Proyecto interamericano para la salvaguardia del pueblo y la cultura garífuna de la América Central

Categoría: Poderes Creadores |

la lengua y la cultura garifuna es indígena y afrodescendiente

Esteban Emilio Mosonyi

05 de agosto de 2011 

El año 2006 “La lengua, la danza y la música de los garífuna” entró a formar parte del Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad reconocido por la UNESCO, en primer lugar gracias a los grandes e indiscutibles valores intrínsecos de estas manifestaciones, mas igualmente por el esfuerzo conjunto de los países que alojan este pueblo de singulares características: Belice, Guatemala, Honduras y Nicaragua. Ello expresa un alto grado de interés unido a la voluntad política de los Estados postulantes, lo que además queda sobreentendido en la decisión aprobatoria del organismo internacional y la serie de documentos muy comprometedores que la avalan. Por tal razón, debemos más que presumir que dichas naciones centroamericanas profesan hacia el pueblo garífuna una valoración y una estima de magnitud considerable; lo cual implica la necesidad de perpetuar sus creaciones a través de las generaciones venideras desenvolviendo sus potencialidades intrínsecas todavía inexploradas. Sería mezquino negar del todo que la nombrada decisión ha ejercido una influencia positiva tanto en las respectivas políticas nacionales como –aun en mayor grado– en la autoestima y desempeño organizativo del propio colectivo garífuna como tal. De hecho, sin esto último la UNESCO no habría aprobado la propuesta de los países mencionados.

 

Con todo, las cosas no han sido fáciles ni siempre esperanzadoras desde aquel entonces. Tanto el idioma como los demás exponentes de la herencia garífuna continúan corriendo el peligro –tal vez no de extinguirse en un futuro próximo– pero sí de irse diluyendo, perdiendo efectivos especialmente en las nuevas generaciones. Se perciben fuertes tendencias migratorias hacia las ciudades, en parte debidas a la inseguridad que dicho pueblo siente en cuanto a la posesión colectiva de sus tierras, y a la falta de estímulos económicos que le sirvan de una poderosa base de sustentación. Hace ya mucho tiempo los garífuna nicaragüenses no hablan su lengua. En Guatemala habita una sola comunidad garífuna. En Belice existen comunidades garífuna-hablantes y en Honduras –de los más de cien mil portadores del gentilicio– la mayoría conserva su idioma. Ya para el momento de la decisión de la UNESCO estaba claro que gran parte de la cultura tradicional se concentraba en los ancianos y ancianas, con una transmisión más bien limitada a las nuevas generaciones; aunque es preciso reconocer que en su conjunto esta cultura afroindígena presenta cierta vitalidad. En dicha ocasión los Estados proponentes se comprometieron a rigurosas medidas de salvaguardia que sólo en pequeña escala han sido cumplidas. Sin embargo, nuestro deseo no es criticar unilateralmente a los Estados: es una realidad innegable que los estamentos políticos sin una buena apoyatura profesional y académica –carencia agravada por la participación siempre insuficiente de las comunidades involucradas– no pueden ir más allá de cierta normativa y decretos que por sí solos poco modifican un status quo históricamente heredado. Y frente a ese escenario terminan por contentarse con algunas iniciativas estereotipadas y uno que otro programa piloto. Pero antes de concluir este breve diagnóstico y plantear nuestras propias recomendaciones que habrán de desembocar en un proyecto concreto, dediquemos unos párrafos a la trascendencia de esa síntesis histórico-cultural que es la realidad garífuna.

