Revolución y socialismo en la Península de Paraguaná

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Por Gonzalo Tovar (Movimiento 13 de Abril PNA)

 

Como aporte del Movimiento 13 de Abril del Estado Falcón al debate tan necesario y demorado relacionado con la valoración de los conceptos de Revolución y Socialismo en al marco de la nueva fase posterior a las elecciones presidenciales, y de cara a las de gobernaciones, así como a nuestro ingreso al MERCOSUR, abordaremos temas medulares que actualmente definen la dirección política que se ha venido proyectando en el ámbito socio económico de nuestra Península de Paraguaná.

La península de Paraguaná se organiza político-administrativamente en tres municipios: Carirubana, Falcón y Los Taques, y posee una superficie aproximada de 2415,56 Km2, y una población aproximada – según censo del año 2012- de 320 mil habitantes.

En el plano económico, tendríamos que revisar el tema de la producción. Allí observamos una población dependiente casi en su totalidad de las actividades del Centro Refinador Paraguaná y empresas subsidiarias de PDVSA, las cuales albergan un total aproximado de 10000 trabajadores entre directos y contratados, la Zona Libre de Inversión Turística, entes gubernamentales, y el resto de las actividades económicas marginales, como la pesca artesanal, y las actividades agrícolas, todas con ingresos o indicadores econométricos desconocidos para los ciudadanos, y en las cuales no existe ni se plantea la tan necesaria contraloría social.

El aporte de la península estimado en términos de PIB es de aproximadamente 17.900 millones de bolívares, de los cuales el Centro Refinador Paraguaná representa el 96,78 %, dejando el restante 3,3 % a las actividades económicas de pesca, agricultura, industria etc.

Este  Complejo Refinador Paraguaná, “La mayor refinería del mundo”, con ingresos diez veces superiores al presupuesto del Estado, se encuentra totalmente a espaldas del entorno social, queriendo esconder un cordón de miseria en los barrios aledaños. Las Piedras, Punta Cardón, Carirubana, Amuaysito, modelan permanentemente la identidad regional petrolera corporativa, añorando su retorno al burgués modelo meritocrático. Alimentan financieramente las catedrales del capitalismo, representadas en la proliferación de centros comerciales que como Las Virtudes, Paraguaná Mall, y SAMBIL, tienen  consumos eléctricos que representan el de la mitad de la población de la península.

No obstante, estos ingresos no quedan en la península, y su aporte en forma de Responsabilidad Social es incipiente y desconocido. Adicionalmente, para completar el panorama, los proyectos de inversión en la explotación de gas costa afuera mediante la modalidad de empresas mixtas, reproduce el mismo sistema de sumisión en las comunidades.

Una zona libre de inversión turística, que se erige como una caja negra para el  lavado de dólares, y el fortalecimiento de los esquemas explotadores de unos 5.000 trabajadores directos, que sistemáticamente reproducen la precariedad mediante esquemas laborales de esclavitud por consenso, y en donde los dueños de los centros comerciales o el aparato comercial,  son vistos como los creadores de empleo y generadores de bienestar.

Las importaciones a valor CIF de la Zona Libre, drena divisas al país por el orden de unos 1.500 millones de dólares al año, lo cual enriquece a una élite oligarca, y sin ninguna  inversión  social significativa, creando un espejismo encubierto de bienestar bajo la modalidad fraudulenta de Plan Turístico con el eslogan “ Paraguaná, Capital Comercial del Caribe”.

En otro orden de ideas, existe un sector agrícola castrado artificialmente por partida doble: una por el mantenimiento en vigencia de un certificado de tipo ambiental, el cual acredita a la península como área libre de mosca blanca, dizque para proteger la producción del melón. Este acuerdo fue firmado años antes de la llegada del Presidente Chávez, con la promesa fraudulenta incumplida de la exportación de una gran cantidad de toneladas  de melón al año, de la cual nunca se llegó ni al 1 %. No obstante, y debido a esta autoimpuesta sanción económica,  no se permite la siembra de productos que antes eran autóctonos, y actualmente están desaparecidos por ser el melón uno de las frutas que más drena el contenido de nitrógeno del suelo.

