Pensar las izquierdas bolivarianas

Categoría: Guarureando |

26-11-2012

Javier Biardeau R.
Rebelión

El   mundo   entero   está   cruzado   por   este   dinamismo   constituyente   que   no   puede   encapsularse   en   los   formatos   de   la   vieja   institucionalidad:   partidos,   sindicatos,   parlamentos,   etc.   Con   la   vieja caja   de   herramientas no   se   pueden   leer   estos   procesos.   La   izquierda   tradicional,   instalada   mentalmente   en   la   conserjería   del   capitalismo   de   Estado,   no   puede   (y   no   quiere)   encarar   una   ruptura   radical   con   la   lógica   de   la   dominación .   Rigoberto   Lanz.  Sin   pensamiento   crítico

 

Entre todo el caudal de literatura apologética o detractora sobre la revolución bolivariana, hay un texto singular que marca una caracterización de este heterogéneo conglomerado de grupos, sectores y clases que algunos llaman hoy “chavismo”, que permite una orientación general pero precisa de su amalgama ideológica y de su composición social, política y sociocultural. Se titula: “El dilema del chavismo: una incógnita en el poder. Ensayos políticos para personas que detestan a los políticos” del ya fallecido profesor de ciencias políticas de la ULA Alberto Arvelo Ramos (1).

En su Cap.4 Arvelo Ramos intenta enumerar los actores, movimientos y fuerzas sociales que respaldan a Hugo Chávez y a la revolución bolivariana como esperanza fundamental de cambio. Allí señalaba la importancia del gran frente del “chavismo popular y democrático” constituido por segmentos de la población que bajo el impulso de la gran desilusión, decidieron abandonar la política de los cogollos leninistas, bajo tres premisas que vale la pena resaltar para caracterizar la actuales izquierdas bolivarianas:

a) Esperan que con Chávez se desencadene un viraje político radical;

b) Descartan a los partidos políticos tradicionales y sus direcciones políticas (cogollos);

c) Confían en que los objetivos del proyecto de la revolución bolivariana se cumplirá profundizando el ejercicio de derechos y garantías asociados a los derechos humanos: cívicos, políticos, sociales, económicos, culturales, ambientales y de los pueblos indígenas tal como lo hoy reconoce la Constitución de 1999.

Entre los valores fundamentales que Arvelo Ramos destaca de este frente social están la igualdad, la justicia, la libertad, la solidaridad, la paz; así como el reconocimiento del pluralismo y la diversidad. Sin embargo, el autor destaca que desde su opinión Chavez “no está comprometido vitalmente con este frente democrático”, popular y anclado profundidamente en los valores de justicia social, liberación y alteridad, sino que está mucho más vinculado con sectores que son estructuralmente no democráticos.

Arvelo Ramos llamaba a una suerte de incidencia dialéctica de este frente amplio social para transformar el liderazgo de su Líder hacia una dirección cada vez más democrática. Su desconfianza hacia un “Chávez autoritario” implicaba dos tareas políticas inclaudicables para el tiempo de la política: a) la defensa irrestricta de la soberanía popular directa e indirecta, lo cual conlleva a un reconocimiento positivo de las elecciones populares, b) la defensa del regimen de controles mutuos de los poderes públicos nacionales, regionales y locales, para evitar así un despotismo monocromático ajeno a controles institucionales y sociales que impidan el monopolio del poder; es decir, que la democracia sea profundizada en el sentido de una radical “distribución del poder social”.

Frente a estas tareas, Arvelo Ramos identificaba en el seno del “chavismo” a un segundo sector partidario de una “dictadura militar plena”; es decir, a “sectores militaristas”, independientemente de su condición civil o militar. Se trata de sectores con una propensión autoritaria derivada de una socialización política de corte “militarista”, que no tienen aspiraciones ni compromisos democráticos, y que se acercan de modo explícito o latente a las actitudes de los “gendarmes necesarios”. De allí se desprenderían una serie de rasgos bonapartistas o cesaristas de la conducción política, que asimilarían las tareas de dirección política a organizaciones con una cultura, estructura y procesos que funcionan bajo la lógica de la “línea y cadena de mando”, con la disciplina, verticalidad, mando y obediencia de las organizaciones militares, o incluso de las “sociedades secretas” o “logias militares”.

Un tercer sector de insuficiente articulación democrática serían simpatizantes y activistas de un “sistema de partido leninista único”, que anclados en la nostálgica referencia a la revolución bolchevique siguen sin prestarle atención al verdadero trauma de las experiencias revolucionarias del siglo XX: el estalinismo. Aun no caen estos sectores en cuenta de la prefiguración de un Estatismo Autoritario a partir de los cuadros mentales de un leninismo ortodoxo que se mueve en la dirección, no de la “dictadura revolucionaria del proletariado” como planteaba siquiera Marx en el siglo XIX, sino de la dictadura del partido único.

Aquí llegamos al meollo del asunto, pues en la interpretación del proceso constituyente actualmente convocado, cada uno de estos sectores pugna para dibujar formas de ejercicio del poder con claras diferencias, conflictos y antagonismos. Este fenómeno explica parcialmente que no exista una arquitectura de instancias de debate orgánico entre tendencias y corrientes teóricas e ideológicas en la revolución.

Sin embargo, es preciso explicitar las concepciones del socialismo en juego cuando se plantea la construcción de la transición, pues hay una necesidad urgente de debatir la construcción radicalmente democrática del socialismo democrático-participativo. De allí la importancia de despejar las incógnitas, pues luego de 13 años de revolución bolivariana se trata de optar o no por un “socialismo de nuevo tipo”, articulado orgánicamente al ejercicio intensivo y extensivo de la democracia radical, deslastrado eso sí, de las tentaciones despótícas presentes en las orientaciones “militaristas” y “estalinistas” de la política.

Un asunto medular para pensar desde las izquierdas bolivarianas y el ejercicio del poder constituyente, mucho mas allá del electoralismo en boga, de la asfixia burocrática y de los hábitos del poder constituido.

1. Arvelo Ramos, Alberto (1998) El dilema del Chavismo. Una incógnita en el poder. Ensayos políticos para personas que detestan a los políticos. José Agustín Catalá Editor. Caracas 1998.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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