La revolución que viene: ¿Unidad absoluta o unidades heterogéneas?

Categoría: Guarureando |

Beatriz Pantin Guerra

Quiero traer a comparación dos concepciones distintas sobre la unidad para pensar qué revolución queremos. La primera es la unidad absoluta y sustancialista construida según un paradigma de homogeneidad. La segunda es la unidad compuesta, para recordar a Marx, de múltiples determinaciones, y pensada desde la heterogeneidad.

En lo político, las unidades buscan crear una fuerza o conformar un dominio específico. De común, este dominio, si se trata de unidades pensadas de manera absoluta o sustancialista, con intentos de homogeneización social, establece mecanismos coercitivos que no permiten ningún tipo de cuestionamientos o acciones que puedan quebrar la unidad, socavar o amenazar el dominio alcanzado. Hay suficientes referencias en la historia que nos advierten que el pensamiento único, propio de este tipo de unidades, ha terminado en totalitarismo, autoritarismo, fascismo o fundamentalismo. En unidades menos absolutas que las de la extrema derecha como por ejemplo las de los partidos que han sido fundados para la supuesta construcción de la democracia, ni se ha logrado la democratización al interior del mismo partido ni mucho menos una generalizada de toda la sociedad. En el contexto venezolano, AD y COPEI trabajaron sus respectivas unidades para mantener el dominio político del partido, creando una práctica política todo menos democrática.

En las pasadas elecciones se montó un parapeto de unidad democrática para crear una fuerza que pudiera acumular el máximo posible de votos a favor de la oposición. Hoy sabemos que el dominio que intenta tener el partido de ultra derecha, Primero Justicia, no soportará las pretensiones de los otros partidos de recuperar su antiguo lugar privilegiado, y mucho menos, la falsa unidad que se formó, se sostendrá en pro de una construcción democrática. En cuanto al PSUV, se pudo observar que la coalición que conformaron el Polo Patriótico y otros partidos revolucionarios, tuvo el propósito de defender la presidencia de Chávez, reclamando, una vez lograda la victoria, para el caso concreto de las gobernaciones y otros puestos importantes del gobierno, una representación política propia que nos alertó sobre una izquierda existente en el país que en su totalidad no integra las filas del PSUV y que está cada vez menos dispuesta a aceptar que todas las decisiones y las políticas del país sigan siendo sólo un asunto de Chávez y la dirigencia del PSUV, y no se trata de oponerse por el simple hecho de oponerse a un gobierno, sino porque tanto Chávez como la dirigencia del PSUV vienen demostrando que no tienen todas las claves que hacen falta para consolidar la Revolución y construir el socialismo. Ambos necesitan de los conocimientos y de la experiencia de un pueblo luchador y consciente, al que le están negando, no sé si por la arrogancia típica que da el poder gubernamental, para no pensar en algo peor, la participación protagónica de ese pueblo que no es gobierno, recurriendo siempre al argumento de que cualquiera que se oponga o establezca una crítica es un contrarrevolucionario y queda excluido automáticamente del proceso. En primer lugar, la Revolución no se hace sólo desde el gobierno. Aparte, se ha denunciado, que ese gobierno está también compuesto por una derecha endógena, infiltrada en el proceso. Por ello, la pretendida unidad revolucionaria no es pura como se quiere hacer ver. En segundo lugar, y esta es la principal tesis de esta reflexión, la Revolución no necesita seguir imponiendo la unidad indisoluble: Chávez, PSUV, Estado-gobierno y pueblo obediente, para vencer a la derecha transnacional, si es que este es el principal objetivo. Existen múltiples caminos para contrarrestar el poderío de la derecha transnacional que sostiene el imperialismo, el capitalismo, las transnacionales, la burocracia de Estado, la (in)justicia burguesa, los abusos de poder del gobierno, las mafias, el sicariato, el latifundismo, la explotación, la exclusión, la discriminación y la opresión, y eso lo han demostrado en su praxis, muchos movimientos y luchas sociales . Es claro entonces que el mayor desafío revolucionario no puede ni debe partir exclusivamente del gobierno o del Estado, como pretende un García Linera, ni tampoco de un solo partido, sino del pueblo consciente y valiente, de la construcción del Poder Popular desde el pueblo, a través del fortalecimiento de los movimientos y las luchas sociales. Para pensar entonces cómo fortalecer este poder emergente y salvarlo del aparato burocrático que lo seguirá coartando, es necesario reflexionar sobre las características de las unidades, uniones, alianzas, movimientos o luchas. Deben existir planteamientos y estrategias o tácticas claras para poder pelear contra el capitalismo y la burocracia de Estado, y la manera de lograrlo, a mi juicio, es por vía de la heterogeneidad, que puede aportar no sólo diversas formas de militancia, objetivos o metas, sino también de organización.

