Problemas de la vida cotidiana: sobrevivir y resistir

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Humberto Lopez, known as "Che" of Caracas drinks coffee in Caracas Juan Carlos La Rosa Velazco

No se si esta sea la mejor manera de empezar una serie de artículos a varias manos sobre lo que nos sucede abajo, en el seno de las luchas, en relación con el poder aquí en Venezuela, pero ahí va a modo de torpe introducción. Qué suene la guarura.

La madre y el Plan.

Cuando nos tocó estudiar lo que habían hecho otros pueblos para organizarse y resistir, incluso para vencer, aprendimos que por mucho arrastre, fuerza y carisma que tenga la jefatura principal, esta no debe ser más que la cara visible de un tejido que incansablemente no para de tejerse y rehacerse.

Alfredo Maneiro nos enseñó en su libro “Maquiavelo, política y Filosofía” que este florentino, padre de la filosofía de la Praxis, que no del pragmatismo -como maquiavelicamente lo han mostrado los que lo comercializaron cómo estupido manual de autoayuda de la burocracia-  vió en una de sus obras: “el principe” que los equilibrios de un pueblo fuerte y organizado en la relación con sus dirigentes son fundamentales como garantía necesaria para sus propósito y que el proyecto del principe debe ser un reflejo de ese pueblo organizado.

Viendo, lamentablemente mucho después de leer a Maneiro, cómo han resistido nuestros pueblos destacan dos procesos, uno que atiende al lugar de su resistencia que además de su tierra y su territorio -aun despojados de ella-  siguen siendo los que encarnan a la tierra, desde  su organización sustancial que es La Madre. Nuestros pueblos persisten desde la madre y el corazón de la madre indica el lugar por el que hay que luchar, ser y resistir. y dos, que los intereses de la comunidad, de la madre y de los nuestros son los que constituyen nuestro proyecto de lucha y que ese proyecto concreto, ese Plan, dialoga con el mundo sin abandonar su lugar ni su corazón.

Nos dice Elpidio González, mayor del pueblo wayúu que quien se mantiene vinculado a la casa de su madre y acepta su influencia está kainsi, que quiere decir que está bien, pués su corazón está justo en el centro como el sol al mediodía, en su lugar. En cambio, quien se aleja de su madre y del lugar de fuerza y relación que ella indica, está mainsá, está loco (mamaina), no es confiable pues su corazón está  lejos de la madre y de la tierra.

La vanguadia patriacal fue coptada y clonada, derrotada.

Así aprendimos y esto nos alejó para siempre de toda experiencia donde el desarraigo no nos permita envejecer con el caracter que nos da la relación con la tierra y con la madre. No ha sido y no será fácil pero las comunidades en lucha en todo el continente nos han mostrado un camino distinto al del partido patriarcal moderno y occidental, heredero de toda la tradición de relaciones de dominación con las que nos colonizaron.

No tiene sentido irse de la casa para luchar, es desde nuestra raiz viva que podemos hacerlo verdaderamente y sostenernos, persistir hasta el tiempo prolongado de la victoria. La izquierda patriarcal nos ha convocado a ser fuertes y espartanos, a alejarnos de la casa y abrazar a nuestro viril colectivo, a nuestro grupo de guerra,  desatender la prudencia de los tíos y las tías, abandonar las prácticas femeninas que nos enseñan las abuelas, no escuchar sus cuentos y sustituirlos por libros formidables; al hacerlo la izquierda nos ha hecho lo mismo que hace el ejército burgués con los soldaditos: sustituye toda su estructura de lealtad por otras jerarquías y valores y sustituye el entusiasmo y el amor por unos combustibles que ha primera vista se sienten poderosos: el miedo y el odio. Por eso al nacer la experiencia de La Guarura, recordamos a Buenaventura Durruti, con la consigna: nosotros organizamos el entusiasmo, no la obediencia y el miedo.

En los últimos años hemos visto como en vez de fortalecer y preservar las dinámicas de resistencia ancestrales e históricas que nuestros pueblos fueron acumulando y aprendiendo, el estado gobierno petrolero inició un proceso de duplicación amansada, de clonación esterilizadora. Es suya ahora una imagen de la resistencia y reflejo vistozo, pero amansada, envilecida por la relación clientelar que la mantiene viva. Antes, la alienación generalizada repetía frases inconecsas e irracionales de un lenguaje nipon nortemaericano, ahora las frases de la alienación orgánica han tomado el color de la resistencia, las citas inconecsas de la rebeldía, el miedo intríseco y los recursos que sostenían la antigua operación galope de los adecos ahora justifican el irracional y por demás inefectivo 1 por 10.

