El Salvador: Puestos más que cambios, interesan al FMLN

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Morena Herrera analiza al movimiento feminista  y su relación con el gobierno y el FMLN  

Por: Gerardo Arbaiza / Contra Punto.

SAN SALVADOR – Morena Herrera, fundadora de la emblemática organización feminista “Las Dignas” y de la Colectiva Feminista para el Desarrollo Local, tiene autoridad para hablar sobre el panorama de las izquierdas sociales de El Salvador, luego de 20 años de haberse desmontado el conflicto armado que vivió esta pequeña nación entre 1980 y 1992.

Herrera, quien además fue combatiente guerrillera, evalúa que el movimiento feminista ha tenido una labor muy dura para adaptarse a coyunturas específicas, debido a que existen diversas posiciones en el seno de dicho conglomerado, que se mantienen en constante debate.

No obstante esta discordancia de posiciones, Herrera señala que se ha hecho el esfuerzo por consolidar una posición de independencia frente a una determinada posición partidaria.

En cuanto a la relación del movimiento social con el llamado primer gobierno de izquierda en la historia salvadoreña, señala que éste no mantiene una política de apertura total frente al debate ciudadano, sino que solo ha habido concesiones por parte de sectores gubernamentales concretos.

La misma tónica es la que, según Herrera, mantienen las relaciones del movimiento feminista con el FMLN, en las que añade que el partido de izquierda no se la ha jugado por abanderar integralmente las reivindicaciones de las mujeres.

Uno de los elementos que ella considera, influye en la relación que tiene en el FMLN con el movimiento social, es que este se encuentra más obsesionado por controlar el aparato del Estado y proteger los puestos de poder, que en abrir el debate por las transformaciones necesarias en el país.

Por medio de anécdotas y valoraciones, esta connotada luchadora social amplía en esta entrevista el presente de la izquierda social y el feminismo en el país; además de plasmar sus aspiraciones  para el porvenir, traducidas en una alianza amplia integrada por todas las fuerzas sociales, en la cual el FMLN pueda estar incluido.

¿Considera que el movimiento feminista se encuentra en una situación de plena autonomía frente a la izquierda partidaria?

Desde el movimiento feminista, lo que hemos tratado deliberadamente de hacer es construir nuestra autonomía frente a la izquierda partidaria; entendido esto como capacidad de definir agenda propia, prioridades en dicha agenda y tomar las decisiones para impulsar esa agenda, con recursos financieros propios. Esto no significa que nos planteemos un aislamiento.

Yo diría que este proceso comenzó a principios de los 90, cuando explícitamente, algunas organizaciones planteamos la necesidad de construir esa autonomía. Al principio, el FMLN no entendía este procedimiento, porque no concebía otra forma de relacionarse con las organizaciones sociales; poco a poco el planteamiento se fue extendiendo y yo diría que en los últimos años, tampoco al FMLN le ha interesado una relación orgánica o de dependencia absoluta sobre las organizaciones de mujeres, aunque a veces hay intentos de controlar y definir rumbos.

¿Cómo ha sido el proceso para construir esa autonomía que define y cuánto tiempo se ha tomado?

Yo diría que es una condición que se construye a lo largo del tiempo y que implica reacomodos por cada coyuntura determinada y replanteamientos sobre lo que significa tener una postura autónoma.

Le voy a poner un ejemplo: Frente a las elecciones presidenciales de 2009 hubo tres posturas en el seno del movimiento feminista. Por una parte, un segmento pensó que aquella era una oportunidad de cambio y que había que “encamisetarse”, sino a nombre del FMLN, al menos de Mauricio Funes.

Otra parte del movimiento dijo que daba lo mismo, que los machistas de izquierda que los de derecha y que la realidad no iba a cambiar nada llegara el gobierno que llegara, así que dijeron que haría lo mismo, independientemente del resultado o la coyuntura electoral.

Otro sector, que es con el que me identifico yo, dijimos que eran necesarios los cambios políticos y que no podíamos permitir el continuismo de ARENA, pero que no hemos sido convocadas por el FMLN en reconocimiento de ser otras actoras, ni queríamos hacer campañas partidarias, por lo que propusimos hacer un esfuerzo crítico para aportar al cambio del país; entonces decidimos hacer un trabajo de información hacia las mujeres votantes de diversos municipios del país, concientizándolas sobre los resultados de las políticas de ARENA y animándolas sobre las posibilidades de que las cosas pudieran cambiar con un nuevo gobierno. Esta colaboración no fue fácil de desarrollar porque alguna gente nos vetó inmediatamente, diciéndonos que estábamos llamando al voto por una determinada opción partidaria.