La unidad nacional: Mestizo, mestizaje, transculturación, variedad compleja y heterogeneidad

En un intento por demostrar que es por la vía de la heterogeneidad social y cultural que debemos construir la Revolución y el socialismo, voy a hacer referencia a algunas intervenciones surgidas en la etapa de conformación de los Estados nacionales modernos en donde una de las cuestiones claves fue pensar y construir la unidad nacional. Adelanto que el pensamiento predominante de esos intelectuales, que a la vez eran ensayistas, políticos, gobierno, científicos, elites económicas, etcétera, fue el que concibió la unidad desde el punto de vista de la homogeneidad y la homogeneización de la sociedad, dejando la diversidad relegada e incomprendida hasta el día de hoy. En la etapa de formación de los Estados nacionales modernos fue concebida y confrontada la idea de una ¨unidad nacional¨, a través de conceptos y metáforas como ¨mestizo¨ o ¨clase mestiza¨, ¨mestizaje¨, ¨transculturación¨, ¨variedad compleja¨ y ¨culturas y sociedades heterogéneas¨. A finales del siglo XIX y principios del XX, un intelectual ensayista ubicado en el contexto mexicano, Justo Sierra, reivindicó la ¨clase mestiza¨ como la clase más dinámica de la sociedad. En vísperas de la Revolución mexicana, la ¨clase mestiza¨ crecía no sólo en número, sino también, en la percepción de Sierra, en el grupo que podía conducir al progreso. Pero el pensamiento predominante de ese momento, heredaba de la colonia, la dicotomía entre civilización y barbarie, que junto con el racismo europeo, emergido del puritanismo victoriano de los siglos XVIII y XIX, dominó el pensamiento social. Los “científicos” europeos habían producido discursos que establecían para la raza blanca europea o raza pura, un lugar superior, mientras relegaban a las otras razas definidas como razas inferiores o bastardas, compuestas por indios, negros, pobres, mestizos y salvajes, a un lugar de permanente anarquía y por lo tanto no apto para crear civilización alguna. No obstante, el determinismo propio producto del darwinismo social fue siendo desmontado, sobre todo a finales del siglo XIX, a través de intervenciones como las que realizara el antropólogo Franz Boas e intelectuales como el cubano Fernando Ortiz, en un combate contra la misma idea de raza que la colocaba en un ámbito político y no científico, estableciendo al mismo tiempo, nuevos horizontes para tratar el problema social, que tanto en Boas como en Ortiz, resultó ser lo cultural.

Ya desde el tiempo de la guerra de las castas, las elites gobernantes de los distintos contextos latinoamericanos anunciaban un remedio para superar este conflicto. La solución para detener las guerras era que las razas se mezclaran. La introducción de la mezcla como paliativo, derivó en la formulación de un concepto-metáfora como el ¨mestizaje¨, y es aquí, una vez finalizada la Revolución mexicana, que el positivista y cristiano-católico, José Vasconcelos, propuso la idea de una ¨raza cósmica¨. La propuesta de Vasconcelos era que a través de un ¨mestizaje de sangres y de espíritus¨ y no de una eugenesia, como la practicada en Europa, la raza americana se haría superior. Influenciado por la lectura de La Decadencia de Occidente de Spengler y de los viajes que hizo por Surámerica, este intelectual concluía que era un error crear naciones y que no era Latinoamérica, sino Iberoamérica, la civilización que había que reivindicar. Al regresar a México, Vasconcelos publica La raza cósmica. Misión de la raza iberoamericana, un ensayo que fue recibido como la esperanza del continente americano, en la que América, a través de la ideología del ¨mestizaje¨, se mostraba cien veces más humana que Europa. El impacto de esta publicación, en la que Vasconcelos llegaba a decir cosas como que los feos y los pobres no procrearían, sino los tipos bellos impulsados por el pathos del amor cristiano, produce la reflexión de intelectuales como José Carlos Mariátegui y el mencionado Ortiz.

