, complementario, de firmas, sellos y trazos sacros constituye, hasta nuestros días, un fenómeno cultural sin paralelo en Cuba y en América (…) De él provienen fonemas, inflexiones del lenguaje y formas sintácticas de uso habitual, así como rasgos psicosociales que sirvieron en el pasado para calificar a los ñáñigos de jaques petulantes, camorristas naturales proclives a la delincuencia hasta por lombrosianas causas natas (…) Desde la segunda mitad del siglo XIX y hasta muy entrado el XX, los ñáñigos fueron acusados de criminales –lo cual, en casos particulares, fue cierto- y brujeros, temidos, vituperados y envueltos en una atmósfera sensacionalista que lucró con el temor, producto de la ignorancia con respecto a la naturaleza de sus creencias y ritos, así como de intereses clasistas, alarmitas, oportunistas y desvergonzadamente falsos, anticientíficos”.

Ante todo, para pertenecer a la secta hay que ser hombre de verdad. Pero también buen padre, buen hijo y buen esposo, y desde hace años, según me han comentado ekobios (miembros de una Sociedad) conocidos, “no tener antecedentes penales…” Otro investigador del tema, Jesús Guanche, amplía: “en la medida en que fue avanzando el siglo XX, muchos ñáñigos ocuparon puestos como dirigentes sindicales en los muelles de La Habana y Matanzas. El movimiento obrero se hacía cada vez más fuerte y realmente lo que se produjo fue una asimilación de los abakuá por parte del sindicato marítimo portuario”.

Y agrega el intelectual cubano: “Con el triunfo de la Revolución, los integrantes de las sociedades abakuá conservaron sus creencias y prácticas rituales, pero a su vez, se vieron inmersos en el proceso de cambio general que abarcó a toda la sociedad cubana…”

Para reafirmar lo anterior, extraigo este testimonio aparecido dos décadas atrás en la revista Cuba, bajo la firma del colega Jesús Abascal López:

“Y como somos amantes del progreso y nuestra religión no está reñida con los cambios que se han producido en la sociedad cubana, los ñáñigos matanceros van también al trabajo voluntario cuando hay movilizaciones en todo el país. Y tenemos ekobios que son miembros de las MTT y otros fueron combatientes en Playa Girón y en el Escambray, y otros también son internacionalistas, como colaboradores civiles o soldados (…) En una comunidad como la nuestra, la cubana, el poder está en manos de los trabajadores. Y nosotros, los ñáñigos, como trabajadores, nos sentimos parte de ese poder. Así interpretamos nosotros la libertad de cultos, la libertad de reunión, la libertad de creencias…” (Rafael Torriente, por entonces presidente de Ekori Abakuá, unión fraternal de potencias, juegos o tierras de Matanzas).

Ese entorno socioeconómico que hizo brotar este tipo de secta de profundas raíces africanas, fue desterrado a partir de enero de 1959. Antes del triunfo de un combate liberador que duró más de 90 años, múltiples y muy complejas situaciones económicas, familiares, fraternales o personales, incluyeron en el ingreso a la ya centenaria sociedad secreta.

El telúrico empuje de la Revolución cubana, transformó la estructura económica, política y social imperante, eliminó la discriminación racial, aunque aclaro que los blancos también pueden ser abakuá; el desempleo, el analfabetismo, trayendo consigo la enseñanza y la asistencia médica gratuitas, una asistencia social justa y abriendo las puertas al deporte y la cultura a toda la población.

Justo es reconocer que la Sociedad Secreta Abakuá sobre todo ha influenciado en la danza, el habla popular, la literatura, las artes plásticas y en los instrumentos musicales incorporados a las orquestas. Y durante mucho tiempo, seguirá aportando la riqueza de sus mitos y rituales a las formas de expresión y comunicación autóctonas.{mospagebreak}

LA INICIACIÓN

El patio donde se celebra el plante (ceremonia) está colmado de ekobios y algunos makri (blancos) invitados. La jícara de mimba (aguardiente de caña) navega entre numerosas manos. Los ibonos (músicos) extraen de los cueros los sonidos rituales. Da inicio el desfile de los plazas, los indísime (iniciados) y los ekobios en dirección alfambá (cuarto secreto), lugar en el cual se producirá la consagración de los indísime. En el fambá está el iriongo(archisecreto rincón oculto), donde el Iyamba (dignidad abakuá) alimenta y percute el ekwé, el tambor más importante del ritual, encargado de trasmitir “la voz”, el secreto del sagrado pez Tanze, núcleo solar de la mitología ñáñiga originada en la nigeriana región de Calibar.