Ese fue un debate sobre autonomía, ya que las tres posiciones dentro del movimiento tuvieron un marco de autonomía, pero la posición que habló de “encamisetarse”, de alguna forma tuvo que plegarse a la forma y las condiciones partidarias.

¿Qué tan difícil es lidiar con un movimiento en el que no hay una uniformidad de criterios?

Como movimiento social, eso implica reconocer la diversidad de posiciones y que todos los movimientos no tienen la misma postura. Por ejemplo: para la Cumbre Iberoamericana de 2008 en San Salvador, el gobierno de Nicaragua estaba persiguiendo a organizaciones feministas por criticar al presidente Daniel Ortega, por la denuncia de que violó a su hija. Hasta hoy sigue habiendo cierto tipo de agresión.

Le quiero reconocer que el movimiento feminista es un movimiento global y a nivel latinoamericano funcionamos como movimiento; entonces, lanzamos una consigna de condena a Daniel Ortega por la persecución en contra de las compañeras, a tal punto que la ministra de la Mujer en Paraguay  se unió al movimiento y comenzó a rechazar la visita de Ortega a Paraguay, finalmente no se produjo la visita

Cuando vino la cumbre en El Salvador nosotras dijimos  que no nos podíamos quedar atrás; ahí hubo mucho debate y mucha presión de sectores del FMLN para que no dijéramos nada. El razonamiento del FMLN fue que si se criticaba a Ortega, era una crítica la Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), lo cual implicaría una crítica directa contra el FMLN y estar favoreciendo a la derecha en una coyuntura electoral, pero dijimos que lo sentíamos mucho y que nuestra crítica iba orientada a la persecución que él estaba ejerciendo, además de estar comprometidas en solidaridad con las feministas nicaragüenses.

En aquel entonces, hasta la embajadora de Nicaragua en El Salvador hizo presión a las organizaciones feministas, por lo que nos pusimos de acuerdo en los mínimos y hubo sectores que decidimos mantener la crítica y la presión. Con los pocos realitos que teníamos y nuestros contactos, logramos colocar un banner gigante por la carretera al puerto de La Libertad, el cual decía: “Condenamos la persecución contra las organizaciones feministas, por el gobierno de Nicaragua”. Todas las organizaciones que vinieron a la cumbre vieron esa pancarta y al día siguiente de inaugurada la cumbre, Daniel Ortega aterrizó en el aeropuerto de Ilopango.

¿Qué aprendieron como movimiento feminista de esta coyuntura?

Eso nos deja que tenemos que estar abiertas al debate en cada coyuntura específica y construir los consensos que nos hacen parte del movimiento. Hubo algunas cosas que no las hicimos en total consenso, porque había sectores concretos del movimiento que tenían miedo de desafiar la autoridad política de los miembros del FMLN, pero nosotras dijimos que no tenían derecho de hacer esta presión.

¿Se ha  evaluado a profundidad, como movimiento feminista, el impacto de las políticas neoliberales que se implementaron con mayor fuerza, después de los Acuerdos de Paz?

Se han hecho estudios sobre el modelo económico, con distintas aproximaciones, pero bastante coincidencia en que la opresión y la explotación de las mujeres como género se exacerban en el capitalismo neoliberal. Asimismo, la disminución de la protección estatal con dicho modelo, no nos conviene a las mujeres y esto es creciente.

Lamentablemente sentimos que se ha cambiado poco en este gobierno de izquierda.

En el 2009, cuando se decide apoyar la candidatura de Mauricio Funes, desde el sector que usted representaba ¿Se estaba conscientemente de acuerdo con el programa que se estaba presentando al electorado y se amoldaba a sus expectativas?

Hubo elementos que nos parecieron interesantes y otros que no. Un aspecto que avalamos era el de fortalecer la institucionalidad del Estado para la implementación de políticas públicas para la equidad de género; eso fue un compromiso presidencial con el que nosotras coincidíamos y fue el marco general más importante que se planteaba en el programa de gobierno.