Vasconcelos toma la idea de la ¨raza cósmica¨ de Spengler, autor que también influenció los postulados del nacionalsocialismo. Spengler se oponía al poderío francés instaurado por la Revolución francesa y a la idea de un cosmopolitismo centrado en las ciudades y la creación de naciones. Para este autor, el ¨sino de la raza¨, cada vez más debilitado, era lo fundamental, por ello, una vez perdido, Occidente caía en decadencia. Vasconcelos, positivista ortodoxo, aplica el pensamiento evolucionista en el ¨mestizaje¨ y el sustancialismo de la doctrina cristiana, resolviendo que el estadio más elevado de la evolución humana, el estético, haría posible en el continente americano, la superación del determinismo social. Por eso dice, impactado por lo que él llama la belleza de los tipos del sur, que los feos y los pobres no procrearán, sino la atracción de la belleza como resultado del amor cristiano. Semejante idea fue combatida por Mariátegui, refiriéndose a una fantasía de tipo social, a una profecía creada por Vasconcelos en su intento por superar el pesimismo europeo que establecía un destino fatal para la sociedad americana, y en sus 7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana, un texto publicado en 1928, Mariátegui se confronta con la ideología del ¨mestizaje¨, desde su posición de izquierda, marxista e indigenista, para decir que la realidad social no equivale de ninguna forma a la unión feliz de las razas o a una mezcla superficial e indeterminada de crisoles o colores, sino a una ¨variedad compleja¨. Esta postura de Mariátegui, repercutió en los años sesenta, en el crítico cultural Antonio Cornejo Polar, establecido en el Perú, en sus análisis sobre las literaturas nacionales, concluyendo de la misma forma que Mariátegui, que la literatura nacional no es ¨mestiza¨, producto de una síntesis salvífica, armónica y conciliante, sino ¨heterogénea¨, que existe un sujeto y una totalidad contradictoria. Vale destacar que en un viaje que hizo Cornejo Polar a Venezuela por esos mismos años, se consiguió con en el debate económico de los teóricos de la dependencia en el trabajo de Arturo Silva Michelena, quien estableció una definición de la ¨heterogeneidad social y cultural¨ como el punto de partida para pensar la democratización social a diferencia de una sociedad fragmentada propia de este pensamiento anclado en el ¨mestizaje¨. Con esto el ¨mestizaje¨, como ideología del Estado nacional moderno, en palabras de José María Arguedas, significaba un proceso de blanqueamiento y occidentalización de la sociedad americana. Es importante mencionar que mientras se realizaban las reuniones en Barbados con las denuncias de un exterminio de los grupos indígenas por parte de los mismos Estados nacionales, en el contexto venezolano, Arturo Úslar Pietri, volvía al mismo pensamiento de Vasconcelos, sin llegar siquiera a mencionar el exterminio y destrucción de los pueblos indígenas vivido hasta ese momento. Con esto, se puede decir, que mientras el ¨mestizaje¨ producía una esperanza y la idea de una riqueza cultural, en lo político, resultaba una política excluyente de homogeneización social, en la que se intentaba disolver toda una diversidad y la heterogeneidad propia del continente.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, Ortiz, por su parte, escribe El engaño de las razas. En este ensayo, el antropólogo y etnógrafo cubano termina por desmontar la idea de la raza, demostrando que la raza no es un concepto científico, sino político. Con relación a La raza cósmica, Ortiz alega que es un error referirse a lo social con metáforas raciales como ¨hibridez¨ y ¨mestizaje¨, señalando, de la misma forma que Mariátegui, la existencia de un discurso fantasioso y utopista en Vasconcelos. Por ello, y también para superar el concepto de ¨aculturación¨ de la antropología funcionalista norteamericana, Ortiz inventa el concepto de ¨transculturación¨ que define, de manera