La participación de la producción del melón en el PIB de Paraguaná es irrisoria: unos 4 millones de bolívares al año, actividad realizada por un número muy pequeño de terratenientes, algunos representantes  del legislativo regional del proceso revolucionario.

En este mismo punto se encuentra el tema de la tenencia de la tierra, situación ésta que niega las posibilidades a sus legítimos pisatarios ancestrales de cimentar sus propiedades y darles uso apropiadamente. Las particiones efectuadas sin un plan de desarrollo real, crea una gran inestabilidad cultural, mientras proyectos leoninos de tipo turístico esperan pacientemente que los pisatarios renuncien a sus derechos y vendan sus propiedades. Tal es el caso de grandes extensiones de terrenos administradas de forma clientelar por las alcaldías.

El actividad pesquera por su parte se puede catalogar como de supervivencia, en virtud de que se ve afectada por falta de estudios de investigación seria, los cuales puedan devolver la biomasa marina a su entorno, perdida esta última por la indiscriminada depredación ocasionada por la pesca de arrastre, hoy inexistente.

Este sector pesquero, alberga unos 1.500 trabajadores directos en toda la península, con una contribución al PIB de unos 6 millones de bolívares al año. La falta total de infraestructura y lonjas pesqueras necesarias para almacenamiento y comercialización del producto, castra las posibilidades de los pescadores de superar su precaria subsistencia. No habiéndose previsto un plan supletorio de acción, la promulgación de la ley de pesca  ha  transformado la destartalada flota arrastrera en apéndice del contrabando de combustible.

Mientras las riquezas de la Península están definidas por sus tierras, sus playas, su ubicación geográfica estratégica, un potencial agrícola dormido, y una comunidad luchadora, paradójicamente se fragua un proyecto a todas luces burgués y materialista que contempla convertir la Península en un paraíso fiscal, esquema este fracasado ya en el estado Nueva Esparta.

La falta de gobernanza, aunado al clientelismo político implantado por los dirigentes del partido PSUV, junto a la asociación cortesana de estos últimos con los dueños del capital financiero especulador, mercantilista y entreguista, que libremente se mueve en estas tierras, hacen casi imposible el desarrollo de la revolución a menos que se desmonten todos estos elementos.

La desarticulación de  las expresiones del poder popular trazadas a medias en las comunas o consejos comunales, sólo dan la apariencia de poder popular, mientras dejan su instrumentación en manos de una burocracia institucional que asfixia la construcción social de la nueva hegemonía del pueblo.

Como resultado del nombramiento de candidatos a las gobernaciones  cuya gestión sólo se sostiene en la popularidad de nuestro presidente Chávez y no en la evaluación real de su gestión regional, con parámetros y premisas socialistas o revolucionarias, se ha generado una actitud pasiva de resignación de los sectores o dirigentes luchadores que no comparten con el ejecutivo regional su política, y amenazan con resultados adversos en las elecciones regionales para el próximo mes de diciembre.

El voto castigo en Falcón superó con creces la media nacional, más de 60.000 votos inundaron tarjetas de un polo patriótico sin dolientes, sin ninguna identificación con la realidad local, pero al mismo tiempo abultando tarjetas cuya apetencia electoral no representa el sentir de los colectivos que aplicaron este voto castigo.

Los proyectos de infraestructura ejecutados sólo satisfacen las apetencias del sector comercial y mercantilista, el cual ve fortalecido su hegemonía económica y financiera.

Los servicios menguados como la falta de electricidad y de agua, encarecen y reducen la economía familiar, allanando el camino para la sustitución de propiedades de la tierra por cansancio, mientras paradójicamente se vende la Península como la panacea, el dorado o la meca del turismo nacional. Turismo éste inexistente en términos efectivos del aporte al PIB nacional, por la carencia de infraestructura hotelera acorde con el poder adquisitivo del visitante promedio, mientras una gran fuga de divisas por el orden de los 1500 millones de dólares anuales, engordan de manera grotesca una élite extranjera y de nuevos ricos vinculados a la seudo dirigencia política regional.

Esta nueva coyuntura nos obliga a diseñar una propuesta de desarrollo regional hasta ahora inexistente, la cual expondremos en próximas presentaciones.

#DondeEstáAlcedoMora

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