Si Chávez se ausentara del poder

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Roberto López Sánchez/ Aporrea
Escribo este artículo no con ánimo de especulación, ni con intenciones de hacerle el juego a los escuálidos con sus bravatas sobre la posible muerte del presidente. Me preocupa el futuro de la revolución a partir de la nueva realidad que se ha abierto con la enfermedad de Chávez. Intento un esfuerzo prospectivo, considerar como podrían presentarse situaciones futuras a partir de lo que estamos viviendo, y cómo deberían prepararse los distintos sectores revolucionarios para garantizar la continuidad del proceso bolivariano.

· Una realidad innegable es el debilitamiento del liderazgo del presidente desde el pasado mes de junio, a partir de su primer viaje a Cuba y las operaciones de emergencia a que fuera sometido allá cuando le detectaron inicialmente su afección cancerígena. No me refiero al liderazgo en votos. Probablemente el apoyo hacia Chávez haya aumentado en los últimos 80 días, y sus posibilidades electorales se han multiplicado a partir de esa fecha. Me refiero a la función cotidiana de liderazgo sobre la marcha del país, a que nos tenía acostumbrados Chávez en estos 12 años de revolución. Realmente ya no tenemos al Chávez de antes (esperamos, como todos, que regrese pronto al mismo ritmo de antes). En las pocas veces en que aparece en público o en televisión, demuestra no tener el conocimiento preciso que antes demostraba sobre la marcha diaria de la gestión de gobierno de cada uno de los ministerios y demás instituciones del estado. Sus discursos últimos se dedican fundamentalmente a explicar su propia enfermedad, y los múltiples y diversos problemas que afectan al pueblo venezolano (y que generan numerosos conflictos todos los días) parecen estar fuera de su conocimiento.

· Una posibilidad objetiva, a partir de considerar los efectos de la quimioterapia a que está siendo sometido, y considerando también que la recuperación ante el cáncer no sea tan absoluta como para poder reincorporarse a sus funciones normales de gobernante, es que el presidente Chávez progresivamente se vea obligado a delegar funciones en subalternos, hasta el punto de no poder asumir la campaña electoral del 2012. En esta eventualidad, la revolución se vería obligada a presentar un candidato distinto a Chávez, del cual no dudamos que sería el que él mismo postulara y apadrinara.

· Esta realidad que perfectamente puede presentarse el año próximo, generaría problemas diversos dentro de la gobernabilidad interna de la revolución. Hago énfasis en los efectos que esto tendría sobre el mando de las fuerzas armadas, puesto que estamos conscientes de que es la personalidad, el discurso y el carisma de Chávez quien logra consenso y liderazgo sobre todos los mandos militares. En la misma dirección del análisis, hay que considerar la estabilidad del liderazgo civil del proceso, fundamentalmente de la dirección nacional del PSUV y de quienes conducen el estado a través de los ministerios y demás instituciones, pues su carácter de “cooptados” por el propio Chávez se disuelve en su aceptación popular cuando el que coopta deja de ser el que dirige la nación (digamos que son “líderes” producto de la misma cooptación, y no porque se hayan ganado ese lugar al participar en la lucha política nacional).

· Al salir Chávez de la cabeza del gobierno bolivariano se acabaría ese factor de consenso que unifica a los militares en torno a la revolución bolivariana. Valoramos que el apoyo militar hacia el carácter socialista de este proceso viene más por la figura misma de Chávez que por convicciones ideológicas socialistas que puedan tener estos mandos militares. Hasta donde conocemos, la mayoría de nuestros militares bolivarianos tienen una formación ideológica de derecha, liberal burguesa, miran con recelo las ideas izquierdistas, y muchos de ellos lo comentan en círculos personales. Esta realidad, ante la ausencia de Chávez del poder, significaría abrir la caja de pandora en el mundo militar bolivariano.

· Pensamos que buena parte de los mandos militares mantendrán hasta el final la fidelidad hacia Chávez y la revolución. Pero esa fidelidad podría manifestarse de maneras extrañas no estando Chávez en la presidencia. Una posibilidad, que más que posibilidad es una realidad que se desarrolla desde ya en muchos pequeños escenarios del país, es que se presente una tendencia militar a autonomizarse del poder civil. Muchos de nuestros mandos militares actuales pudieran intentar imponer su poder de facto sobre las instituciones constitucionales, no necesariamente mediante una acción abierta, sino mediante procedimientos subterráneos que progresivamente debiliten el poder popular y terminen imponiendo un mando fáctico desde los cuarteles. Contra esta posibilidad hay que actuar desde ya por parte de las fuerzas revolucionarias, dejando claro que cualquier programa político alternativo ante una eventual salida de Chávez de la presidencia debería basarse principalmente en las fuerzas organizadas del pueblo, en la movilización de ese pueblo, y en el desarrollo del poder popular de base que apunta a configurar un estado comunal en ruta al socialismo.

· Habría que salirle al paso y denunciar cualquier intento de componenda con el imperialismo. La astucia de la contrainteligencia enemiga pudiera calentarle las orejas a los militares, apoyarse en sus ambiciones de poder, y provocar una aventura militar que incluso pudiera presentarse como en nombre de la revolución, pero que en realidad sería la excusa internacional perfecta para propiciar una descalificación de nuestro proceso, a partir de la cual cabrían bloqueos y embargos económicos, e incluso ataques arteros como el que se desarrolla contra Libia (estrategia ya desarrollada por el imperio para acabar con la revolución en la isla de Granada en 1983). Por supuesto, el ataque del imperialismo siempre estará a la orden del día, en la medida en que la misma revolución profundice su camino socialista, y en el marco del agravamiento de la crisis capitalista mundial, cuya salida probablemente recorra rutas bélicas más amplias aún a lo que ya presenciamos en Libia, Afganistán, Pakistán e Irak. Por ello esta realidad sería altamente compleja, generando mucha confusión y diferentes interpretaciones en el seno del pueblo.