positiva, como un proceso en espiral que iría tomando lo mejor de cada cultura, ya no de una raza, en el camino de construcción de la nación cubana. El crítico Arcadio Díaz Quiñones, en un trabajo de conceptos, descubre que la ¨transculturación¨ de Ortiz traslada el concepto de la ¨transmigración de las almas¨ del espiritismo de Allan Kardec. De allí, por ello, piensa la síntesis nacional como un proceso permanente en espiral marcado por el contacto cultural y la superación de estadios. Si el ¨mestizaje¨ de Vasconcelos era pensado de manera sustancialista como una ¨mezcla intederminada de sangres y espíritus¨, la ¨transculturación¨ de Ortiz, ubicada en el terreno de lo cultural, trascendería el determinismo de la raza y de las identidades fijas, pero conservando, al mismo tiempo, un estadio sustancialista. Vale la pena destacar también que Ortiz, en ese mismo texto que he citado, argumenta que es imposible aplicar el principio de identidad a dos o más seres vivos. Ortiz dice que no existe en toda la naturaleza dos seres idénticos, sino variedades. Un solo ser, como demuestra Ortiz, es producto de una variedad. Por ello, es Mariátegui, quien a mi juicio, a través de la definición de la sociedad como una ¨variedad compleja¨, se ubica propiamente en la realidad, en la visibilidad del conflicto, permitiéndonos ver por medio de sus observaciones mucho más minuciosas, la cuestión del poder y la dominación a diferencia de Ortiz, que hace prevalecer más bien, como buen demócrata-liberal, la dimensión positiva y estética del contacto cultural. Para cerrar, quiero mencionar una última reflexión hecha por Carlos Monsiváis, en un artículo de respuesta a Slavoj Žižek: El multiculturalismo o la lógica cultural del capitalismo multinacional. Monsiváis le responde a Žižek que no es el ¨multiculturalismo¨ el concepto que explica mejor la realidad latinoamericana, sino el de ¨diversidad¨, que es lo absolutamente negado y excluido de la unidad nacional, en su política homogeneizante de las sociedades americanas. Monsiváis concluye que no somos ni semejantes, ni iguales, ni distintos, sino diversos, y que precisamente lo que la identidad o cultura nacional negaron fue la diversidad propia de nuestro continente. Para demostrar esto, sólo menciono un caso emblemático de nuestro contexto. Cuando el cacique Sabino, el dirigente Yukpa, fue preso y llevado a juicio por el mismo Estado que promulgó, en 1999, los derechos de los pueblos indígenas, la anterior ministra indígena, Nicia Maldonado, alegaba que no existía la justicia indígena, que los indígenas tenían que esperar la discusiones en la Asamblea para que se pudiera aplicar la jurisdicción indígena (http://www.youtube.com/watch?v=ca2y7rvRdiM&noredirect=1). Es decir, una representante indígena niega la existencia de la justicia indígena al mismo tiempo que espera que la justicia burguesa, o lo que Sabino propiamente ha llamado la ley romana, pueda establecer una equivalencia con las justicias indígenas para poder aplicar la jurisdicción indígena. Para Nicia, los derechos indígenas promulgados por la Constitución conducen a la anarquía. Termino diciendo que es aquí justamente que cultura y política se confrontan en esa propuesta constitucional de una sociedad multiétnica y pluricultural. En la medida en que lo cultural no interfiera en lo político, la democratización de la sociedad americana y el socialismo serán simplemente imposibles de materializar. Esto lo hemos visto en las sociedades europeas, en las que a través de un ¨multiculturalismo¨se han establecido guetos sociales en los que no existe la posibilidad de interferir en lo político, precisamente, por esa idea de unidad absoluta y homogénea, excluyente, del Estado nacional moderno, que hace posible que una elite gubernamental compuesta por partidos políticos, empresarios y gente de la religión dominante controlen el Estado nación en pro de los intereses de estos pocos grupos.