Hubo otras cosas que hizo Mauricio Funes como candidato presidencial, con las que no estuvimos de acuerdo, pero que se entendía las concesiones y compromisos con algunos sectores de poder. Aun cuando había coincidencia con la oferta programática, no quiere decir que hemos visto el cumplimiento de la misma; si bien se ha creado cierta institucionalidad, hemos visto la precarización de la institucionalidad para la equidad de género en el país.

¿En qué momento empieza dicha precarización?

Ha sido un proceso y hay que reconocer que fuimos un poco ingenuas. Al mes de asumido el actual gobierno hicimos una marcha hacia Casa Presidencial, por motivo del asesinato de una compañera del movimiento que todavía sigue impune.

Nosotras creemos que podíamos tener otra respuesta institucional y en aquel momento, aparte de llevar la protesta de la impunidad, traíamos propuestas de políticas públicas. En esa coyuntura, hubo compañeras con más seguridad que íbamos a ser bien recibidas  y otras que nos manteníamos con la duda.

En aquel momento hubo un estupor ante la actitud de ponernos los antimotines, al igual que habían hecho los demás gobiernos, pero la variante fue que casi al final de la marcha salieron el entonces ministro de Justicia y Seguridad, Manuel Melgar, junto a Hato Hasbún, para preguntar qué pasaba.

Para entonces, muchas mujeres estaban muy enojadas,  que incluso las mujeres de Suchitoto que conocían a Melgar, porque él proviene de allí, empezaron a gritar por el micrófono: “¡No más gallinas indias para Manuel Melgar!”

(Risas)

Entonces les dijimos: “Oigan, lo menos que queríamos era que nos recibieran y que dejaran de poner estos antimotines”. Ellos entonces comenzaron a pedir disculpas, a lo que dijimos que no se disculparan si no iban a quitar a los antimotines. Ellos recibieron nuestra propuesta y hasta hoy no hemos recibido respuesta.

No es que diga que este gobierno sea igual a los de ARENA, reconozco que es un gobierno de izquierda, pero que no es un gobierno monolítico. Con la experiencia anterior, la siguiente marcha la organizamos al Ministerio de Justicia y Seguridad, porque dijimos que había que lograr audiencia con el ministro y esperábamos escuchar respuestas y compromisos de su parte, los cuales logramos.

No nos hemos reunido con el ministro actual, pero seguimos manteniendo coordinación con la Policía Nacional Civil (PNC); así también hemos encontrado receptividad con el Ministerio de Salud, porque una de nuestras presiones era por el tema del hospital de Maternidad y la ministra actual, María Isabel Rodríguez, se comprometió con nosotros a que dicho hospital sería uno de sus temas prioritarios e incluso nos invitó en una ocasión a atestiguar el estado de las obras en el sitio donde se construye.

Hay otros sectores del gobierno con el que se han coordinado acciones, sin que sea generalizado y también hay que decir que no ha sido fácil relacionarse con el gobierno, por lo mismo de las distintas posiciones al interior del movimiento, ya que se ha dudado sobre si se debe incrementar la  presión y si esto lo haría quedar mal. Nosotras hemos dicho que un gobierno se fortalece con la demanda y la propuesta ciudadana, aunque no siempre se obtiene respuesta y considero que no siempre, como movimiento feminista, se ha estado a la altura de lo que requiere cada situación.

¿Cómo evalúa la relación del gobierno con otros movimientos sociales, como las organizaciones ambientalistas y de defensa de derechos humanos?

No se intenta decir que a nivel de la Presidencia y de ministerios ha habido una gran apertura, sino espacios concretos en ciertos ámbitos gubernamentales. Pero yo no percibo departe del gobierno una política destinada a la retroalimentación y apertura a la crítica, pero actores concretos  han mostrado esa apertura, a veces porque provienen del mismo movimiento social o porque tienen compromiso y sensibilidad con determinada problemática.

En una ocasión nos logramos meter a una de las conferencias de prensa que ofrece el presidente y cuando salieron los periodistas, cerraron todo y no nos dieron el uso de la palabra; yo le fui a preguntar al Secretario de Comunicaciones de la Presidencia y me dijo que ya los turnos estaban cerrados, lo cual era mentira.

Es decir que tampoco se abren a un diálogo total con la ciudadanía y yo creo que los equilibrios precarios que tiene este gobierno con algunos sectores, hace que tenga poca apertura para determinadas demandas.

¿Qué otras demandas del movimiento feminista, siente que no han sido subsanadas por este gobierno?