Ante la obligación de ser breves, optamos por partir del idioma garífuna, cuyo origen, crecimiento y uso actual son de mucha ayuda para comprender la presente situación de este pueblo inicialmente antillano y luego centroamericano. Dicha lengua de origen arawak –con complejas categorías arcaizantes dentro de su estructura– recibió un fuerte impacto karibe antes de la Conquista; por ello contiene un número significativo de vocablos y algunas formas gramaticales que divergen según sean utilizados por hombres o por mujeres. Se sabe que, de acuerdo con las fuentes históricas, se trata de una población arawak conquistada por guerreros karibe, quienes al asumir la lengua de los vencidos mantuvieron y perpetuaron una parte de su acervo lingüístico originario. Ese hecho dio pábulo a una lengua arawak muy especial que, a su vez, con el correr de los siglos recibió una marcada influencia proveniente de conquistadores de habla francesa, inglesa y luego española. Pero mucho antes del influjo europeo se produjo la presencia multitudinaria de un contingente afrodescendiente que, tanto genética como fenotípicamente,  vino a predominar sobre la población amerindia original con la cual se había mestizado. En realidad, el garífuna presenta pocas palabras africanas, por ejemplo mutu (gente) de obvio origen bantú. Tal vez sea válida la hipótesis de alguna influencia suprasegmental –acentuación y entonación– aun cuando a nosotros nos parece más probable que el consonantismo donde predominan las oclusivas sonoras b, d, g, tenga algo que ver con ciertas lenguas africanas voltaicas, próximas al Golfo de Guinea: digenebá (apúrese), básigidi (cesto, canasta), awadigimarida (trabajar), etc. En cambio, hay muchas palabras de origen francés, inglés y español, la mayoría bien adaptadas a la fonología del garífuna. El vocabulario es riquísimo, posee multitud de sinónimos, y se destaca su tendencia de incorporar neologismos procedentes de la contemporaneidad intercultural en número muy elevado. Ello facilita significativamente la planificación lingüística así como la enseñanza universitaria en esta lengua: fáiledu (almirante), úarani (igualdad, equidad), asaunuhaní (análisis, interpretación), adundehaní (guía de estudios, ejercicios), luban fureindei (centro de enseñanza), seinsu héfeti (dinero en efectivo), simisi migife tarüna (camisa manga corta), manáwanlu (buque de guerra). A pesar de estar dadas las condiciones para una buena educación intercultural bilingüe, sólo en contados planteles se ha venido superando la tendencia a la castellanización o anglicización compulsiva.

Tal como se habrá observado, este corte transversal instantáneo que hemos hecho de la lengua nos ayuda a resumir la historia del pueblo garífuna, sus mestizajes, incluso las características diferenciales de cada componente que ha venido ingresando en su actual y ya consolidada composición etnocultural y lingüística. La historia garífuna es un libro abierto que contribuye grandemente a la interpretación del devenir societario centroamericano y caribeño. Ahora bien, si nos interesa enfocar lo sincrónico, allí está su riquísima oralidad –específicamente manifiesta en las narraciones llamadas úraga– su música y danzas, su arte culinario, su espiritualidad; además de muchas otras creaciones etnográficamente bien descritas y coherentes entre sí que permitieron, sin dificultad alguna, el ingreso de la tradición de este pueblo a la exigente y selecta lista del patrimonio humano inmaterial. Es de lamentar que lo concerniente a la revitalización de sus manifestaciones haya tenido poca aplicación práctica –un tanto por la inestabilidad política y la pobreza de los países respectivos– a tal punto que todavía nos encontramos frente a una típica cultura indoamericana y afroamericana amenazada con debilitarse y quizás desaparecer, si esta situación no se revierte a tiempo de modo categórico. Como si ese apagamiento intrínseco no fuera suficiente, igualmente cuenta el peligro siempre renovado de perder sus tierras y los recursos que todavía sostienen una tradición de autonomía cultural; junto a una extrema pobreza casi generalizada y, duele decirlo, discrepancias y antagonismos en el propio estrato dirigente de la etnia. También existe en la actualidad una serie de planes de expansión empresarial que, si lograran proliferar como no es improbable que suceda, terminarían por poner punto final al menos a una viabilidad futura de esta cultura.

