Disensiones sobre la Unidad del Pueblo Bolivariano. Hacia la unidad de los pueblos en lucha.

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guaruras-piel“No es tiempo de recular, ni de vivir de leyenda” Alí Primera

“Este gobierno no negocia con limpios” Rodolfo Sanz

Juan Carlos La Rosa Velazco

militante de  la Organización Wainjirawaa, Asamblea de Militantes por Otra Política, Sistema La Guarura.

Escribimos desde el profundo respeto por la consecuencia, la solidaridad y el debate con que hemos vivido estos años de lucha y debate a los compañeros y compañeras , muchos de ellos maternales hermanos que organizan y suscriben el documento “Hacia el Encuentro Nacional de la Unidad Política del Pueblo Bolivariano para garantizar la gobernabilidad revolucionaria.”  para poner a consideración del debate nuestras digresiones y disensiones a lo planteado en ese debate colectivo. Trataremos de ser directos, compartimos el diagnóstico de emergencia que abre el documento aunque no compartimos en absoluto la descripción de la emergencia y creo que cada quién debe decir lo que tiene que decir, entero y sin cortapisas, para que la palabra sincera y florecida abra el diálogo.

No creemos que en la actual situación debamos separar el espacio de debate militante, del que damos en el seno de nuestras organizaciones y el las propias comunidades, creemos que una palabra diáfana y entera nos ayuda a reordenarnos y a elevar la conciencia de los nuestros, por lo tanto seremos del todo indiscretos.

Escribimos para los compañeros que de verdad están luchando porque una línea de autogobernancia y una soberanía realmente popular nazca y tome camino y para los que creen sinceramente que nuestra tarea es salvar algo del equipaje ajeno, no para los que aún aquí, esperan una nueva oportunidad para el contrato, la migaja o entrar en la nueva élite burocrática. Son pocos, pero los hay, sentados en nuestra mesa.

1. La primera disensión es sobre el asunto de la “Unidad del Pueblo Bolivariano”. Tal unidad no es posible si partimos de que es una en la “bisagra” con un líder o jefe como Hugo Chávez, en cuyo gobierno es precisamente donde la posibilidad de esa unidad se ha disuelto y por el contrario el esfuerzo unitario impulsado desde abajo se ha desmantelado sistemáticamente en el marco de una muy particular aplicación de las políticas sociales y del incremento escandaloso de las fronteras del reparto clientelar.

La Política social ha sido claramente diseñada e implementada para desmantelar las autonomías políticas locales y territoriales, apaciguar las rebeldías y convertir la relación con los pueblos de Venezuela en una relación con listas de beneficiados, rebautizados a capricho de la burocracia y no con sus organizaciones. A las organizaciones que por reflejo histórico han pretendido mantener sus autonomía se les convierte, con honrosas resistencias excepcionales, en administradoras de recursos del gran plato de migajas clientelar, hasta que la relación con el estado deviene en la más importante, por encima de la relación con la gente y sus luchas. Es tan así que en el tiempo más reciente surgen “colectivos” con la exclusiva aspiración de ser atendidos financieramente por el estado-gobierno.

A esta etapa de desmantelamiento algunos hermanos en su debate la han denominado pranización de la política del movimiento popular. Para nosotros y para el debate en el que está inserto, tanto en el Zulia como en el País y en el continente, esta no es sino la más eficaz política de contrinsurgencia imaginable hasta ahora, reproducida cómo modelo en todos los gobierno de izquierda que hoy hemos elegido en Latinoamérica con el respaldo popular y con el apoyo de nuestras organizaciones de lucha.

Podemos extendernos en cada ejemplo particular. La política del gobierno de Evo ante la lucha por la defensa del TIPNIS, la vocación minera y los esfuerzos de división y desmantelamiento de la CONAIE por parte de Correa, entre otros, cada caso podemos verlo en detalle en el seno de un posible debate, pero, lo más importante para nosotros es que precisamente el liderazgo popular de Hugo Chávez, que por cierto nunca a gobernado en bisagra con ninguna organización popular, ha creado el chavismo, fenómeno histórico de gran arraigo, desde el cual se miden las pertenencias y actitudes, y desde ahí la política de desmantelamiento se ha acentuado con mayor eficiencia que en otros países donde no existe ni el evismo, ni el correismo, o donde el kitchnerismo y el ortegismo no son sino mafias corporativas vistas así por los pueblos. Aquí en cambio el chavismo es también una condición social y popular arraigada, esto es un hecho, lo que es una pérdida de tiempo es subjetivarnos desde esa condición al punto de la despolitización absoluta del movimiento popular, diluirnos el la retórica alienante de las agencias de publicidad de la burocracia en el “nosotros pueblo bolivariano”, “yo me juramento”, etc.