Por ejemplo, en el ámbito de los derechos sexuales y reproductivos es claro que este gobierno no está cumpliendo con los compromisos que ha asumido, ya que en 1994, durante la presidencia de Armando Calderón Sol, El Salvador puso corchetes al Plan de Acción de El Cairo sobre políticas de población; este gobierno a través de cancillería, tuvo un gesto bueno al eliminar dichos corchetes, que son como excepciones de cumplimiento, pero eso implica cumplimiento departe del gobierno y yo no he percibido que se esté haciendo.

Si bien se han creado instancias a través del Ministerio de Salud, como la dirección de atención a políticas de salud de las mujeres, pero todavía siguen en los mínimos. Si llega una muchachita violada a un hospital público y aunque la norma de salud establece la aplicación de anticonceptivos de emergencia y los retrovirales por oficio, no se las dan.

¿Se da el mismo caso con el FMLN de una parcial apertura al debate y a admitir propuestas que llevan como sector?

Al FMLN le hace falta reconocer que no es la única fuerza de izquierda en el país, porque al hablar de izquierda social se niega el carácter político de esas propuestas de izquierda. Yo creo que siguen teniendo la visión de que representan a toda la sociedad, cuando representan a su militancia, aun con todos estos procesos de que sacan y ponen a gente de sus listados.

Esta es una primera dificultad que tienen, porque no es cierto que interpretan las propuestas de todos los movimientos sociales y políticos de izquierda; esa dificultad creo que se traduce en un obstáculo para la construcción de alianzas, porque como ahora están muy concentrados en controlar el aparato de Estado, no están poniendo atención a las propuestas de transformación social que se puede impulsar desde esos puestos políticos que aspiran a controlar.

Ahora, la preocupación es quién controla la silla en determinado puesto y no que transformaciones voy a impulsar desde ese sitio, entonces su alianzas más fáciles terminan siendo con sectores de derecha, más que con sectores sociales de izquierda. Además de esto yo veo que imponen candidaturas, no consultan con la gente o no consultan lo suficiente, en última instancia consultan con sus afiliados y no con las poblaciones donde pretenden gobernar y como la obsesión es mantener la silla, el juego ya no es de gobernabilidad para transformar, sino de gobernabilidad para mantener la clase política.

Fuera del ejercicio electoral ¿Alguna vez tuvo el FMLN la capacidad de abanderar las reivindicaciones del movimiento feminista?

Esto hay que verlo también en términos históricos. Cuando el FMLN se forma como partido político, el movimiento feminista ya tenía una lectura crítica y vemos la falta de preocupación del FMLN de incluir algunos aspectos que tuvieron que ver con los derechos de las mujeres.

Para su primer plan de gobierno en la candidatura de Rubén Zamora, habían bastantes vacíos, pero respondieron firmando compromisos con el movimiento de mujeres. Luego ha habido períodos en que, al menos a nivel concreto se han establecido compromisos con algunas diputadas,  como la Ley especial integral para una vida de no violencia y la Ley de igualdad; esta Ley en particular se aprobó sin aspectos importantes como el accesos a participación política de las mujeres y ahí el FMLN hace concesiones a la derecha.

Yo diría que el FMLN no se la ha jugado como partido político en prioridad sobre demandas feministas. Hay mujeres en el FMLN que han logrado mover la agenda e intentar involucrar a su fracción, pero jugársela como partido político, no.

Por ejemplo, cuando fue la ratificación de la reforma constitucional para reconocer a la persona humana desde el momento de su concepción, el FMLN nos falló a las mujeres por no saber que implicaba esa reforma constitucional y por sus divisiones internas e incoherencias políticas, una buena parte de sus diputados votaron por esa reforma. Este fue uno de los pocos casos en el que la fracción del FMLN no vota como fracción ¿Por qué  cuando se trata de pelear por quien va a estar en equis puesto de la Junta Directiva, si votan como fracción?

Algunos diputados nos han reconocido que esa votación de 1997 fue un error, pero no se han atrevido a enmendarlo por no pagar el costo político de decir “nos equivocamos”, pero sobre todo por el temor que le tienen a la presión de ciertos grupos fundamentalistas que tienen poder mediático y eclesiástico.

¿Cuál sería el punto ideal que el movimiento feminista pretendería alcanzar en sus relaciones con el FMLN?

En la medida que podamos llegar a una negociación sobre intereses y coincidencias más amplias, se construyen alianzas más sólidas. Yo estoy convencida además que no todos los cambios sociales se impulsan desde los partidos políticos y la institucionalidad del Estado, hay cambios que los impulsamos desde otros ámbitos.

