Convocados por Carmelo. Reconocimiento, recuerdos y ética

Categoría: Guarureando |

383021_339838776034753_500622022_nAlexis Romero Salazar/ Carlitos

1.-  Nacido en el año 1926 en el oriente venezolano en una población de pescadores –Río Caribe, Península de Paria-, Carmelo Laborit comenzó su lucha al lado del pueblo desde sus tiempos de estudiante del liceo Simón Rodríguez de Carúpano. En virtud de su compromiso, fue ocupado a temprana edad en la delicada tarea de enlace con los exilados de la dictadura gomecista en la Isla de Trinidad.

A fines de la década de los años cuarenta Carmelo llegó a Caracas y se inscribió en el liceo Andrés Bello para concluir el bachillerato, pero por asuntos de la política terminó graduándose en Cumaná de donde regresó a la capital  para realizar estudios  de Economía en la Universidad Central de Venezuela –le faltaron pocas materias para concluir la carrera-; allí participó activamente en el combate contra el régimen de Pérez Jimenez, llegando a ser miembro de la Federación de Centros en la clandestinidad. En 1953 volvió a oriente, donde fue hecho prisionero y brutalmente torturado; lo llevaron a la cárcel de Barcelona, después a la de Maturín. Finalmente, lo trasladaron a la prisión de Ciudad Bolívar; de donde salió cuando cayó la dictadura.

Cuando su partido Acción Democrática, ya en el poder en los primeros años del régimen betancourista, se desvió de los ideales revolucionarios y se convirtió en una maquinaria para el engaño y la opresión del pueblo, Carmelo fue uno de los protagonistas de la división que dio origen al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). En respuesta a su activa participación en el proceso insurreccional, en 1961 fue detenido por los esbirros del gobierno y llevado prisionero a la sede de DIGEPOL, a la Cárcel Modelo y al Cuartel San Carlos, en Caracas. A comienzos el gobierno de Raúl Leoni -en 1964- fue trasladado al campo de concentración ubicado en Isla del Burro –en el Lago de Valencia-; las bárbaras torturas a que fue sometido y las condiciones infrahumanas de la prisión, hicieron que su salud se resintiera siendo llevado al Hospital Militar de Caracas.

La saña represiva adeca, en su locura, llevó a que se le  constituyera un expediente de 102 causas y en septiembre de 1967 Carmelo fue expulsado del país, para permanecer varios años como exiliado en Italia. Regresó a Venezuela en 1970 bajo el gobierno del copeyano Rafael Caldera, quien inauguró una singular “política de pacificación”, que lo condujo a una nueva detención y a sufrir permanente hostigamiento. Sin embargo, perseveró en la lucha por la transformación social y se incorporó a la vanguardia de la Organización de Revolucionarios.

Cuando en 1973 se decide la creación de la Liga Socialista para profundizar la lucha al lado del pueblo, Carmelo es seleccionado como su presidente; siendo pieza clave para la supervivencia de la organización cuando el secretario general Jorge Rodríguez fue asesinado por el gobierno adeco de Carlos Andrés Pérez. Siempre confió en la militancia y en el despertar del pueblo y por eso durante las décadas de los ochenta y los noventa se mantuvo firme en la lucha revolucionaria durante los gobiernos de Luis Herrera, Jaime Lusinchi, CAP II y Caldera II, a pesar de sus dolencias físicas.  Carmelo, el  imprescindible, fue sembrado en Río Caribe el 30 de septiembre del año 2004 (un día después del querido José Zabala, “Orangel”, “Emilio”.

2.-La entrega y la consecuencia revolucionaria de Carmelo es apenas superada por su ternura y solidaridad. Por ello su ejemplo tiene un enorme poder de convocatoria; el llamado a conversar sobre su vida fue respondido con enorme entusiasmo, tanto por quienes desde diferentes posiciones y circunstancias lo conocimos, como por jóvenes que se han acercado a su historia. Es que Carmelo alcanzó el grado más alto de la especie humana, la condición de revolucionario.

