Hubo en Cabure un hombre que tomó por asalto el cielo

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Por: José Millet

Hubo en Cabure un intrépido de pueblo que tomó por asalto el cielo. Desde la cumbre de las montañas, emprendió vuelo lanzándose al vacío; llevaba el corazón palpitante de cálculos de estrellas y universos distantes. En vez de aeroplano, usó su cuerpo valiente y sus alas eran unas membranas elaboradas celosamente, tal vez siguiendo la intuición prodigiosa de los pájaros y los gigantescos árboles que pueblan esos parajes. Cuando los lugareños se aplicaban a hendir la tierra, colocar en su seno cimientes y rogar por que la lluvia produjera la germinación, aquel hombrecito desafío la ley de gravitación universal. Rivera, más que el monumento ecuestre, es alma que reta las alturas a que debe empinarse el hombre.

Otro poeta nacido en la montaña coriana quiso también transformar el mundo y preparó una nave que volara sin usar el combustible fósil que se acabará en un tiempo perfectamente calculable y que sigue desatando sangrientas guerras en varios continentes. Curaba dolencias físicas, acomodaba desarreglos psíquicos mediante las corrientes del imán, parecido a los polos electromagnéticos que hizo comprobar para echar a andar ese motor que diseñó, mediante meticulosos cálculos matemáticos, de modo que no quemara el combustible del diablo e hiciera salvar la paz de las especies que poblamos el planeta. Pero la poesía de las ciencias es tan suberversiva cuando se propone transformar la realidad… que Ibrahin López García fue hundido en el más absoluto olvido del cual hace poco fue rescatado en la Casa de la Poesía, con la publicación de su libro y de otros importantes trabajos suyos.

Sigue cabalgando en su Cabure natal Hugo Fernández Oviol;  en las alforjas de sus caballos nos legó un tesoro de enseñanzas, de dedicación plena a la enseñanza de las generaciones a pasadas y a las que se forjarán en los ideales de libertad, valentía y disfrute de la Patria Bonita que contribuyó a forjar desde espacio que pasan por los salones de clases y que convierten cada instante en forjador de dudas, de respuestas y de sugestiones de belleza que enriquecen el Espíritu. Usó como fuete la palabra, nos dijo que la Belleza está al alcance de la mano, en las mujeres que heredaron las artes de desafiar los haitones, los feroces tigres que nos acechan en parajes inesperados  y cómo sortear desafíos no menos trascendentales.

Prometeo  fue realmente quien trazó el arte de la poesía al arrancarles a los dioses el fuego con que se mantienen a raya las fieras que depredan todas las especies vivas, especialmente las que piensan y expresan con sinceridad sus ideas. Científicos, tecnólogos y escritores pueden unir las manos para encarar los desafíos que los procesos civilizatorios imponen, con su aplastante marcha  enfocada a poblar los espacios en que las especies vegetales, animales y homo sapiens convivieron desde tiempos que no alcanza la memoria en armonía. Cuando ese equilibrio y esa armonía fueron violentadas por desmanes, han sido las voces de los poetas quienes han encarado a los poderes fácticos, hecho que se hace elocuente cuando se nombran a Goethe, a Frank Kafka o a Ana Frank, por aludir sólo a aquella época cercana en que el nazismo avanzó por Europa para llevar a la Humanidad al borde del holocausto.

Hoy los escritores y los poetas que vivimos en Venezuela, adquirimos  o en muchos casos reafirmamos la conciencia de la situación extrema a que nos ha conducido el capital internacional que intenta dominar el planeta y que tiene en los Estados Nacionales rostros y nombres que siguen sus designios, identidades personales y grupales perfectamente definibles; tenemos conciencia del peligro que se cierne sobre la Patria, el espacio sagrado donde habitaron y habitan los pueblos originarios de Nuestra América, sentimientos de pertenencia a la tierra donde se nació y se ha vivido, donde palpitan los restos de nuestros antepasados y donde anidan los rumores de los árboles heridos, el canto de los pájaros y el ardor de nuestras mujeres aguerridas.  El canto de Alí Primera puso a caminar junto al pueblo a Simón Bolívar,  cuya espada al pueblo para levantarse frente a gobiernos vendidos a las recetas neoliberales del FMI y del Banco Mundial y que llevó al Comandante Invicto Hugo Chávez al poder para que el Comandante invicto lo empoderara para siempre.

Ese canto nos llama al combate: a decirle a los ciudadanos que este cambio nos lleva a la raíz del Árbol del ser venezolano, a la música de Sombra en los Médanos y al polo coriano, al ritmo del tambor que repica en los barrios de Curazaito y La  Guinea, en las costas y en los montes,  que nos involucra en esa danza en que se nos da o en que se nos quita la vida. La poesía apuntala o derriba almas.

#DondeEstáAlcedoMora

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