Los pueblos indígenas como sujetos políticos

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movilizacion_zapatistas_chiapas_04El neoliberalismo en los años noventa, seguía con los ajustes en nombre el crecimiento y el “derrame” pero nunca logró ninguno de los dos.

Norma Giarracca

En este contexto de crisis, la “emergencia de los pueblos indígenas” fue uno de los acontecimientos políticos más importantes del territorio latinoamericano. A fines de los noventa, los movimientos rurales de la región ocupaban el centro de la escena política y, sin dudas, la mayoría de ellos eran movimientos indígenas. Tal vez el acontecimiento que muestra sin reparos esa “emergencia indígena” es Chiapas (México) en las primeras horas de 1994, momentos en que entraba en vigencia el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica que ataba el destino del país azteca, definitivamente a los mandatos de su gran vecino. No obstante, ya en 1990 y durante toda la década, los pueblos indígenas organizados en la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) protagonizaron levantamientos para frenar leyes neoliberales. Fueron inmensas marchas por los territorios que jaquearon a varios presidentes hasta que decidieron incursionar en política institucional como aliados del presidente electo Lucio Gutiérrez. Al poco tiempo se retiraron del gobierno decepcionados y regresaron a la resistencia comunitaria. Otro tanto podemos afirmar de los pueblos indígenas bolivianos que se negaron a aceptar las reglas del juego de la devastación neoliberal y desataron rebeliones tan importantes que recibieron la denominación de “guerras”, la del agua en Cochabamba 2000, la del gas en La Paz y El Alto en 2003. A diferencia de Chiapas en México, estos movimientos del Cono Sur intentaron las vías institucionales de las democracias nacionales con resultados dispares.

Los indígenas zapatistas de Chiapas en cambio, expresaban que no querían saber nada con la política institucional, sólo deseaban recuperar sus ámbitos comunitarios autónomos, regenerando sus propias formas de gobierno y sus propios modos de vivir, comer, sanar, educar y morir. Con los años se fue respetando cada vez más su vía tan particular de salir del capitalismo salvaje: no quieren dejar de estar en México, no quieren ser parte del Estado y están creando un “mundo otro” (como suelen decir ellos mismos) que lleva casi 20 años, siempre acosados militarmente.

En estos últimos años los aportes más importantes a un nuevo pensamiento social, a mi juicio, provienen de la interacción de estos movimientos indígenas con intelectuales (nativos o externos) que están o estuvieron comprometidos con estas luchas. Un ejemplo muy interesante fue el debate del “constitucionalismo social” emprendido por la Bolivia del presidente Morales y el Ecuador de Rafael Correa.  Con la idea de “refundar el Estado”, se discutieron conceptos que circulaban por esos mundos sociales en resistencia: “derechos de la naturaleza”, “Estados plurinacionales” que, sumados a la idea zapatista de “mandar obedeciendo” o la campesina de “soberanía alimentaria”, conforman una constelación semántica cuyo centro es el “Buen Vivir” (Sumak Kawsay).
Nos interrogamos por qué a pesar de los cambios institucionales en la región, de las crecientes hostilidades climáticas y sísmicas del planeta que exigen un cambio en la relación con la naturaleza y del extendido debate desatado en toda América Latina con estos nuevos sentidos emancipadores, los movimientos indígenas no logran persuadir con estas cosmovisiones para la vida y su reproducción. El problema que aparece es la cuestión de los recursos naturales o bienes comunes. El capitalismo de esta época revalorizó nuevamente (como en sus comienzos) la riqueza que puede extraer de los recursos naturales e incluso el sector financiero interviene activamente en las actividades. Por otro lado, más del 80% de los recursos naturales existentes en el mundo están ubicados en comunidades campesinas e indígenas. El poder económico no esperaba las resistencias de estas poblaciones, desde México hasta los territorios mapuche. Estos episodios de resistencias y las represiones desatadas han generado un dilema de muy difícil solución para los gobiernos de Ecuador o Bolivia (sobre todo) porque sin la alianza con los pueblos indígenas, no puede haber “refundación” posible del Estado y la geopolítica internacional y sus actores económicos son sordos a los sonidos vitales del Buen Vivir.

*Titular de Sociología Rural. Coordinadora del Grupo de Estudios de Movimientos Sociales en América Latina. Instituto Gino Germani-UBA.

Una respuesta a Los pueblos indígenas como sujetos políticos

  1. Bueno el artículo, sin embargo la pregunta implícita que deja para el final revela una incomprensión fundamental de la realidad capitalista. Los estados-nación surgieron y se desarrollaron con el capitalismo. Son capitalistas. Cuando Alvaro Linera, vicepresidente de Bolivia dice que el destino de Bolivia debe ser “moderno”, muestra que su horizonte no sale de la lógica modernista del progreso, algo incompatible con las cosmovisiones y luchas indígenas. Algo similar con Correa, que incluso en una ley le entrega la “educación” de los indígenas a misiones católicas. El gobierno de Ecuador no escucha, ni siquiera puede hacerlo, a los indígenas. Te recomiendo leer a Zibechi, en particular su libro Dispersar el poder, que habla de las luchas aymaras en El Alto, Bolivia.

    Fernando Gonzalez
    8 octubre, 2013 at 11:16 AM
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