Afortunadamente, el pueblo y la cultura garífuna son muy resistentes y cuentan con numerosos aliados a lo largo y ancho del Continente y a través del mundo. Los apoyan organizaciones amerindias y afrodescendientes con la misma intensidad, en vista de su mestizaje altamente creativo e innovador, capaz de armonizar ambos aportes y otros adicionales. Los amigos y amigas garífuna deben saber que no se encuentran solos: tampoco los Estados y gobiernos que modestamente y a su manera quieren apoyarlos. Hay una gran cantidad de ONG’s trabajando en el área lo que en sí no es mala señal; mas se da siempre la posibilidad de que una u otra de dichas organizaciones desentone de sus propósitos y no faltan conflictos entre ellas. En términos generales, al proponer nuestro proyecto el objetivo es sumar y multiplicar, de ninguna manera restar o eliminar lo ya existente. También respetamos al máximo la soberanía e independencia de los Estados centroamericanos, incluyendo la particular disposición de las fuerzas políticas actuantes en su seno: no queremos interferir en cuestiones que no nos conciernen, sino contribuir y coadyuvar en lo posible en beneficio del pueblo y la cultura garífuna. Del mismo modo, no se pretende violentar la autogestión de las organizaciones garífuna y de las múltiples comunidades diseminadas en los cuatro países: o aún más, ya que se confronta una importante emigración garífuna a Estados Unidos y otras partes del mundo. Algo que sí nos interesa dejar bien claro es que ni los garífuna solos, ni los gobiernos de las naciones donde reside este pueblo, podrán resolver en forma óptima –o siquiera optimizada– el dilema histórico de este gran colectivo indo-afroamericano. Hay que destacar aquí que su sola existencia y pervivencia en el tiempo debiera constituir motivo de orgullo para Centroamérica y el Mundo; empero la cruda realidad nos sitúa frente a una problemática de supervivencia, a base de recursos mermados y en riesgo de ser desviados hacia otras prioridades políticamente más evidentes.

Dicho esto, creemos llegado el momento de ir definiendo en qué forma un grupo de aliados –seguramente ni el primero ni el último– ha pensado hacer acto de presencia en medio de esta realidad, muy delicada por un lado, pero no tan desesperante ni menos aún agónica como para no pronosticar una prospectiva aceptable de iniciativas exitosas. Ya se puso de manifiesto el hecho fundante de que la etnia garífuna, como tal, ha logrado sobrevivir –casi diríamos, prosperar pese a todas las penurias y carencias– hasta bien entrado nuestro siglo XXI, mientras otras culturas amerindias y afroamericanas no han tenido ni la misma oportunidad ni el afán de perpetuarse. Tratando de sintetizar, estamos forjando un equipo de profesionales y amigos solventes, quienes en su mayoría presentan la ventaja de contar con un posible apoyo logístico y financiero de sus propias instituciones: algunos son antropólogos (as), otros educadores (as), médicos (as), ambientalistas, miembros prominentes de organizaciones indígenas y afrodescendientes, religiosos (as), respetando en todo caso la necesaria restricción cuantitativa y, más aún propiciando la excelencia cualitativa de los participantes. Esto no representa una tarea difícil puesto que, sin falsa modestia, somos personas experimentadas en estas lides y sin cuestionamientos que pesen sobre nosotros.

Hasta aquí hemos presentado un perfil de los colaboradores foráneos, vale decir, no centroamericanos. Esperamos obtener, por contrapartida, la amplia cooperación de amigos y colegas tanto pertenecientes al pueblo garífuna como otros (as) aliados (as) centroamericanos de los países ya nombrados. Serían infaltables algunas personalidades adscritas a la UNESCO, por razones tan obvias que no necesitan comentario. De pronto creemos que el lugar óptimo para realizar una reunión internacional con las características señaladas sería la Costa Atlántica de la República de Honduras, posiblemente la ciudad de San Pedro Sula o tal vez La Ceiba, algo más cercana a la subregión propiamente garífuna. Mucho nos interesaría contar con el patrocinio solidario de las Universidades centroamericanas ligadas a la presente problemática, así como con la presencia de otras instituciones oficiales y privadas de estos países, especialmente las hondureñas. Sin proponer aún nada definitivo, nuestras experiencias anteriores sugieren que este Encuentro Internacional debería durar aproximadamente una semana, a fin de abarcar con alguna profundidad un importante temario en el cual parecen destacarse los puntos siguientes:

