Los dos Julián o La diplomacia cotidiana

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Por Yuri Valecillo

Mientras se desarrolla el caso Assange, en nuestro suelo tenemos detenido, sin formula de juicio y para algunos secuestrado al cantor colombiano Julián Conrado.

Nuestro gobierno venezolano habla, grita, exige, demanda respeto a los tratados internacionales pero en suelo nacional la cosa cambia, Julián Conrado permanece secuestrado y el gobierno no emite palabra y a ese nadie lo defiende. No existe Corte en el mundo que se declare, ni diputado o diputada que aclare, informe, diga algo.

La televisión venezolana y los medios públicos y privados no hacen el más mínimo ruido. Es como si ese caso estuviera condenado al ostracismo, Maduro exige pero del preso, detenido, secuestrado enVenezuela ni una palabra y es que en la Venezuela de hoy como la de ayer existen dos tipos de preso y asumimos la condena, la prisión y el secuestro como una cuestión de estado y con eso de que es una CUESTIÓN DE ESTADO se hace silencio y se silencia.

La Venezuela Bolivariana mantiene en la cárcel sin cargos y sin razón aparte de la RAZÓN DE ESTADO a un revolucionario detenido. Hace unos días conversé con un amigo en esos espacios de la calle, una calle cualquiera, y este me aseguraba «es que Conrado es un terrorista». Tuve que tratar de razonar o hacerme entender quién es Conrado, lo llevé a un café internet  y le mostré la defensa que hace FUNDALATIN de este hombre, le mostré y le envié los materiales de Tamanaco de la Torre, salimos a seguir hablando ahora me contesta por estas vías «Yuri trabajo en una radio comunitaria, discutimos el caso Conrado pero opinamos que va contra los intereres de la revolución y del comandante y del 7.O denunciarlo ahora». Carajo qué retórica para evitar el regaño, la sanción.

Este es un chico de 27 años y ya cuya rebeldía está en seguir la orden dada, el rebelde obediente a la instancia superior aunque considere que están equivocados, me confirma por qué la izquierda internacional mantuvo silencio ante los crímenes terribles de «Stalin y sus gansters» como alguna vez los llamó aquel viejo revolucionario ruso tantas veces perseguido, injuriado y asesinado, sí ese mismo León Troski.

Y claro la pregunta sigue siendo la misma, será que nuestro proceso le esta chupando el tuétano crítico a los jóvenes que participan en él  o es que el sueño milenario de los hombres de una sociedad más justa, más ética, más humana, más valiente, más honesta la cambiamos por la misión vivienda o el mercal de la esquina o misión asfalto.

Cuanta impresión me causa que un muchacho que está convencido de algo, comience a esgrimir razones para defender y justificar algo de lo que esta en contra o a colocar razones tan llanas para denunciar algo que él sabe que debe ser denunciado.

Yo sigo en la vida, voto por Chávez, lo acompaño en sus combates en mi modesta trinchera, pero de allí a que me convierta en mono sabio de no ver, no escuchar, no hablar cuando tengo que hacerlo es ridículo.

Nuestra revolución, nuestra constitución nos habla de una sociedad o se espera una sociedad PARTICIPATIVA Y PROTAGÓNICA  y por esa votamos, la defendimos, la protegemos y ella nos protege, la constitución tiene que ser nuestra espada y nuestro escudo, nuestra capa y nuestro Rocinante en el cual podamos cabalgar, en la cual podamos protegernos y abrigarnos y también poder combatir.

La constitución en el momento actual está por encima de cualquier grito o consigna por más radical y fuerte que suene, en eso me afinco para decir que nos olvidamos del bosque, para proteger al árbol nada más perverso que la actitud inglesa de intentar chantajear a Ecuador, pero nada más terrible y criminal que mantener secuestrado al cantor colombiano Julián Conrado.

Ambos son Julián, tocayos dirían en mi pueblo, con un detalle mínimo: al nacido en el tercer mundo, al revolucionario, al compa se le intenta olvidar, se le condena al ostracismo, se le secuestra. Al rubio, al «primermundista», se le defiende, se le da primera plana, se comenta en el consejo de ministros. Lo demás es cuento y superchería, lo demás será esperar nuestro proceso mide con dos raseros a dos hombres: el humilde como siempre a la cárcel. Recuerdo aquella novela de Miguel Otero Silva, aquella «Cuando quiero llorar no lloro»…

El cuento está dado y sigue escribiéndose. Para Julian el Rubio la primera plana. Para el cantor de los humildes la primera celda y el silencio cómplice de demasiados.

#DondeEstáAlcedoMora

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