· Pensamos que un gobierno militar de facto no tiene ninguna posibilidad de generar consenso como mecanismo de continuidad de la revolución bolivariana. Incluso si habláramos de “tomar el poder” por medios armados, cuestión que nunca hemos descartado en términos estratégicos, habría que hacerlo con el pueblo armado, mediante mecanismos insurreccionales que contemplaran la participación miliciana de las organizaciones populares de base (consejos comunales, consejos obreros, sindicatos, organizaciones campesinas, estudiantiles, juveniles, etc.). El tipo de gobierno que se constituiría a partir de un proceso así, sería algo parecido a lo que fue la Comuna de París, o los Soviets de la Revolución Bolchevique, pero jamás a una especie de junta militar o cívico-militar que reuniendo a los burócratas actuales pretenda hipotecar la revolución para fines personales.

· Aquí entramos a considerar el liderazgo civil (incluyendo aquí a los militares retirados en funciones de alto gobierno). Los jefes del PSUV, ministros y jefes de instituciones son tigres de papel. No constituyen un liderazgo natural que tenga profundidad en las bases populares. Muchos de ellos pasarían al anonimato más absoluto si dejaran de contar con el respaldo de Chávez. Este liderazgo relativamente mediocre ha generado internamente numerosas fracciones de poder burocrático que se disputan a sangre y fuego el control del aparato del estado. Una eventual ausencia de Chávez profundizaría al máximo esas disputas, llegando probablemente al enfrentamiento violento encubierto como mecanismo decisivo para determinar quién controla las instituciones públicas. En ese contexto es difícil pensar que a partir de esta dirigencia sería posible garantizar la continuidad de la revolución. La alternativa que debería plantearse es la insurgencia poderosa de los movimientos sociales y de los liderazgos de esa base popular para crear una nueva dirección revolucionaria del proceso bolivariano.

· La necesidad imperiosa de construir una dirección colectiva del proceso revolucionario es la conclusión que se deduce del análisis anterior. Una eventual falta del presidente Chávez desataría los demonios dentro del mando militar y dentro del PSUV cooptado. Pero al mismo tiempo abriría la posibilidad histórica de cumplir con un imperativo de todo proceso que se plantee superar al capitalismo, y que ha sido una de las deficiencias centrales de esta revolución bolivariana, como lo es el conformar una dirección política colectiva que democráticamente trace el rumbo de las transformaciones sociales, políticas, económicas y culturales que deben ejecutarse si aspiramos a que el socialismo sea el punto de llegada de este proceso.

· Cuando hablamos de una dirección colectiva nos referimos a una estructura organizacional que satisfaga los siguientes requisitos:

1. Que tome las decisiones colectivamente, ya sea mediante el consenso o mediante la votación interna. Que no exista un poder de veto ni decisivo en alguna persona en particular, sino que el voto de cada uno de sus integrantes tenga el mismo peso.

2. Que sus integrantes hayan llegado allí mediante la elección por la base de distintos colectivos políticos y sociales (incluyendo militares), considerando otras fuerzas organizadas además del PSUV y de los partidos en general (PCV, MEP, etc.). Deberían estar representados en esa dirección colectiva las organizaciones obreras y campesinas, las estudiantiles y de profesionales, los medios comunitarios y alternativos, las redes culturales, los consejos comunales y las comunas, los mandos militares, y los agrupamientos revolucionarios más significativos.

3. Que sus integrantes estén subordinados al mandato de quienes los eligieron, que no sean permanentes sino sujetos a la revocatoria de su cargo en cualquier momento, que rindan cuentas públicas semanalmente de sus funciones, y que sean rotativos en el tiempo, de manera de evitar que unos se especialicen como dirigentes y otros se mantengan eternamente como dirigidos.

Finalmente, dejamos claro que este análisis sólo se refiere a cuestiones internas dentro del campo revolucionario. No estamos considerando cómo será la conducta del enemigo en el caso de que Chávez llegara a abandonar la presidencia. Pero para nosotros es evidente que si no se resuelve adecuadamente el problema de la dirección política del proceso revolucionario, difícilmente se le podrá dar las respuestas adecuadas a las acciones que promueva el imperialismo a través de sus representantes criollos (o directamente o por medio de países como Colombia, algo que no debemos descartar dentro de las posibilidades).

Para el movimiento revolucionario venezolano no debe existir otra alternativa a la resumida en una consigna que inicialmente dijera el patriota nicaragüense Augusto César Sandino: “YO QUIERO PATRIA LIBRE O MORIR”, y que después modificaran los revolucionarios cubanos al establecer su grito de combate: “PATRIA O MUERTE, VENCEREMOS”. Frases que estuvieron a flor de labios en estas tierras venezolanas desde la misma guerra de independencia, pues para Francisco de Miranda, Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, Rafael Urdaneta, y decenas de miles de patriotas que lucharon y ofrendaron sus vidas para expulsar al imperio colonial español de tierras americanas, no había otro camino que vencer o morir combatiendo por la libertad política y la igualdad social.

El presente es de lucha y el futuro es nuestro. HASTA LA VICTORIA, SIEMPRE ¡¡¡¡¡¡¡

Maracaibo, 20 de Agosto de 2011.

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