Cómo conjugamos la participación sin la sombra de la representatividad

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Por AANA Caona Emiliana

Las tierras de Los Altos Mirandinos, otrora fortaleza de las etnias más guerreras del territorio venezolano, permanentemente se agitan bajo nuestras vías de comunicación y nuestras improvisadas viviendas para recordarnos que una vez formamos parte de ellas en perfecta convivencia, que una vez hubo un diálogo que permitió al hombre y a la mujer originaria el respeto por su esencia y por el ambiente natural que los rodeaba.

Y aunque ese nexo natural no se ha desgarrado definitivamente, cinco siglos de  saqueos materiales -y fundamentalmente culturales- arroja uno de los peores saldos ambientales a nuestro territorio: urbanismos desaforados, aglomeraciones humanas, insuficiencia de servicios, deterioro del ambiente natural y humano…

Las prácticas del conquistador las hicimos nuestras casi en el mismo instante en que nos conculcaron nuestras lenguas. Y ahora tenemos nuestros propios gamonales con rostro indio, tez morena, y en la frente, la impronta del progreso.

Pero  aún también deambula por nuestros cerros, barrios, pueblos, y en el caos ensordecedor de las callejuelas de nuestras ciudades y urbanizaciones, la esencia ancestral de nuestros pueblos comuneros: insomnes, buscando un árbol de donde asirse, el canto de un ave para escuchar largo y profundo, una labor solidaria en la cual mirar a los ojos del otro sin temor ni  rubor…

¿Cómo es posible entonces que la iniciativa fundamental de los consejos comunales pueda operar en estas tierras como instrumento reproductor de un modelo democrático burgués? ¿Cómo podemos nosotros mismos agrupados en coordinaciones, órganos ejecutivos, financieros y contralores, falsear y/o manipular asambleas de ciudadanos y ciudadanas con la excusa de alcanzar beneficios materiales para nuestras comunidades?¿Por qué nos saltamos el paso fundamental: el de la participación y la organización para inscribir consejos comunales “legalmente constituidos” pero que carecen de legitimidad?¿Por qué ese temor a encontrarnos, a sabernos diferentes y a confrontar nuestras diferencias?¿En qué mal momento nos instalamos en un cultura clientelar que nos impide ver más allá de nuestras narices, que nos roba nuestra consciencia histórica, y en consecuencia, nuestra consciencia de clase en la lucha contra la corrupción, el nepotismo, la negligencia y la enajenación cultural?

Creo que algunas de esas preguntas pasaron alguna vez por el pensamiento de una guerrera comunitaria del sector de Colinas del Ángel de Los Teques, cuando invitada por el entonces alcalde “revolucionario” del Municipio Guaicaipuro, conocido compadre del Presidente Chávez y short stop de su equipo deportivo en tiempos de la Academia Militar, llevó a los niños de su comunidad a un encuentro con aquel gobernante y su esposa. Todos las franelitas de los niños (¡las mejores que tenían para la ocasión!) fueron marcadas con un número para “organizarlos”, y el tiempo de espera de juguetes y golosinas transcurría bajo un sol inclemente, que como la tierra en que pisamos – movediza, frágil, irreverente- también los abofeteaba…

La orden de los “organizadores” era que no podían hacer entrega de nada hasta tanto no llegaran los personeros gubernamentales para tomar las fotografías de rigor. Lo cual ocurrió ciertamente después de largas horas de espera, en las cuales la desesperación de los niños los hizo olvidar el cerco en donde estaban y correr al instante en que la inefable primera dama hacía su triunfal llegada. Tratando de que los niños retrocedieran, la “camarada” accidentalmente rasguñó a varios niños con sus uñas impresionantes.

Ana, la luchadora incansable de Colinas del Ángel, culmina así su historia con lágrimas en los ojos: “Ellos no nos quieren… Nos desprecian”.

Tiempo de cosecha. Tiempo de cambios y transformaciones verdaderas.

Las lágrimas de Ana son un tesoro para la consciencia del pueblo que entiende – en definitiva y cada vez más claramente- que nada debe esperar del poder constituido expresado en gobierno y autoridad, mientras que todo nacerá de sí mismo mientras se constituya en poder asumido desde y para los colectivos sociales como posibilidad de construcción.

Que vuele nuestra imaginación. Que se fortalezcan con nuestras luchas los poderes creadores del pueblo. Que otra forma de pensarnos haga posible otra forma de relacionarnos y de vencer ahora sí, y en forma triunfal, tal y como las nombran la gente libre de Guaicaipuro, las mentiras del capital y sus modelos.

#DondeEstáAlcedoMora

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