Pensamos, desde nuestra pequeña trinchera, que la Unidad y rearme del movimiento popular parte de construir una política propia de los pueblos, y eso requiere un esfuerzo militante como chispa fundacional, dar un paso radical adelante, que la unidad que requiere el proceso popular no pasa por una asimilación al chavismo en abstracto, que nos subordina sin remedio a la mafia militar corporativa que controla el Poder, sino por disentir clara y meridianamente de esa clase política.

No estamos atrincherados en la idea o en el dogma para asegurarlo, hemos estado como parte, esta historia nos es propia y vemos con claridad que nuestras gentes en las comunidades y colectivos, pueden rezar, pero están listas para rebelarse también, reina el descontento. No hay críticas más meridianas y más claras que de quienes han batido el melao en las bases, incluso en el PSUV y lo dicen claramente en cada reunión un diagnóstico desesperado de la vergüenza que espera por alternativas. Aún no sabemos si tenemos suficiente valentía para comenzar a construirlas más allá de lo que Roland Denis a llamado supervivencia táctica.

Una digresión. Una cosa es lo que sucede en el seno de movimiento popular que resiste en sus reflejos autónomos en diálogo con las bases honestas y sinceras del chavismo y otra las consecuencias que la gobernabilidad corporativa ha causado en el común multitud. Toda la subjetividad del lenguaje y la acción creadora dejó de ser espontánea salvo honrosas excepciones, las palabras que se adquirieron significación renovada se han devaluado rápidamente, no se cree ya en la honestidad de ningún político, la gente en principio supone la estafa y la corrupción y ha surgido una cultura oportunista y de doble discurso en la relación con los operadores de la burocracia. Lo que la clase media llama inseguridad ahora es una crisis social y moral sin fronteras incluso políticas en nuestras comunidades y pueblos con tal perfección de resultados que indica una operación de control social planificada lejos de nuestras fronteras.

La esperanza no corre realmente por las calles cómo indica la propaganda oficial, la esperanza ha tenido que atrincherarse y solaparse, quien lucha lo sabe y sabe quienes son los que mandan en las calles y en los montes. Algunos compañeros apuntan incluso que el modelo venezolano que han previsto los operadores imperiales no es la guerra de ocupación, sino otro tipo de guerra que supone el desmantelamiento de las fuerzas de resistencia y la descomposición programada del tejido social y cultural.

2. Otra disensión es consecuencia de la primera y de una experiencia compartida en la década pasada, en la organización de eventos y movilizaciones del tipo que convoca el comunicado, incluso con varios de los hermanos y hermanas que lo firman.  ¿Cómo vamos a pedirle Maduro y a Diosdado que faciliten la unidad a través de la convocatoria a una dirección colectiva?. Los intentos anteriores han sido inútiles incluso con el mismo Chávez, que el documento y una gran cantidad de venezolanos supone más cercano que estos dos representantes del conjunto de la clase política militar corporativa, ausentes en estos años de cualquier relación de solidaridad con las luchas populares o con la posibilidad de permitir que los pueblos participen en alguna política pública. Esta entrada inicial puede inaugurar la producción de otro pliego de peticiones al Alto Gobierno y a la Presidencia que desmantela por cuenta propia, es decir por reflejo de sumisión, cualquier intento de construir o rearmar un programa popular. Así ha sido en el pasado, ya que niega de entrada la posibilidad de alejarnos del gobierno para defender un programa revolucionario si fuera necesario.

Todo lo que podemos pedirle al estado gobierno o sus operadores nos lo pueden dar pero por pedazos, esa es creemos la naturaleza del poder corporativo en esta Capitanía General Petrolera, y al final de cuentas no te da nada; pides territorios y te dan financiamientos, pides tierra y te dan créditos y medicinas, pides participación en la toma de decisiones y te dan una suplencia en la asamblea nacional, pides empleo y te tercerizan, pides reconocimiento y te inscriben en una misión. es decir los pedazos entregados son migajas y retazos, que pegados por nuestro esfuerzo no representan ni por asomo las metas elevadas de justicia, territorios, tierras, pan y dignidad que nos propusimos en rebelión, tampoco las ofertas hechas por la clase gobernante, incluida la del llamado socialismo de este siglo.

Un programa popular pasa por acordarlo nosotros por nosotros y para nosotros, midiendo las capacidades que podemos sinceramente ir acumulando para ejecutarlo desde una dinámica de movilización, organización, lucha y palabra política propia. Si hemos acumulado en subjetividad en estos años y en lo material, incluso quien piense que hemos, de alguna manera acumulado en conquistas, no proponemos desaprovecharlo y desecharlo, lo que proponemos es reordenar la fuerza y el debate con sinceridad y racionalidad revolucionaria y militante.