Desafíos para el Poder Popular y movimientos y luchas sociales

Las religiones, como buenos ejemplos de dominación social, han pensado y establecido mecanismos de dominación a través de la creación de unidades absolutas, sustancialistas y homogeneizantes. La doctrina cristiano-católica, en nombre de dios, nos habla de misterios para definir todas sus uniones que sólo la fe es capaz de revelar. Con esto las doctrinas niegan cualquier explicación a costa de la fe. Las unidades nacionales, copiando esta manera de producir la unidad, sustituyeron a dios por el concepto de identidad, que pensado desde el punto de vista de la homogeneidad, conduce a la negación de lo diverso o heterogéneo. Sin embargo, no es lo mismo hablar de identidad, desde la heterogeneidad, cuando se trata de un grupo que no está siendo reconocido en una sociedad y al que por lo tanto se le niegan sus derechos, que hablar de una identidad nacional, producto de una homogeneización social, que excluye todo tipo de diversidad. El pensamiento único, absoluto, sustancialista, homogeneizante, destierra a los individuos de cualquier realidad, al mismo tiempo que procura la constante condición resignada de subordinación, mientras un grupo concreto de individuos, que controla y administra los dominios, acumula bienes y privilegios, a costa de la explotación del resto. La dominación, la desmonta Nietzsche, cuando en La genealogía de la moral, logra demostrar que el bien y el mal son conceptos creados por los grupos dominantes. Y es aquí, en el análisis de los asuntos sociales, donde la idea de dios se pospone, para decirlo de alguna forma, conduciéndonos a ver la realidad y analizarla desde el punto de vista del sujeto, el poder y los mecanismos de dominación que, según Michel Foucault, hacen que unos hombres puedan determinar la vida y el comportamiento de los otros.

Si la intención de la unidad que se intenta homogeneizar es la creación y el sostenimiento de un dominio, de un poder sobre, cuando se habla de un “nosotros”, los buenos y defensores de la democracia, como lo ha hecho por tanto tiempo el imperio yanki, contra un “ellos”, los malos y terroristas, por el contrario, el Poder Popular y la articulación de los movimientos y luchas sociales, procurarían materializar un poder para, repitiendo la reflexión de una compañera antropóloga que me definió el empoderamiento como un poder para y no un poder sobre en el que las identidades ni son puras ni son fijas, pero sí políticas. El estadio más común para crear identidades fue señalado por Hegel, a través del concepto de identidades primarias, en el que lo que se intentaba unir pasaba de ser un producto determinado por la vista hasta llegar a una sustancia. El ojo agrupa las cosas en conjuntos aparentemente idénticos que quedan diferenciados de otros por esos mismos rasgos que el sentido asocia y clasifica. En el pensamiento sustancialista, la doctrina nos ha reiterado que todo lo que dios une no puede ser separado. La nación (el lugar de nacimiento) de esa sociedad, debía encarar la barbarie en nombre de la civilización, y su manera de pensar este paso, fue produciendo una unidad nacional compuesta por una misma sociedad, un solo territorio, una única religión, un idioma oficial, una cultura nacional, etcétera. Por ello es que para este tipo de unidades no existe posibilidad de transversalizar el poder, ya que ello implicaría la pérdida del dominio territorial y con él, la pérdida de todo lo que compone ese territorio. Es entonces que llamo a la reflexión para decir que para combatir todo lo que hay que combatir, no hace falta ser idénticos, pensar y actuar de la misma forma, decir y concluir lo mismo. Por el contrario, es en la heterogeneidad, en donde el Poder Popular, a través de los movimientos sociales y las luchas, puede articularse y concentrarse en objetivos o metas, estrategias y tácticas para ganar las batallas, y no en el terreno de la homogeneización social, pudiendo reconocer el trabajo alcanzado por las luchas y los luchadores sociales, aprendiendo de esas ganancias, intentando comprender las pérdidas, de la misma forma, abriendo espacio y no cerrándolo en una jerarquía, verticalidad, meta-movimiento o un dominio único. Esa es la formación política posible, la que une teoría y praxis, como tantas veces se ha dicho, y no la pretensión absoluta de crear una lucha desde una sola doctrina a partir de lo idéntico y homogeneizante, lo que puede ayudar a ganar la pelea contra la destrucción del planeta y del mundo, y lo que renovará un proyecto revolucionario de construcción socialista que está cayendo en la arrogancia y los vicios del poder gubernamental, la ceguera y la imposición de estructuras copiadas de viejos modelos, que retardan y obstaculizan la creatividad característica, la experiencia de lucha o el saber y la conciencia propios de todos nuestros pueblos amantes y defensores nuestra tierra, territorio, de la patria y la vida.