1814. el año en que nos vimos el cuerpo entero.

El año que viene vamos a celebrar, no oficialmente claro, los 200 años del inicio de la verdadera guerra popular por la independencia, que empezó con una rebelión contra la guerrita mantuana de patiquines iniciada en 1810. Los pueblos alzados en 1814 pudieron luego canalizar toda esa energía rebelde y creadora contra la corona y por años realizaron una gesta social que sólo puede entenderse en las cartas de intendencia de Sucre y otros oficiales que nos dejan entrever de donde provenían los recursos logíticos y cual era la naturaleza orgánica y social de los ejércitos libertadores que cruzaron el continente. Bolívar aprendió lo necesario para dirigir ese rio crecido, pero no para reivindicarlo en un proyecto. Por eso fue necesario Zamora, hecho por los pueblos inconformes.  En 1814 nos vimos el cuerpo entero, hermoso, pero en preservación de un proyecto que no nos incluyó, pensado a la medida de los comerciantes y dueños de la tierra, nos han enseñado a temerle a ese años y a su signo. Aún es así, en nombre de una patria qyue nunca hemos tenido, en nombre de la Capitanía General Petrolera.

Oscuro y aún más incomprendido es el manto que se arrojó sobre los rebeldes, de origen indígena que hicieron guerrilla contra la patria de los latifundistas y Generales, sólo vistos cómo monárquicos y ladrones. La solidaridad social que tuvieron es una evidencia que eran mucho más que eso en una “patria” que no los incluyó nunca. Fue sepultada su política rebelde, y con ella su ciencia, su modo de resistir.

Del falso positivo al positivo mentiroso

El Gobierno Bolivariano, muy bien llamado así, ya que en mucho es el más bolivariano de todos los gobiernos, ha sustituido a la mayor parte de nuestras resistencias y a nuestros verdaderos sujetos en lucha, incomodos siempre, -aún identificados con Hugo Chávez- por rebeldías de exhibición en un país donde -llegada la ocasión- nadie acepta que otro sea más rebelde y radical que uno y vamos acumulando trofeos en un torneo de alzaos y levantiscos que ahora es financiado con muchos más recursos que la feria del libro y la filven y que en no pocas ocasiones incluye estas ferias en su ruta.

Aclaro de manera tajante y directa para quién no entendió, no siendo admisibles luchadores cómo Sabino Romero Izarra y Argenis Vásquez, el gobierno los criminaliza y luego los sustituye al primero por un grupo de caciques yukpa que hablan contra el yugo español mientras agradecen la lluvia de migajas del plan yukpa con las que se ejecutó el desmantelamiento de la resistencia del pueblo yukpa y al segundo, asesinado también, lo sustituyen por discutidores del control obrero y voceros oficiales de consejos de trabajadores que solo existen cuando hay elecciones presidenciales. Mientras el verdadero pueblo en lucha se convierte en un un falso postivo, el clón es nuestro positivo mentiroso.

Bajo este esquema, el más desmantelador, es necesario una estrategia de lucha que precinda de las alcabalas institucionales y de las organizaciones impuestas que nos reducen a un listado de beneficiados, un modo de lucha que se arraige en el esfuerzo colectivo y raigal de las comunidades, basando el esfuerzo proyectual en lo que tenemos, construyendo organizaciones propias y precindiendo de los intermediarios clientelares, de discurso muy rebelde, creados por el plato de migajas del gobierno, entre los que están los que nos venden el discurso agotado de las contradicciones en el seno de la revolución bolivariana. Debemos encontar un camino propio en nuestras palabras, el camino perdido de la palabra fresca, al de nuestros asuntos, sepultada por tantos adjetivos y blasfemias clientelares, para lograrlo debemos reaprender a escuchar y a hacer silencio.

Debemos saber identificar el clón o paralelo de vitrina que el gobierno nos ofrece para sustituir cada iniciativa que emprendemos. Debemos evitar sobre todo rendirnos y debenir en franquicia falsa de nuestra propia lucha. debemos saber rectificar colectivamente y enderezar el rumbo.

Y, si es posible debemos ir perdiendo el miedo y la obediencia que nos hace creer que el opresor es nuestro padre, al punto que cómo sucede en muchas comunidades este miedo trabajado nos pone a destruir a patadas lo que a las hormigas les costó construir por décadas.

La esperanza de cambio y de justicia no fue inventada. es creación rabiosa y salvaje de los pueblos en lucha, lo que sucede es que igual que sucedió después de 1814 el proyecto de “La Patria” sigue sin ser el nuestro aunque se parezca igualito.

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