3. Disentimos también de l@s companer@s prevén un proceso de preparación de nuestro pueblo para transitar hacia una verdadera gobernabilidad revolucionaria, sin claudicación ni reversibilidad del procesos, sin señalar el como la clase política le ha negado sistemáticamente cualquier intento de empoderamiento a las comunidades, institucionalizando los controles que impiden el desarrollo de un serio y verdadero poder popular y obrero. No es comprensible frente a un estado gobierno controlado por una clase política mezquina de poder, que no permite la participación y el empoderamiento en la construcción, administración y seguimiento del modelo e incluso legaliza e institucionaliza la exclusión de tales ámbitos de ejercicio del poder, aunque se empeña en hacer una propaganda que habla de la construcción del socialismo.

No se puede hacer un planteamiento político revolucionario sin partir al menos de una crítica sincera. Que punto de partida puede tener el que demos el debate sobre la justicia, sobre el modelo de transición al socialismo si no señalamos y cuestionamos directamente al estado de cosas existente, a la corrupción estructural, al pingue negocio de las divisas de importación, a los acuerdos mineros estratégicos hechos a espaldas de los pueblos, a los fracasos de una la reforma agraria chucuta, a los acuerdos energéticos de explotación con las multinacionales, a los planes  de infraestructura, a la complicidad de los cuerpos de seguridad con el crimen organizado internacional, a la criminalización y desmantelamiento represivo y clientelar de las luchas sindicales obreras. Es cierto que no nos podemos quedar en la crítica, tenemos que proponer un modelo de construcción republicana que podamos empujar desde abajo, asumiendo la distancia necesaria de una clase política que no nos representa y movilizándonos para asegurar y acrecentar la fuerza. Un pliego de peticiones a estos politiqueros no nos dará resultados acumulativos y nos volverá a dejar a sus cuenta y saqueo.

No vemos en este documento los datos evidentes de la conspiración de transición post Chávez que avanza entre los conjurados del militarismo corporativo y de la burocracia, que no ocultan jactanciosamente los eternos negociadores de las transiciones, esos herederos bolivarianos y escuálidos de el Doctor Uslar, notables cómo el por meter su hocico el todos los reacomodos del poder, no decimos tal vez porque coincidimos que la subjetividad revolucionaria se ha debilitado y es preferible ensalsarla en forma estéril con frases como: no habrá reversibilidad ni claudicación. Parece que no vemos cómo las derechas chavistas y escuálidos se acercan porque saben en sus manos el acuerdo de destino y menos estamos pendientes en nuestro dibujo de contexto de cómo esta transición del Poder tiene operadores internacionales en China, Washington, Moscú, Sao Paulo y la Habana.

No vemos en ningún caso que el tiempo de esa negociación es precisamente el que han ganado al no hacer elecciones inmediatas, ofreciéndonos a un candidato al que podíamos interpelar y condicionar incluso desde nuestras debilidades orgánicas cómo movimiento. si el Presidente no regresa habrá elecciones en un marco de negociaciones en el seguiremos como hasta ahora, haciendo bulto.

Sentimos que pudiéramos caer una vez más en una inercia paralizante que pasa por proponer la agenda de nuestra propia decepción, en cada oportunidad el estado gobierno ha logrado lo que es su objetivo esencial, desmantelarnos, dividirnos. El cuento de algunos hacedores de cuñas baratas, es que debemos agradecerle a la revolución lo que hemos aprendido y la posibilidad de transformarnos y nacer de nuevo, este discurso más que cristiano y liberador, es mormón y adventista, “dejar que la revolución nos haga” equivale a dejar de hacerla y entregarle el control definitivamente a la clase política que se compra guayaberas rojas en las tiendas cubanas de divisas.

El decreto de Trujillo de 1813 es un formidable ejemplo de rebeldía y audacia creadora de un vanguardia, de deslinde verdadero para posibilitar un punto de fuerza que le diera un comienzo radical y definitivo a la revolución de independencia, luego vino la contribución dura y difícil de las masas en 1814, nuestros ancestros en pobrecía, castigaron las vacilaciones y le dieron el carácter de guerra popular a la lucha, después ese signo definió la guerra y le dio base popular, carne y savia a la revolución continental. Los llaneros llegaron hasta el Alto Perú y se reunieron con los indios que Azurduy y Belgrano habían dirigido, pero fueron traicionados en Caracas y en Bogotá en nombre de una unidad que defendía intereses ajenos.

Otra Política, ciencia y palabra de los pueblos.
Hacia la unidad de los pueblos en lucha, por una república comunal autogobernante
Volvemos por todos los caminos.

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