En ese sentido, la agenda del movimiento feminista es más amplia de la que puede tener un determinado partido político, pero con respecto a la administración del Estado, el FMLN conoce los pisos y los techos que da el aparato gubernamental, ya saben lo que se puede y no se puede hacer y sería interesante plantear un proceso de alianza, con la calidad de que la alianza no implica subordinación, sino el reconocimiento de diferencias y similitudes con determinado actor.

Asimismo se podría pensar en todo lo que se podría hacer con los gobiernos municipales que el FMLN gobierna, si estuvieran por transformaciones más duraderas y menos coyunturalitas.

¿Cómo ve esto que desde el FMLN se empiece a ventilar nombres de posibles fórmulas electorales y considera nocivo que se haga esto, antes de plantear un programa de gobierno?

Yo creo que lo más importante es, justamente a partir de la experiencia de estar en el gobierno,  que se siga dando la apertura para la construcción de una alianza amplia política y social en torno a un programa, que poner a la gente a que se pelee por a o b candidato.

También con la maduración que hemos tenido en el movimiento feminista, no estamos tan dispuestas a prestarnos al juego de apoyar al candidato sin antes abrir un debate sobre el programa y las transformaciones que son y no son posibles de concretar desde el gobierno.

El incluir a Victoria Marina de Avilés en una eventual fórmula presidencial que comande Salvador Sánchez Cerén ¿No podría considerarse como un anzuelo para el movimiento feminista y otros movimientos sociales?

Como movimiento feminista, en el año 1998, hicimos un esfuerzo por apoyar la precandidatura de la Dra. De Avilés, pero después  de esa experiencia hicimos evaluaciones, porque el movimiento había quedado fracturado internamente. Ella había firmado un acuerdo con nosotras y le echamos un montón de apoyo, a tal punto que para la convención del FMLN en la que se definió la candidatura, aun cuando sabíamos que no iba a ganar nosotras nos quedamos afuera para apoyarla, porque dijimos que cuando las mujeres aspiran a una magistratura tan alta y caen, muchas veces no tienen colchón y decidimos ser ese colchón que la iba a celebrar, aun cuando iba a perder.

Después de eso hicimos evaluaciones y vimos que en nuestra apuesta no contamos con las triquiñuelas partidarias y las grandes divisiones al interior del FMLN. En ese momento la lección fue cara y no puedo decirle en este momento que la piensen utilizar como gancho para el movimiento feminista, a mi no me lo han planteado pero creo que como movimiento estamos en otro momento y tenemos la necesidad de hablar primero de contenidos y compromisos concretos con los cambios que necesitamos y no a partir de acuerdos como personas.

¿Ve viable que el FMLN pueda invitar a diversos movimientos sociales y actores políticos de izquierda a construir un programa social amplio de cara al 2014, o cree que le ganaría el orgullo de decir que son la principal representación de izquierda en el país?

Yo aspiro a que si el FMLN quiere ganar las elecciones, empiece a trabajar desde ya a visitar y escuchar gentes de otros movimientos sociales. Yo creo que se puede construir y el país necesita una propuesta más esperanzadora, que no sea “el cambio sigue”.

Creo que desde los gobiernos se pueden hacer cosas distintas y lo estamos haciendo en Uruguay, Bolivia y Brasil, pero también se debe escuchar a la gente. Yo conozco la apertura que tiene el gobierno de Brasil para reunirse con personeras del movimiento feminista, por estar en todo esto de las pláticas de la Cooperación Sur-Sur y el sistema de extracción que se está empezando a incentivar a través de este modelo. La presidenta Dilma Rousseff se sienta a discutir estos puntos de economía con las señoras y les dice que sus propuestas no las puede llevar ningún gobierno latinoamericano, pero que hay otros aspectos que sí.

Si una presidenta que viene del Partido de los Trabajadores de Brasil, tiene esta apertura, entonces ¿Por qué los funcionarios de este país tan chiquito y de un partido de izquierda como el FMLN, no pueden tener la misma apertura para hablar con los representantes de los movimientos sociales?  El FMLN tendría que aprender de las izquierdas de algunos países de Sudamérica y empezar desde ya en estos dos años que faltan del gobierno, pero si se quedan en pleito de puestos, pues su debate y alianzas son con GANA y CN, no con el movimiento social.

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