Diomedes, in memoriam

Categoría: Guarureando |

diomedes-diazNoé González

Es Diomedes una leyenda vallenata. Es cierto que su vida fue un festival de excesos y que su itinerario no es un ejemplo de honra y virtud personales; pero es un leyenda. Cuando el vallenato era algo desconocido fuera de las comarcas del Cacique Upar y nombres como los del Juancho Polo Valencia, Alejo Durán, el viejo Zuleta o el mismo Francisco El Hombre eran apenas míticos juglares bucólicos, cuando Bovea y sus vallenatos aún guitarreaban los cantos de Escalona, cuando el mundo era tan reciente que las cosas carecían de nombre y para nombrarlas había que señalarlas con el dedo, el timbre de voz de Diomedes se irrigo como la voz del vallenato que ya levantaba vuelo como un poderoso Cóndor. Junto al Binomio pasaron a dominar la escena de los tiempos en los que el vallenato se adentró en el alma popular del pobrerío colombo/venezolano, más exactamente costeño-regional en honor a la verdad. Y de manera especial y profunda en el alma wayuu. Atrás quedaron los clásicos celebrando en Estocolmo el Nóbel de García Márquez. La nueva ola iba de la mano de Orozco y el pollo Isra, y de Diomedes con el acordeón de un patriarca como Colacho Mendoza. Con Diomedes el vallenato pasó a ser un fenómeno de masas. En la apoteosis de su carrera cada álbum suyo era un acontecimiento; ni Shakira llegó a vender tanto en Colombia su producción como lo hacía el hijo de La Junta. Aunque nos cueste reconocerlo era eso que llaman un ídolo para bien o para mal. Habrá que esperar mejores días para que encontremos explicación al guayabo del hombre y mujer sencillos con Diomedes. Mejor que nadie le puso voz y sentimiento a ciertas formas de ser y a ciertas maneras de relacionar los afectos y las querencias del pueblo pobre. Claro que siempre contó con las notas sensibles y hondas de verdaderos reyes del acordeón, pero les trascendía por igual a Náfer Durán que al Cocha Molina, a Juancho Rois que a Iván Zuleta.

 

Posiblemente tenga mucho que ver el matrimonio que hizo entre sus cantos y el sentimiento wayuu. No conocemos de otro humano que sea un ídolo en las multitudes guajiras de aquí y de allá, al extremo que el vallenato de la mano de Diomedes colonizó la cosmogonía guajira. En ese tercer país que cabalga entre una frontera y otra, tan desconocido como maltratado, Diomedes es algo más que una referencia musical. De nuevo: no es que el wayuu fuera ajeno a la música de caja, guacharaca y acordeón, pero de la mano de Diomedes alcanzó la dimensión que tiene dentro de la etnia. Diomedes impuso una canción de cumpleaños que se canta en las barriadas de Maracaibo primero que el cumple que trajeron los españoles. Mi ahijado literalmente es una canción de cuna de la C2 hacia allá. Diana es el nombre de todo amor que se fue lejos en el tiempo o en la geografía en cualquier edad. A todas las parejas se les dice que eres la reina cuando las cervezas comienzan a hacer efecto en mitad de la parranda y uno es más sentimiento que promesa de novio. Mi muchacho además de ser una loa al amor paterno/filial es el hijo más querido en la eternidad del tiempo. Cantando se adueño del Caribe en la voz de Villalona. Mi primera cana es la queja ecuménica e infinita por el paso del tiempo.

#DondeEstáAlcedoMora

2 respuestas a Diomedes, in memoriam

  1. Hombres taciturnos y mujeres con corazón de pedernal son quienes habitan Cien años de soledad y la industria cultural hace de Macondo un paraiso mágico. Mágica es también la bonanza narcótica que ampliando los mercados, la producción y el crimen imponen su sello en la comarca. Diomedes su vestigio, un signo del fondo escarbado en lo irredento. Paradoja, una más, que nos acusa la desvalorización de la vida, de la mujer, del destino de los hombres amasado en machismo; una popularidad galopando en esas cifras del despojo del alma

    Ohne Titel
    31 diciembre, 2013 at 6:08 AM
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  2. Hombres taciturnos y mujeres con corazón de pedernal son quienes habitan Cien años de soledad y la industria cultural hace de Macondo un paraiso mágico. Mágica es también la bonanza narcótica que ampliando los mercados, la producción y el crimen imponen su sello en la comarca. Diomedes su vestigio, un signo del fondo escarbado en lo irredento. Paradoja, una más, que nos acusa la desvalorización de la vida, de la mujer, del destino de los hombres amasado en machismo; una popularidad galopando en esas cifras del despojo del alma

    Lonche
    4 enero, 2014 at 11:22 AM
    Responder

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