Entre tanto, en el isaroko (ceremonia pública) la gente baila, bebe y come en abundancia. Los iremes (diablitos) gesticulan y danzan al compás de los tambores, el cencerro y las sonajas, para conjurar a los espíritus que rondan el fambá y tratan de interferir la ceremonia. Adentro, los futuros obonekues (hermanos de religión) permanecen de rodillas, descalzos y sin camisa, a la espera de ser “rayados” con las mágicas virtudes del ngomo (yeso amarillo) y recibir los efluvios del incienso, una vez hayan sido bautizados con umon Abasi (agua bendita). Después el indísimebebe la mokuba (licor para el juramento) que lo consagra abakuá y degusta el iriampo (comida sagrada). Pero a este ritual los yénicas (amigos) que no están jurados, obviamente no tienen acceso.

Eso sí: en el isaroko todo el mundo disfruta con el folclore de la ceremonia, en unión de estos hombres abrazados a sus firmes creencias religiosas, a su sorprendente liturgia y esotérico lenguaje, al hermetismo de sus tradiciones, pero que no permanecen ajenos a la coyuntura histórica en que viven y laboran. Porque al cabo de 170 años de instaurado en Cuba, el ñañiguismo continua siendo cantera para el estudio de nuestras raíces y de su cultura nacional. Que nadie lo dude.

La Sociedad Secreta Abakuá

Por abakuá o ñáñigo se conoce popularmente en Cuba al miembro de la sociedad secreta masculina Abakuá, la única de su tipo existente en el continente americano.

Esta asociación surgió en las primeras décadas del siglo XIX en los momentos de mayor hostilidad hacia el esclavo y el negro, quienes, ante el acoso, sólo hallaron un medio apropiado para evadir la represión: una agrupación mutualista bajo la expresión más desarrollada de su conciencia social, la religiosa.

La primera sociedad de blancos se fundó a principios del presente siglo y llevó el nombre de Akanarán Efó Muñón Ekobio Mucarán. Su creador fue Andrés Facundo de los Dolores Petit, célebre también por sus aportes a la Regla de Palo con la elaboración del cuerpo conceptual y ritual de la variante Kimbisa.

Los antecedentes del abakuá o ñañiguismo se hallan en las sociedades secretas que existieron en la región nigeriana del Calabar, y su organización y contenido tiene como base una leyenda africana que narra la historia de la violación de un secreto por una mujer: la princesa Sikán encuentra al pez sagrado Tanze y reproduce su bramido en el tambor sagrado Eku.

El ñañiguismo no puede desvincularse de las creencias africanas acerca de la influencia que ejercen los antepasados (espíritus), por lo que en todas sus ceremonias religiosas se les convoca para garantizar el desarrollo del acto ritual, según rigurosas normas litúrgicas. La representación simbólica es el Ireme o diablito.

Las actividades de culto se realizan todas en templos, de los cuales existen 40 entre las provincias de Ciudad de La Habana y Matanzas, distribuidos en los municipios de Guanabacoa (14), Marianao (11), Regla (6), San Miguel del Padrón (4), Cárdenas (4) y ciudad de Matanzas (1).

En todos los ritos se utilizan trazos o grafías llamados Ekeniyó, que constituyen un sistema ideográfico de señales para inmovilizar y fijar las representaciones de hechos globales. Tales símbolos se trazan con yeso amarillo y blanco y comprenden tres categorías, los Gandos, las Firmas o Anaforuanas y los Sellos.

Los Gandos representan situaciones complejas del ceremonial, se trazan en el suelo y sobre ellos se colocan diferentes objetos del culto y se sitúan los dirigentes religiosos (Plazas).

Las Firmas o Anaforuanas representan a cada una de las jerarquías que integran la estructura de los abakuá y cumplen una función consagratoria cuando se trazan sobre determinados elementos del ritual.

Los sellos son la representación o identificación de cada juego o potencia abakuá, de los que existen 123 en toda Cuba.

En la actualidad, los abakuá poseen órganos de coordinación municipal en los municipios de Cárdenas, Matanzas, Guanabacoa, Regla, Marianao y San Miguel del Padrón, y dos a nivel provincial en Ciudad de La Habana y Matanzas, encargados todos de controlar la obediencia a los reglamentos y principios de la sociedad.

Dentro del ñañiguismo se reconocen varias jerarquías. El Indisime es el aspirante a entrar en una potencia, mientras el Obonekué es un hombre ya iniciado. Plaza es una jerarquía vitalicia que ocupa un puesto relevante dentro del juego y está encargado de preservar y hacer cumplir las normas y principios rituales y sociales. Títulos de Plazas son Iyamba, Mokongo, Ekueñón, Nkrikamo, Nasako y otros.