En el homenaje de Puerto La Cruz, el 5 de octubre pasado, a sala llena los testimonios estuvieron cargados de respeto, admiración y afecto; hablaron su hija Josefina –que de niña hizo junto a los hijos de los otros presos de la Isla del Burro un espacio para el juego-, Rigoberto Cardivillo –desde siempre activo revolucionario en el Tigre y el Tigrito-, Francisco Cedeño –quien viajó desde Caracas-, el Dr. Diaz –su compañero durante los 5 años de prisión en la Isla-, Ivan Silveira, el “Comandante 53”  –combatiente con Carmelo en los primeros años de los sesenta-, Eliud Hernández,  Chela y Eduardo –su hijo-, que con anécdotas y con una carta de su puño y letra dijeron de su ternura y desprendimiento, “El Poeta” Juan Medina -quien llegó desde Valencia-, Edgar Alzolay desde Caracas -con la reimpresión del libro de poesía de su hermano asesinado-, el perseverante y aguerrido Oswaldo … -“Heriberto”-  desde Guayana, el consecuente Lenin vino desde El Tigre, Rómulo Sánchez, Nelson Carreño, Gisela, otros compañeros de la antigua Liga Socialista de Puerto La Cruz que no conocíamos y Amilcar Figueroa. Finalmente, una llamada del hermano David Nieves  se escuchó a través del micrófono para expresar el profundo amor por Carmelo. Junto a sus camaradas,  permanecieron emocionados la madre de su  única hija -quien consecuente con él tuvo que soportar todo tipo de vejámenes  en la visita a las prisiones-,  su único nieto Ricardo, su hermana y otros amigos de siempre. Estamos en deuda con los compañeros que propiciaron el encuentro de esa comunidad de afectos: Josefina, “El Amiguito”, Rigo, Carreño, Eliud.

A nuestro turno, hablamos conmovido por los propios recuerdos; dijimos que siempre supimos de Carmelo.  Desde muchachito en los tiempos la dictadura perejimenista; lucha en la cual lo acompañaron varios de nuestros tíos. Supimos de Carmelo también a principio de los sesenta, en el combate contra la explotación de las empresas extranjeras de la industria del hierro en Guayana, que coincidió con la división de AD que dio origen al MIR donde participó, como trabajador de la Orinoco Mining, nuestro padre. Supimos de Carmelo desde nuestros tiempos de militante liceísta  de la Juventud del MIR en Cumaná a mediados de los años sesenta. Presentíamos a Carmelo en Caracas cuando el hermano Orlando Yajure luego de la expulsión de la UDO nos organizó en la UCV junto al “Amiguito”, “Cucho” y José Ramón Carpio- como pioneros de nuestra nueva organización, que “El Cabezón” creó como núcleo inicial del MEUP y de la posterior Liga Socialista; por allí, clandestino, tenía que andar Carmelo.

Lo intuimos cuando nos encerramos con Elias Eljuri a discutir la táctica del Voto Nulo, en cuya aplicación tuvimos –junto a Juan Lugo, “Eugenio” y Manuel Gutierrez “Mendoza”- el privilegio de organizar  el primer acto de masas en el barrio “El Mulatar”, que ayudamos a formar en el oeste de Caracas, y en el cual intervinieron “El Viejo” Manuel Coa Fernández, “La Gorda” Esther Añez, “El Cabezón” Yajure, Norelkys Meza y “El Bata” y participaron los núcleos iniciales del trabajo obrero, de los barrios y los chamos del CERO; por allí clandestino, dando orientaciones andaba Carmelo. Lo sentíamos en las reuniones de contacto con el gran David, quien como nuestro responsable nos llenó el alma de perdurables anécdotas y enseñanzas, consecuente con el ejemplo del viejo maestro. A Carmelo por fin, lo encontramos en la fundación de la Liga cuando estuvimos en el Comité Regional de Caracas dirigido por el querido “Viejo” Coa –junto al “Amiguito”, al “Filosofo” Carlos Wilfredo García, Hugo Amundarain (“Atila”) y Jesús Martinez; allí fue cuando más nunca se nos olvidó: no es fácil prescindir de una presencia tan potente. Siempre supimos de su preocupación por orientarnos en el trabajo entre los obreros de Guayana. Luego, por el testimonio fotográfico  y por boca de quienes estuvieron, supimos de su entereza frente al asesinato de Jorge.