Una respuesta a La revolución que viene: ¿Unidad absoluta o unidades heterogéneas?

  1. A BOICOTEAR LAS COMPAÑIAS TRASNACIONALES,
    AGENTES DE
    LA NUEVA RECOLONIZACIÓN

    Todas las investigaciones y estudios científicos que explican el salvajismo en que vive actualmente el mundo, coinciden en señalar que la causa fundamental radica en la nueva OFENSIVA DE RECOLONIZACIÓN DEL PLANETA de los viejos y nuevos imperios, para preservar, expandir y recomponer sus sistemas de dominación y explotación, y garantizar así la continuidad del proceso de acumulación de capital, a costa de la más intensa y severa destrucción del planeta y, por ende, de todas las formas de vida existentes.

    En este contexto, las FUERZAS BOLIVARIANAS DE LIBERACIÓN forman parte de ese Digno, Consecuente y Humanista conjunto de organizaciones Indígenas, Populares, Campesinas, Obreras, Estudiantiles, Ecológicas, Artísticas, Profesionales, en fin, de ese conjunto de Mujeres y Hombres que lucha por la construcción de un Nuevo Orden Social y contra la recolonización imperialista en marcha.

    En el caso venezolano, las Revolucionarias y los Revolucionarios no podemos guardar silencio o permanecer indiferentes cuando, en nombre del “Socialismo del Siglo XXI”, se facilita y tolera que las compañías trasnacionales concreten sus planes de recolonización de la Patria. Hoy, bajo la complicidad de la burocracia Estatal se persiguen, encarcelan y asesinan a las y los luchadores de los Pueblos Indígenas de la Nación para despojarlos de sus territorios ancestrales y luego saquear todas sus riquezas naturales.

    En este contexto, las FBL hacen un llamado a todos los colectivos y organizaciones que conforman el Movimiento Popular venezolano, a que ratifiquen y redoblen la lucha en defensa de los intereses de la Nación, hoy descaradamente mancillados por una alianza de sectores económicos, financieros, políticos y militares que, constituidos en una nueva clase de comerciantes políticos, se colocan al servicio de los intereses de la recolonización imperialista. Por consiguiente, emprender la lucha por la DESCOLONIZACIÓN DE LA PATRIA pasa por combatir las trasnacionales e impedir, con el BOICOT, que continúen saqueando las riquezas del país. Ha llegado la hora de organizar las Milicias Populares para enfrentar el sicariato financiado por los ganaderos en contra de los Pueblos Indígenas; el sicariato patronal contra de los Dirigentes sindicales clasistas; y, el sicariato de los latifundistas contra el Movimiento Campesino, lo cual ocurre por la complicidad de la burocracia Estatal con los intereses de los viejos y nuevos imperios.

    ¡¡¡VIVA EL PUEBLO YUKPA!!!
    ¡¡¡A COMBATIR LA COMPLICIDAD DE LA BUROCRACIA ESTATAL!!!
    ¡¡¡GUERRA A MUERTE AL CAPITAL!!!
    ¡¡¡PROLETARIOS DEL MUNDO, UNÍOS!!!
    ¡¡¡SOMOS HIJOS DE BOLIVAR Y BOLIVAR VIVE!!!

    Salvador
    1 noviembre, 2012 at 4:10 AM
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