En las sociedades secretas Abakuá sólo son admitidos hombres. Al indagar entre sus integrantes cuál es el concepto de Hombre, expresaron: “Hombre no es sólo aquél que no es homosexual, sino el que refleja la más pura dignidad del ser humano como laborioso, fraterno, alegre, rebelde ante la injusticia, cumplidor del código moral establecido por los antepasados formadores del Abakuá ; es aquél que es buen padre, buen hijo, buen hermano y buen amigo”

Abakuá o Ñáñigos

Abakuá o Ñáñigos

Según numerosos historiadores, agrupaciones abakuá o ñáñigos se conocían en Cuba ya en el 1836. Proliferaron en zonas de la Habana y Matanzas. Las Cofradías abakuá eran asociaciones secretas donde se conservaba las historias legendarias de su surgimiento en Africa, que permitía la creación de la estructura jerárquica, ordenaba las bases para un código de comportamiento tanto interno como para determinadas formas de conducta social. Estas eran secretas porque no se daba a conocer sus membresías ni poseían éstos documento alguno identificativo. Sus miembros practicaban la protección y socorro entre ellos, tratándose de “hermanos” entre sí. Esa fidelidad y espíritu de cooperación interna los convertiría en “potencias abakuá” ganándose el respeto y el temor de los demás grupos.

Iremé o Diablito

Este es el personaje más pintoresco y representativo de nuestro folklore. Representa un ente sobrenatural que viene a la tierra para intervenir en las ceremonias abakuá, para dar fe y comprobar la corrección de cuanto se hace; existe uno diferente para cada ocasión. El Iremé necesita de un personaje que lo guíe durante toda la fiesta, este es el moruá , quien le habla y canta empleando elementos de la lengua “efik” que viejos informantes la denominan como “carabalí brikamo”. El moruá apoya su gestualidad llevando dos cañas de azúcar o dos plátanos verdes que sujeta y une formando cruces, o puede emplear un pequeño tambor (enkrikamo). En ritos funerales el moruá hace sonar cencerros para llamar al Iremé anamanguí , quien preside las ceremonias mortuorias (llantos o nyoró).

Plazas

Cada cofradía de abakuá posee plazas con responsabilidades fijas que deben de ser cumplidas por quienes las ocupen. Estas plazas están relacionadas con la leyenda que les dió origen y mantienen su denominación inicial. Las más importantes son:

  • Iyamba: Cumple una función de gran importancia en las sociedades abakuá, responsable del ekue (tambor sagrado que significa leopardo en la lengua efik), se ocupa del control financiero.
  • Iksue: Ordena los pases y entradas en las ceremonias.
  • Mokongo: A su cargo está la ejecución de la voluntad del ekue.
  • Empegó: es quien toma el juramento del iniciado.
  • Ekueñón: especie de secretario.
  • Morúa o Morúa yansa: Levanta los cantos (cantor).
  • Iksumekue: Comparte las funciones de Ekueñón.

Los íremese no constituyen plazas ya que representan a un ser sobrenatural.

Cantos, bailes e Instrumentos de los abakuá

La música abakuá puede considerarse la más cuidada de entre las de origen negroide, tomando en cuenta la naturaleza de sus cofradías que limitaban el número de participantes en sus ceremonias y confiaban sus cantos e interpretaciones a un determinado grupo preseleccionado, que se repetía en cada evento, evitando así, intervenciones accidentales y casuales, como sucedía en toques de santería y de palo. Sólo se distinguen dos estilos de toques y cantos: los efí y efó , nombre con que en Cuba se identificaban dos tribus africanas separadas por el río Oddán. Los cantos relatan y comentan historias y legendas ancestrales. Se dice que los efí eran los dueños de los tambores, de la música, sus toques son más rápidos y figurativos. Los efó poseían el secreto de la leyenda de Sikanekua, mujer que encontró al “pez Tanze” y descubrió una misteriosa voz o bramido sólo conocido por el brujo Nasakó. Esta historia constituye el cuerpo doctrinario de las cofradías abakuá y base de la lucha legendaria por el dominio de la voz. Los toques efó son más lentos y con diseños rítmicos más sintéticos.

Instrumentos

Se dice que los abakuá emplean dos órdenes de instrumentos:

Cuatro tambores simbólicos

  • Empegó: impone señal de atención, alerta y orden.
  • Ekueñón: anuncia y preside las funciones de sacrificio
  • Enkríkamo: llama y domina a los Iremés
  • Seseribó: con este se dirige las procesiones y marchas. (Representación de Sikanekua, mujer fue sacrificada por descubrir al pez sagrado Tanze).
  • El ekue es el instrumento fundamental y no es más que un tambor secreto que se oculta tras una cortina en el cuarto sagrado (fambá). Al frotar el ekue con con una varilla de güin se logra obtener un sonido que simboliza la voz o bramido mágico que producía el pez Tanze. (Según la leyenda, con la muerte del pez, el brujo Nasakó tuvo que fabricar un instrumento que reprodujera el bramido, creando el tambor secreto ekue tras numerosos e infructuosos intentos).

Cuatro tambores biankomeko

  • Formado por los tambores: bonkóenchemillá, biankomé, obi-apá, kuchi-yeremá, dos palos percutientes (itones), un cencerro (ekón) y dos sonajas (erí-kundí).

Este conjunto acompaña los cantos y bailes de los Iremés.

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