A pesar de la disolución decretada a mediados de los ochenta, en la lejanía seguimos sabiendo de Carmelo, hasta en el año 2000  por casualidad lo encontramos en Caracas mostrando espontáneamente la máxima expresión de solidaridad con un camarada en infortunio, desprendiéndose de lo que no tenía, mientras que con la mayor ternura lo convencía que aceptara. Nos pidió lo ayudáramos a vencer su resistencia, en un gesto paternal que nunca se nos borra de la mente.

Siempre supimos de Carmelo, porque nunca dejó de estar donde debía, donde decidió permanecer eternamente: allí donde están las masas. Por eso admiró y apoyó a los compañeros que a pulso, con constancia y disciplina, construían los núcleos revolucionaros entre obreros, pobladores, campesinos, estudiantes y maestros; por esa misma razón tomó distancia de los dilettantes y los oportunistas que hablan de revolución y no organizan, ni se juntan con nadie para hacerla con la gente del pueblo, pero van de reunión en reunión espantándola.

3.Como han dicho camaradas argentinos, salvadoreños, chilenos, etc., la historia que no se escribe no existe. Para algunos como nosotros apenas se trata de apelar a los recuerdos para reconocer la grandeza de los camaradas como Carmelo con quienes tuvimos el singular privilegio de compartir, gracias a la vida porque a pesar de nuestra poca importancia, nos puso en su camino. Orlando Villalobos ha manifestado que la memoria “es la ética de la vida que se expresa en la consideración del otro, la valoración del otro, entendida como la valoración de la vida”. Con mucha humildad y sin otra intención que no sea esa, es que hilvanamos nuestros testimonios; más desde la emoción -desde el corazón, desde el afecto- que desde la razón, pretendiendo honrar a quienes lucharon y perseveran, sin cálculo alguno.

A Orlando debemos agradecer habernos permitido conocer la sentencia de  Héctor Schmucler: “Si la memoria es la expresión de una ética, si es la forma en que reconocemos el mundo y a nosotros mismos, entonces la memoria es obligante. Es decir, reconocida cierta forma de recordar, reconocida nuestra presencia actual por lo que hemos sido, por lo que hemos recorrido y nos ha constituido, nuestras actitudes no son indiferentes. Somos a partir de una memoria y de que todos tenemos una memoria. Si reconocemos el peso de los valores sobre los que esta memoria se asienta, no podemos hacer cualquier cosa. No podemos propiciar una relación entre ética y memoria sin sentirnos aludidos… La memoria nos hace responsable de nuestros actos”.

Entonces, si la memoria es obligante nos pone en el camino del reconocimiento de los camaradas que nos inculcaron -y con quienes compartimos- valores como la solidaridad, el desprendimiento. Y no podemos hacer otra cosa que expresar nuestro agradecimiento a hombres como Carmelo o José Aquino Carpio y Carlos Wilfredo  García –“El Filosofo”, que fueron asesinados cumpliendo su tarea; no podemos seguir sin reivindicarlos. Tampoco podemos ser indiferentes ante la situación de calamidad, por condiciones de salud o económicas en la que se encuentran algunos compañeros del alma como Vicente Gómez, “El Viejo” Coa y otros que no queremos mencionar sin su permiso. La memoria es expresión de una ética… la memoria nos hace responsables.

Sigamos el ejemplo de Carmelo y de los otros camaradas; no se trata sólo de reconocer su sacrificio y heroísmo, sino de aprender de sus experiencias, de sus destrezas para construir  una organización en medio de la más bárbara represión; se trata de aprender de sus demostraciones extremas de solidaridad. Es vital que los verdaderos revolucionarios se identifiquen con ellos; enseñemos a ser como Carmelo y nuestros consecuentes camaradas.

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Convocado por Carmelo, el acto no pudo ser más conmovedor para nosotros: el encuentro con los compañeros de la J-MIR con quien fuimos expulsados por la saña represiva adecocopeyana en 1970 de la UDO: Rigoberto Cardivillo, Ivan Silveira y “El Amiguito”, hermanados en escaramuzas en Cumaná y en Caracas; con Lenin y Edgar Alzolay y con “Heriberto” nuestro responsable en Guayana, más activo que nunca en el colectivo Carmelo Laborit. Están donde nos enseñaron: en el lugar de las masas, perseverando; como aquí en “El Chocolate” Juan Lugo -“Eugenio-, a quien sigo.

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