1)    Hacer un diagnóstico actualizado –no necesariamente exhaustivo– de la situación del pueblo, cultura e idioma garífuna, en el contexto de las respectivas realidades nacionales y en conexión con otros pueblos amerindios y afrodescendientes.

2)    Dentro de dicho diagnóstico, enfatizar especialmente los problemas estructurales de mayor pertinencia para las posibles recomendaciones que pudieren surgir, partiendo siempre de nuestra obligación de resguardar para el mundo de vida garífuna su carácter de Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad.

3)    Plantear las recomendaciones iniciales con el compromiso de hacerlas suficientemente concretas y específicas para poder lograr –con el apoyo multilateral que venimos proponiendo– el financiamiento, ejecución, seguimiento, evaluación continua y –en caso de necesidad– la reorientación de cada uno de los planes sobre los cuales existiere en el grupo de trabajo un importante grado de consenso.

4)    Sin ánimos de extralimitarnos o de anticipar decisiones, consideramos de urgencia obligatoria el establecer las bases para una universidad o núcleo universitario específicamente garífuna o tal vez extensivo a otros pueblos indígenas y afrodescendientes. No sólo estamos convencidos sino que poseemos pruebas de que el trabajo institucional con los pueblos originarios puede dividirse en dos etapas: antes y después de la creación de instituciones universitarias fundamentadas en las identidades, culturas, realidades, epistemes e idiomas de dichos pueblos y al propio tiempo de carácter intercultural; ya que el aislacionismo y las tendencias excluyentes de cualquier naturaleza nunca conducen a soluciones idóneas y ni siquiera viables a futuro.

En este particular sería una mezquindad obviar el nombre y la labor realizada por el doctor Daniel Mato de la UNESCO, cuyo trabajo de largos años ha logrado afianzar una red importantísima de universidades indígenas a través de América y posiblemente más allá.

Concluiremos diciendo que una Universidad Indígena merecedora de ese nombre no se ocupa tan solo de lo estrictamente educativo sino de una planificación compartida y horizontalmente vinculada a las comunidades, que procura dar cuenta y busca soluciones idóneas a las necesidades y aspiraciones de estos pueblos y comunidades, secularmente oprimidos y excluidos.

Gáwarahali labu sunwandan, hafu agúara, araida lechun garífuna. Araudaguátiwa wâungua kai garífunaduátiñu lidan sun fulasu. Suámainwati wamuti igáburi, iríchaü, aníchigu, atuadiní, araini, hemeni, afíñeni; giñe úraganu habu samínaganu hani hágütü mutu garínagu, lidan Indura, Balisi, Nigárawa, Wadímalu.

Besafu garínagu gudéwetiña; ina ti lúragate garífuna anihán alagan habárua sun gubai agáiragu ya úbauda le ñei lubai wagánawa wagía gürigia.

Ahora y siempre, es necesario querer y mantener la cultura garífuna. Nosotros nos identificamos como amantes del universo garífuna en cualquier lugar. Nos perecen admirables su forma de ser, su dignidad, su sabiduría, su vigor, su ética, su voluntad y su fe en sí mismos; así como la oralidad y los saberes de este gran pueblo garífuna que habita en Honduras, Belice, Nicaragua y Guatemala.

La mayoría de los garífuna son gente pobre; sin embargo, poseen un legado válido para todos los países y para el mundo en que vivimos.

#DondeEstáAlcedoMora

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